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Los anales perdidos por Jose Antonio del Valle

Jose Antonio del Valle escribe la bitácora Vidas Ajenas y ha colaborado en www.Stardustcf.com y www.Bibliopolis.org. Los anales perdidos se publica el día 22 de cada mes y trata de ser una mirada a personajes e historias medio olvidadas por el tiempo.

El regreso de la pequeña rubia

Gerda Taro
El pasado fin de semana tuve la ocasión de visitar el Museu Nacional D´Art de Catalunya en Barcelona que acoge dos exposiciones sobre la obra de Robert Capa y Gerda Taro. Hace tiempo que el considerado como mejor fotógrafo de guerra de todos los tiempos es uno de mis personajes favoritos y había leído un par de biografías suyas en las que se relataba su peculiar historia de amor con la que sin duda fue su alma gemela. Sin embargo siempre se me había presentado a Gerda Taro como un personaje de la vida de Capa, crucial eso sí, pero sin hacer demasiado énfasis en su labor como fotógrafa ni en su especial talento, disuelto al parecer por la estela del gran hombre y sobre todo por su muerte prematura. Todo ello hizo que el nuevo punto de vista que la exposición del MNAC trata de ofrecer me pareciera especialmente interesante.

Gerda Taro, nacida Gerda Pohorylle, vino al mundo en Sttutgart en 1910 en el seno de una familia de inmigrantes judíos de clase media. Tras implicarse en la lucha contra el nazismo, Gerda tuvo que huir a Francia en 1933, donde durante algún tiempo sobrevivió trabajando como secretaria. En 1934 conoció a otro exiliado, el húngaro André Friedmann, que malvivía trabajando como fotógrafo y que se enamoró de ella inmediatamente. La vida de Friedmann y Porhoylle en París daría para toda una novela picaresca en la que la cámara Leica del primero, con la que Gerda daría sus primeros pasos en fotografía, pasaba más tiempo empeñada que en uso. Acuciados por el hambre, ambos inventaron la figura de Robert Capa, un rico fotógrafo norteamericano que estaba en Francia de paso, para vender sus fotos a unas agencias poco interesadas por el trabajo de los dos inmigrantes. Y a la sombra de Capa, surgió también el personaje de Gerda Taro, nombre con resonancias al de la estrella de moda, Greta Garbo, y que Gerda tomó prestado al parecer de Taro Okamoto, un artista japonés. Con su lavado de imagen y el control que Gerda, que apenas medía más de metro cincuenta, ejercía sobre Capa, a quién éste llamaba “la jefa”, consiguió que el fotógrafo pasara de ser un viva la virgen que gastaba su dinero en cartas, vino y mujeres a un profesional de renombre en la prensa francesa. No obstante sería con la llegada de la guerra civil española cuando ambos alcanzarían fama mundial.

Miliciana, playa de Barcelona, 1936
En 1936 viajan a Barcelona y se dedican a fotografiar el ambiente de fiesta que vive la ciudad condal tras haber sido sofocada la rebelión fascista en principio. De esta época podemos ver algunas fotos de milicianas, tratadas con especial cariño con una Gerda Taro que veía en ellas probablemente el ideal de la nueva mujer europea del que se sentía orgullosa de formar parte. Poco después, en septiembre de 1936, Capa toma en Cerro Muriano (Córdoba) la foto que va a lanzar definitivamente su carrera, la controvertida Muerte de un miliciano y durante el siguiente año ambos estarán presentes en algunos de los acontecimientos más importantes de la guerra, como la batalla de Madrid, la toma de Málaga o la batalla de Brunete.

Gerda Taro tras un miliciano
Una mirada a ambas exposiciones, nos hace ver que Gerda Taro en la guerra civil probablemente había superado a su maestro como fotógrafo y a uno se le cae el alma al suelo pensando hasta dónde habría llegado profesionalmente de no ser por su prematura muerte. En las fotos de Capa destaca sobre todo la acción, la improvisación, la anarquía del momento. Encogen el corazón las fotos tomadas en plena playa de Omaha en Normandía. Uno recuerda la secuencia inicial de “Salvar al soldado Ryan” y piensa que hace falta mucho valor para desembarcar en medio de aquel infierno armado solo con una cámara. Sin embargo en las fotos de Gerda Taro, destacan la especial sensibilidad con la que retrata a los refugiados o a las víctimas de la guerra, y una preocupación por aspectos como la luz, el encuadre o la composición que le dan a sus fotografías un estilo muy personal. Las imágenes de campesinos, refugiados o milicianos tomadas por Taro nos recuerdan a los carteles propagandísticos pintados por uno y otro bando durante la contienda, y algunas de ellas son de una belleza y una perfección técnica alcanzada pocas veces por Capa,
lo que hace que uno se pregunte cómo es que solo gracias al trabajo de expertos como Richard Wheland hemos podido conocer a la verdadera autora de unas fotografías muchas veces atribuidas a Capa por razones comerciales, o directamente publicadas como anónimas.

Milicianos
Hacia julio de 1937 Gerda Taro había empezado a tomar conciencia de su propia importancia como profesional, y de la injusticia que se estaba cometiendo con su trabajo. Taro había mantenido además de sus días de lucha contra el nazismo un compromiso político mayor que el de su compañero, y su obsesión era mostrar al mundo esa otra injusticia que las democracias estaban cometiendo con la República española. Su compromiso la hizo se demasiado temeraria en más de una ocasión, pero también la convirtió en una compañera para los hombres que combatían, que la llamaban “la pequeña rubia” y que se afeitaban y se peinaban probablemente solo cuando ella aparecía con sus cámaras por el frente. Durante su última estancia en París Capa trató de convencerla para que no volviese a España, pero no fue capaz de conseguirlo quizás precisamente porque ella quería hacerse un nombre fuera de la sombra de su compañero.

Milicianas en Barcelona en 1936
Finalmente el 25 de julio de 1937, mientras tomaba fotos de la batalla de Brunete, el coche en cuyo estribo viajaba colisionó accidentalmente con un tanque republicano que la aplastó. Murió al día siguiente en el Escorial y fue enterrada en el cementerio parisino de Père-Lachaise con grandes demostraciones de dolor por parte de todos los simpatizantes de la izquierda europea.

Después de su muerte, de Gerda Taro solo quedó su imagen como militante comunista, que la hizo caer en el olvido en occidente tras la guerra mundial con la llegada de la guerra fría, y su historia de amor con Robert Capa, que se convirtió en “el mejor fotógrafo de guerra del mundo”. Con las fotografías de Capa sobre los conflictos de actualidad, que lo mantendrían en primera línea hasta que murió en Indochina en 1954, las fotos de la guerra civil prácticamente cayeron en el olvido, y cuando se empezaron a recuperar en los años 60-70 muchas veces se atribuyeron todas a Capa, pasando por alto la carrera de Taro hasta que algunos estudiosos empezaron a recuperar su memoria. Por ello la actual exposición en el MNAC de la obra cedida por el Internacional Center of Photography, abierta hasta el 27 de septiembre, es una ocasión inmejorable para disfrutar por primera vez de algunas fotos inéditas de Robert Capa y Gerda Taro recuperadas en 2007 y sobre todo de ver en su contexto la obra de la que probablemente fue la primera fotógrafa de guerra muerta en combate.
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ALGUNAS FUENTES

  • Antón, Jacinto. ¡Te has cargado a la francesa! en El País.
  • Kershaw, Alex. Sangre y Champán:La vida y época de Robert Capa. Debate. Barcelona, 2003.
  • Olmeda, Fernando. Gerda Taro, fotógrafa de guerra. Debate. Barcelona, 2007.
  • Schaber, Irme & Richard Whelan & Kristen Lubben. Gerda Taro. MNAC.Barcelona, 2009.
  • Whelan, Richard. Robert Capa. Aldeasa. Madrid, 2003.
Jose Antonio del Valle | 12 de agosto de 2009


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