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La guillotina-piano por Josep Izquierdo

La Factoría de Ultramarinos Imperiales ofrecerá a sus clientes, a través de la guillotina-piano —su dispositivo más acomodaticio—, un sinfín de discusiones vehementes sobre el arte y la cultura, y nada más. Josep Izquierdo es recargador de sentidos, contribuyente neto al imperio simbólico que define lo humano. Y si escribe, escritor.

En el tumulto

Hoy voy a escanciarles un par de copas de vino peleón, que algunos de ustedes aprecian más que algunos reservas cuya única virtud es el tiempo que has estado sin beberlos. Puede que alguno lo devuelva a la cuba después de la cata, más para certificar que sólo hubo unas bodas de Canaán que con la esperanza de una mejoría. Pero nunca se sabe: El papa Francisco cree que la iglesia católica se ha preocupado demasiado de la carne, y Esperanza Aguirre que la derecha española se ha obsesionado demasiado con el espíritu de cruzada anticatalana. ¿O era al revés? Bueno, no importa demasiado, aunque resulta paradójico que la culpa de algo de lo que nos sucede no sea mía, ahora que “ya entiendo/qué delito he cometido”. Y Gallardón también, como demuestra su reforma del código penal.


1. La serpiente polémica del verano 2013 en el mundo intelectual anglosajón ha sido un artículo de Steven Pinker en The New Republic, defendiendo las ciencias (así, en pelotón) contra las acusaciones de cientifismo (entiéndase como la pretensión de señorear todo conocimiento humano realmente existente) proferidas por polemistas de filiación académica artística (en el sentido medieval) o humanística (como lo llamamos modernamente). Las réplicas (ciertamente endebles, incluso las más significadas) se han acumulado, e incluso las contrarréplicas (más endebles aún, as usual) han llegado hasta los magazines culturales españoles. No teman, no se han perdido nada que no estemos regurgitando periódicamente desde el siglo XIX: Pinker se pasa de frenada defendiendo las ciencias (mis muy queridas ciencias, así, en pelotón también) en plan muy neo-neo-platónico (lo bueno es el ideal, y lo malo es la corrupción de ese ideal, poco menos que proponiendo para el conjunto del conocimiento humano una nueva República), y sus adversarios o se pasan o no llegan con argumentos que apenas son una pervivencia mal digerida del romanticismo, no ya como si estuvieran jugando a las siete y media, sino como si estuvieran protagonizando una astracanada de Muñoz Seca. A Pinker simplemente habría que recordarle que la propia historia de la ciencia demuestra que, como disciplina, es un producto humano sometido por ello a lo mejor y a lo peor del espíritu humano, y que si bien hay motivos para estar orgullosos, tampoco es como para ponerse farruco. Y que con lo que le costó a las ciencias deshacerse de Platón (y dicho sea de paso, de Aristóteles, con la física cuántica), resucitarlo cuando van mal dadas es poco riguroso. Poco científico, vaya.


Ah, y no crean que las humanidades se van de rositas. Si todo lo que tenemos que decir es lo que se ha polemizado con Pinker, más vale que lo dejemos estar. Eso es lo que me preocupa de las humanidades: su falta de ferocidad y de ambición a la hora de defender que, por poner un ejemplo, la ciencia ha progresado hasta demostrar que ciertos filósofos a los que ha censurado con saña, de Spinoza a Freud, a Bergson, o a Deleuze, no estaban tan equivocados. O no lo estaban en absoluto.


En el fondo de todo subyace la ya famosa polémica de Sokal y Bricmont contra el postmodernismo, o dicho de modo más freudiano, la necesidad edípica de la ciencia de matar al padre, la filosofía, y de acostarse con su madre, las artes liberales. Afortunadamente no toda la ciencia; afortunadamente no todos los científicos y las científicas, con un saludo especial para Clara Grima.


2. Mi artículo de la semana pasada tuvo dos comentarios. No me quejo, porque me parecen suficientemente significativos: entre “la tierra de las flores, de la luz y del amor” y la mierda más absoluta, entre la ensoñación y la desesperanza, el artículo queda enmarcado en un punto medio que no busqué, pero que bienvenido sea. Con todo, sólo me alejo de los sentimientos de Vicente Greus (un abrazo, colega en Libro de notas) con voluntarismo digno de mejores causas.

Josep Izquierdo | 21 de septiembre de 2013

Comentarios

  1. D.
    2013-09-21 18:27

    Mi réplica a Pinker favorita, esta: <http://fucktheory.tumblr.com/post/57633497486>.

  2. Josep Izquierdo
    2013-09-22 18:33

    También la mía ahora, gracias. Se me escapó, porque sigo la cuenta en Twitter, @fucktheory, pero no el blog, error que acabo de reparar. Es justo la ferocidad y la ambición que reclamaba en el artículo: genial el primer párrafo, y genial la denuncia de la teleología de Pinker.

    Nótese, dicho sea al paso porque se me quedó en el tintero electrónico, la actitud de nuestros magazines culturales al respecto, como JotDown, que confunden modernidad con eclecticismo del malo: una de arena, con la contrarréplica citada en el artículo, y otra de arena, con reivindiciaciones viejunas de la filosofía como la de Félix de Azúa. Eso, en mi opinión claro, es formar parte del problema.

    Un saludo.



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