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La guillotina-piano por Josep Izquierdo

La Factoría de Ultramarinos Imperiales ofrecerá a sus clientes, a través de la guillotina-piano —su dispositivo más acomodaticio—, un sinfín de discusiones vehementes sobre el arte y la cultura, y nada más. Josep Izquierdo es recargador de sentidos, contribuyente neto al imperio simbólico que define lo humano. Y si escribe, escritor.

Crisis, entropía y neo-estoicismo

Dejamos pasar los años del boom sin aprovecharlos para hacer mudanza, y ahora parece que no tengamos más remedio que hacerla pronto y mal. Hay muchos cambios pendientes, pero otra vez nos olvidamos de lo fundamental: asumir el fracaso, parar y pensar en el medio y largo plazo, decidir dónde queremos llegar y de qué modo, trazar un plan (o varios), asumir que la autonomía del ser humano poco tiene que ver con su omnipotencia. Dejar de ser dioses, y volver a ser humanos capaces de superar sus limitaciones solo en la medida en que somos capaces de regir nuestra propia vida.


Un ejemplo. Desde el renacimiento, una vez olvidado el cataclismo que supuso la peste negra para Europa allá por mediados del siglo XIV (en cierta medida, una crisis de crecimiento), hemos vivido en la creencia que el devenir económico, social y moral de la humanidad sería progresivo e ilimitado. El absolutismo, el imperialismo y el colonialismo eran, en realidad, avatares de la misma idea de crecimiento ilimitado hasta el punto de que las crisis recursivas eran percibidas como crisis de sistemas políticos y morales particulares sin conciencia de crisis global. Un ejemplo paradigmático de ello es la The History of the Decline and Fall of the Roman Empire, de Edward Gibbon: el impero romano habría caído por la pérdida de las virtudes cívicas tradicionales romanas, y no, como hoy sabemos, por una crisis de crecimiento que lo hizo insostenible desde un punto de vista económico. Demasiado grande para durar.


Llegados al siglo XX, pocos pensaron en las dos guerras mundiales como crisis sistémicas. Bueno, Marx sí, claro, avant la lettre. Pero en realidad la caracterización que hizo el idealista alemán del capitalismo como un sistema fundamentado en las crisis recursivas no se planteó como horizonte el abandono de la idea de progreso ilimitado, sino muy al contrario, implementó otra teoria que pretendía construir sociedades capaces de sustentar un crecimiento ilimitado que conllevaría, llegados a un punto de no retorno, el logro de una sociedad perfecta en lo económico y lo social: claro y raso, el paraíso.


El neoliberalismo que fue desarrollándose durante la segunda mitad del siglo XX y acabó triunfando con la caída del llamado socialismo real, fue una enmienda tras las críticas marxistas con el objetivo de obviar las crisis recursivas y dotar al sistema capitalista de la misma confianza que el socialismo tenía en el progreso ilimitado. Francis Fukuyama, y su obra The End of History and the Last Man, un título abiertamente entroncado con las esperanzas apocalípticas de la humanidad, es, en cierta medida, la explicitación del supuesto triunfo neoliberal: habíamos llegado al paraíso. Un paraíso menor, si se quiere, sin oropeles ni metafísicas, pero paraíso al fin y al cabo, en donde cada uno recibía lo merecido, y todos lo suficiente como para llevar una buena vida: mi casa, mi coche, mis vacaciones, mi tele, mi cerveza…


Y ahora nos encontramos con nuestro triste destino: mortales, caducos, "afeminados", que diría Gibbon, somos incapaces de repensar nuestro destino sobre bases nuevas. Asumir nuestra mortalidad debería ser la primera. La Física nos ayudará a entenderlo: la entropía generada por el crecimiento ilimitado de nuestro consumo de energía acabará en desorden, caos y extinción lo queramos o no. El crecimiento continuado en el uso de la energía se torna imposible en períodos de tiempo que la mente humana puede abarcar (gracias a mi amigo Pepe Satoca que explica esto mucho mejor que yo y a quien le debo el link).


Desorden, caos, muerte. Puede que las peores guerras de exterminio (de reequilibrio del sistema) estén aún por venir, convencidos que solo un catastrófico nuevo principio puede resituar en nuestro horizonte de expectativas la idea del crecimiento ilimitado. O puede que seamos capaces de crear un neo-estoicismo basado en un nuevo equilibrio con la naturaleza, y una nueva moral basada en el control de nuestras compulsiones (las pasiones de los antiguos) y la redefinición y el cultivo de otras virtudes públicas y privadas.


It’s up to you.

Josep Izquierdo | 19 de mayo de 2012

Comentarios

  1. @funambul
    2012-07-09 05:13

    No había descubierto este bitácora cuando escribí mi entrada sobre la entropía y el dogma del crecimiento ilimitado (Del mecanicismo a la religión económica). Por cierto creo que el decreciiento está más en línea con un neo-epicureismo que con un neo-estoicismo.



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