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La guillotina-piano por Josep Izquierdo

La Factoría de Ultramarinos Imperiales ofrecerá a sus clientes, a través de la guillotina-piano —su dispositivo más acomodaticio—, un sinfín de discusiones vehementes sobre el arte y la cultura, y nada más. Josep Izquierdo es recargador de sentidos, contribuyente neto al imperio simbólico que define lo humano. Y si escribe, escritor.

Sinde y Hollywood

Pues nada, que habrá que decir algo sobre Sinde y su ley. Les juro que me había propuesto no decir nada. Ni mu. Pero todo tiene su límite, y Sinde todavía no gozaba del privilegio de sus antecesoras: un artículo crítico en esta columna. Puede que hace tiempo que lo mereciera, pero también lo es que hasta ahora había adoptado un perfil bajo muy acorde con su ministerio. Dejaré de lado las obviedades, pero antes déjenme que haga una lista de ellas: que el ministerio de cultura no debería existir; que, de hacerlo, debería llamarse ministerio de la industria cultural; que la industria cultural subvencionada, de la que proviene la ministra, es un resabio autárquico en un mundo de intensísimas transacciones culturales globales; que ahí fuera hace mucho frío y hay quien siempre preferirá el calor del brasero bajo las faldas de su mesa camilla antes que salir al mundo a que le den un par de hostias por decir o hacer algo relevante.

Pero más que lanzar otra diatriba contra la ley, pues mucha gente y muy competente ya lo ha hecho, y alguno se ha visto condenado al averno por hacerlo, quiero hacer un par de comentarios sobre la única intervención pública sustancial de la ministra en este affaire: su artículo en El País.

Asumamos que dicho artículo es la ratio de la ley, al tiempo que un ejemplo significativo de la razón que quienes la asumen creen que les asiste, y comentémosla como tal. En primer lugar, cita la cédula mediante la cual se permite a Cervantes la publicación de su obra, sin percatarse de que la ignominiosa ocultación de que dicho privilegio tenía una duración de diez años (compárese con la pervivencia actual de los derechos de autor durante 70) desbarataba buena parte de la argumentación que le sigue. Del resto se encarga el hecho de que dicha cédula tiene una funcionalidad fiscal y censora: establecer las condiciones en que se fijará el precio del libro, y velar por su adecuación ideológica, esencial para los intereses contrareformistas de la corona española. Sinde concluye el segundo párrafo con una sutil falacia que aprovecha, quién lo iba a decir, la desmemoria o la incultura del lector: “Con cada cambio tecnológico (…), los derechos de los hombres y mujeres sobre sus creaciones han atravesado una enorme sacudida.” Entendamos que la ministra se refiere a cambios tecnológicos culturales. ¿Cuántos cambios tecnológicos ha habido desde la edad media? Dos, vinculados al modo de producción y distribución del libro: la imprenta e internet. Cierto que la aparición de la imprenta contribuyó (con el paso del tiempo, eso sí) a la aparición del concepto de “derechos de los hombres y mujeres sobre sus creaciones”, y que eso supuso una “enorme sacudida”: los autores medievales no cobran, los de la edad moderna sí. Y ya está. No ha habido ningún otro cambio tecnológico que haya afectado al concepto de “derechos de autor”.

Me parece significativa la curiosa interpretación que hace la ministra en el tercer párrafo, según la cual la pirateria empujó a Cervantes a escribir la segunda parte del Quijote, porque en primer lugar, más parece que fue la caducidad de la cédula (es decir, de los derechos de autor) sobre el primer libro lo que empujó a Cervantes a la redacción del segundo. Y que el “remake” de Avellaneda posiblemente contribuyó a mantener la actualidad del libro. Y podríamos extraer otra conclusión: la corta duración de los privilegios de impresión (de los derechos de autor, tal y como interpreta la ministra) son un acicate para la creación.


Y a continuación la ministra se explaya durante cinco párrafos en una interpretación de nuestra sociedad actual y los efectos de la red sobre ella que me ha dejado sobrecogido. Sobre todo porque, si es lo que cree sinceramente, debo coincidir con Amador Fernández-Savater en que detrás de todo esto hay miedo, mucho miedo y del malo, del que te paraliza. Sigue denunciando un falso antagonismo entre “gente de la cultura” e “internautas”. Y tan falso: se lo ha inventado ella para poder llegar al lugar que le interesa, que no es otro que denunciar que “Lo lamentable sería que los Méliès de hoy fueran erradicados de la Tierra como lo fue el gran cineasta francés cuando gigantes como Edison lo llevaron a la ruina imponiendo un modelo de negocio que llevaba anejo un modelo narrativo, estético e ideológico único.” Esto es: el enemigo es Hollywood.

Ya. Debe ser por eso por lo que los estudios de Hollywood andaban tan preocupados porque en España no se había legislado todavía contra las descargas ilegales.

Josep Izquierdo | 29 de enero de 2011


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