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Los anales perdidos por Jose Antonio del Valle

Jose Antonio del Valle escribe la bitácora Vidas Ajenas y ha colaborado en www.Stardustcf.com y www.Bibliopolis.org. Los anales perdidos se publica el día 22 de cada mes y trata de ser una mirada a personajes e historias medio olvidadas por el tiempo.

Vida en Marte

Gilbert V. Levin
Una de las cosas más bonitas que tiene la ciencia es ponerlo todo en duda en todo momento y ser capaz de quedarse con la explicación que mejor cuadra con la realidad, con los datos a nuestro alcance en cada momento, pese a haber estado defendiendo hasta ayer justo lo contrario. Así, los dogmas científicos de nuestra niñez, o más bien lo que nuestros profesores casi nos hacían percibir como dogmas de niños, hoy pueden estar ampliamente superados, de hecho puede que ya fueran dudosos en el momento en que se formularon y luego en el que nos los explicaron. Un ejemplo de lo que digo es el de la existencia de vida en Marte. Para los que nacimos a principios de los 70, todas aquellas historias de Marte de Ray Bradbury o Edgar Rice Burroughs que nos lo mostraban con sus canales, sus civilizaciones perdidas y su ración de maravilla y aventura, nos llegaron con la apostilla que nos explicaba que la misión Viking había demostrado más allá de toda duda que no había vida en el planeta rojo.

Han tenido que pasar casi cuarenta años para que la ciencia vaya paulatinamente dando la vuelta a la tortilla. Los descubrimientos de agua en forma de hielo y de metano en la atmósfera marciana han ido poco a poco despertando dudas respecto a la posibilidad de que en Marte exista vida microscópica. El hallazgo en nuestro planeta de los llamados extremófilos, microorganismos capaces de vivir en el hielo de la Antártida o en la boca de un volcán, han hecho que nos replanteemos el rango de condiciones en el que se puede dar la vida, e incluir a Marte en él no ha sido un paso demasiado difícil de dar con lo que ahora sabemos.

Con todo, sorprende saber que hay una persona que lleva proclamando desde 1976 haber encontrado vida microscópica en Marte. Y ha sido precisamente leyendo un par de libros de Astrobiología, la nueva disciplina que desde finales de los noventa viene encargándose de la búsqueda de vida extraterrestre, donde he conocido el caso de Gilbert V. Levin.

La Viking 1 extiende su brazo robot
Levin en los años 70 era un ingeniero especializado en saneamientos: detección de microorganismos en aguas para el uso de la población, prevención de enfermedades, etc. El tipo de trabajo que le permitió desarrollar un método para la detección de vida microscópica en Marte que estuvo desarrollando desde 1959, alcanzando el premio de ser uno de los elegidos para ser utilizados en las dos sondas Viking.
Las Viking llegaron a Marte en 1976, ambas llevaban entre otras muchas cosas cuatro experimentos que trataban de demostrar la presencia o ausencia de vida en el planeta rojo:

1. GEX o intercambio de gases en el que se mezclaba una muestra de suelo marciano, recogida con el brazo robot de la sonda, con nutrientes orgánicos e inorgánicos y luego se analizaba por cromatografía de gases las proporciones de CO2, hidrógeno, metano y nitrógeno de la atmósfera de la celda. Si se encontraban cambios que indicaban la presencia de vida se calentaba la muestra hasta que no pudiera quedar nada vivo y se volvía a poner nutrientes y hacer la medición de gases.

2. LR o liberación marcada: El experimento de Levin. Similar al anterior solo que los nutrientes se añadían en una gotita de agua y estaban marcados con el elemento radiactivo C14. Si eran metabolizados por algún organismo vivo, desprenderían CO2 marcado radiactivamente que era lo que se medía. En una segunda fase se esterilizaba la muestra con calor y se repetía el experimento para ver si el CO2 podía proceder de una reacción química abiótica.

3. PR o liberación pirolítica: Se ponía la muestra en una celda con atmósfera de CO2 y CO marcados con C14, se dejaba unos días al sol y se contaba la radiactividad para ver si se habían producido sustancias orgánicas marcadas por fotosíntesis. Tenía la misma segunda fase de las dos anteriores.

4. GCMS o cromatógrafo de gases y espectrómetro de masas. Se vaporizaba la muestra y tras separar los elementos que contuviera mediante cromatografía de gases, se pasaba por un espectrómetro de masas para identificarlos.

Las dos sondas aterrizaron en zonas alejadas del planeta en el curso de pocos días y los resultados de los experimentos fueron sorprendentes. El experimento de Levin parecía mostrar que algo estaba metabolizando el C14 de la prueba. Algo que dejaba de existir al ser calentado como era de esperar si se trataba de un ser vivo. Por otra parte había algunas anomalías, las pruebas liberaban CO2 marcado, pero si se dejaban un tiempo dejaban de hacerlo, y si se les volvía a añadir el nutriente sin calentar la muestra ya no se repetía la reacción.

Tanto GEX como PR dieron resultados que podrían ser consistentes con la presencia de vida pero mucho menos espectaculares que los de la liberación marcada. La puntilla se la dio a Levin el GCMS. No solo no encontró pruebas de materia orgánica en la superficie de Marte, sino que los resultados fueron más negativos que los obtenidos en la luna. Solo se encontraron trazas de cloro que se atribuyeron a contaminación por algún producto de limpieza. Y si no había materia orgánica, no podía haber vida.

Con estos mimbres, se llegó a un acuerdo por el que la reacción en el experimento de Levin habría sido producida por una substancia altamente oxidante producida en la superficie de Marte por el constante bombardeo de radiación ultravioleta y las condiciones especiales del planeta, pero en ningún caso por nada vivo. Ese fue desde entonces el “dogma” científico salvo para Levin.

El planeta rojo
Actualmente Gilbert Levin es profesor en la Universidad de Arizona y dirige una empresa que entre otras cosas ha descubierto un nuevo azúcar útil en el tratamiento de la diabetes. Durante todos estos años se ha mantenido en sus trece. En 1986, en el décimo aniversario de la misión, dijo en su discurso para la Academia Nacional de Ciencias que era más probable que la misión Viking hubiese encontrado vida que lo contrario. En el vigésimo aniversario publicó un artículo en el que situaba todos los avances que se habían producido en el campo de la astrobiología a favor de que hubiese vida en Marte. Además intentó que su experimento fuese a bordo de la sonda británica Beagle 2 que desapareció en 2004. No lo logró, aunque la sonda llevaba sus propios experimentos para buscar vida, siendo la primera que lo hacía desde el fiasco de las Viking. Levin lo había intentado también en 1996 en una misión rusa que no llegó a despegar.

Y si embargo la mayoría de los acontecimientos que más han acercado a Levin a estar del lado de la verdad se han producido en la misma tierra. Durante los últimos treinta años el sistema GCMS ha sido probado en diversas partes de nuestro planeta, señalando la misma ausencia de materia orgánica que mostró en Marte. Para Levin parte de la culpa de que sus resultados no se tomaran tan en cuenta como los del GCMS las tienen sus credenciales de aquella época, un simple ingeniero sanitario frente a toda una figura del MIT como Klaus Bienmann, el creador del GCMS. En 2010, un artículo de Rafael Navarro-González, de la Universidad Autónoma de México, y Chris McKay, de la NASA, describía como el GCMS no había mostrado trazas de materia orgánica en el desierto de Atacama. Navarro-González y McKay lo atribuían a que el proceso de vaporización destruía la materia orgánica, dejando como única muestra los restos de cloro que se habían encontrado en Marte. No obstante Navarro-González y McKay tampoco afirmaban que Levin tuviera razón.

Como no todo va a ser malo, también hay quien está del lado de nuestro protagonista, en 2007 el neurobiólogo argentino Mario Crocco propuso denominar a la especie encontrada por Levin como Gillevinia Straata (de Gilvert Levin y Patricia Straat, los creadores del método LR). Evidentemente media sociedad científica mundial se le echó al cuello al momento, y no era para menos. Una cosa es creer firmemente que se haya descubierto vida en el planeta vecino y otra muy diferente ponerle nombre a algo que ni siquiera sabemos si es una sola especie o, más bien, todo un ecosistema.

Aunque parezca mentira, Gilbert Levin no es el único científico que está convencido de que existe vida en Marte. En 1996 el mismo Bill Clinton apareció en TV para afirmar que estaba comprobado que se habían encontrado restos de vida en el meteorito ALH 84001, encontrado en la Antártida, y que éste procedía con toda seguridad de Marte. Detrás del descubrimiento estaba David McKay de la NASA quien, lamentablemente, se vio poco después prácticamente olvidado tras la súbita atención atraída hacía su persona por Clinton. McKay afirma que el meteorito proviene de Marte y que en su interior ha podido encontrar microfósiles, o restos de actividad bacteriana similar a la que se encuentra en rocas de la tierra de determinada edad. McKay dice que la roca en cuestión tiene unos 4200 millones de años, o sea, que es un poco más vieja que la vida en la tierra, y nos habla de otro de los sorprendentes descubrimientos de la astrobiología, el intercambio de meteoritos entre la tierra y Marte a lo largo de la historia de ambos que, en algunos casos podrían haber transportado vida.

Por desgracia para McKay, desde 1996 se han sucedido las críticas a su trabajo y hoy en día sus resultados son bastante controvertidos. El principal problema al que se enfrenta es cómo diferenciar microfósiles marcianos de los que han podido ser producidos por contaminación una vez en la tierra. En la misma situación se encuentra Richard Hoover, también de la NASA, empeñado en la misma búsqueda que McKay aunque con un punto más de dificultad, puesto que busca en todo tipo de meteoritos caídos a la tierra, y no solo en los procedentes de Marte.

La Mars Science Laboratory (Curiosity)
En cualquier caso Levin tenía razón en 1996. Lo que hemos aprendido en los últimos años nos ha llevado a cambiar la idea que teníamos sobre la vida. Hemos pasado de considerarla algo frágil, siempre al filo de la navaja, a darnos cuenta de que, una vez iniciada, lo realmente difícil es acabar con ella. En este orden de cosas lo que resulta difícil de creer es que, si una vez hubo vida en Marte, esta se acabase completamente. Evidentemente no vamos a encontrar inteligencia, ni siquiera seres complejos como los que pueblan nuestro planeta, pero ahora sabemos que la biosfera terrestre es mucho más amplia de lo que suponíamos. Hay seres microscópico viviendo al ritmo de los glaciares en el interior de cuyo hielo llevan una vida ralentizada que solo se activa cuando el mismo se convierte en agua líquida por unas horas o incluso minutos. Hay microorganismos que “hacen su vida” en las minas de oro más profundas de Suráfrica, en las bocas de los volcanes, en lagos de azufre, incluso en la estratosfera. Ambientes que no le tienen nada que envidiar a las condiciones marcianas. Con todo ello es más fácil suponer que si alguna vez los microfósiles de Mckay y Hoover fueron bacterias vivas en Marte, hoy en día sigan existiendo restos de lo que pudo ser una exuberante población marciana cuando la vida en la tierra apenas comenzaba. Quizás, quien sabe, nuestros antepasados microscópicos llegaron a la tierra en uno de esos meteoritos hace millones de años, quizás somos todos marcianos.

Sea como sea, en breve podremos saber mucho más sobre el asunto, sondas como la Mars Science Laboratory están ya camino del planeta rojo, y en breve les seguirán muchas
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ALGUNAS FUENTES

  • Armentia, Javier. Asesinos en Marte en El escéptico digital.
  • Davies, Paul. Un silencio inquietante. Crítica, Barcelona, 2011.
  • Kaufman, Marc.First Contact. Simon & Schuster, New York, 2011.
  • Mix, Lucas John. La vida en el espacio. Crítica, Barcelona, 2010.

Jose Antonio del Valle | 22 de mayo de 2012


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