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La guillotina-piano por Josep Izquierdo

La Factoría de Ultramarinos Imperiales ofrecerá a sus clientes, a través de la guillotina-piano —su dispositivo más acomodaticio—, un sinfín de discusiones vehementes sobre el arte y la cultura, y nada más. Josep Izquierdo es recargador de sentidos, contribuyente neto al imperio simbólico que define lo humano. Y si escribe, escritor.

1989

No han faltado los recordatorios de la caída del Antifaschistischer Schutzwall, aunque en proporción a su trascendencia sean pocos, romos o, no los más escasos, falaces. Cierto que las televisiones no han desaprovechado la ocasión de proporcionar forraje para las masas con la rememoración de la última revolución feliz, que por poco logramos distinguir de otras formas de defensa del statu quo social del tipo “XXV años de paz”. Su reivindicación como hito de la movilización de masas democrática tiende hacia el arquetípico y perfumado formato del proceso de beatificación, y como mucho se recuerda que hubo quien se resistió ingenuamente al poder de la historia (léase Margaret Thatcher, lo que para algunos supuso una prueba de la resurrección de la bondad del progreso histórico). No me detendré en su significación socio-política, y ni siquiera en la psico-política. En todo caso destacar la ausencia de cualquier interpretación de la trascendencia cultural de la caída del Muro de Berlín.

La caída del socialismo supuso la bancarrota del último modelo que tomaba como referente la realidad. Probablemente, desde el punto de vista cultural éste sea el rasgo más significativo que confiere a 1989 su carácter liminar. Tras el hundimiento de la realpolitik sólo quedó la mediapolitik, cuyas implicaciones van mucho más allá del encumbramiento del capitalismo como sistema económico universal. Es más, la reciente crisis financiera ha sido interpretada en términos casi exclusivos de crisis recurrente, sistémica, sin que apenas haya asomado en los análisis su condición de crisis mediática, consustancial al capitalismo del siglo XX que es un sistema económico de base cultural: en donde no se negocia con cosas, sino con el deseo y sus patologías, como la codicia o la envidia. La burbuja inmobiliaria sólo era real en segundo grado, o dicho de otro modo, más real aún que su trascendencia en la economía del intercambio de bienes materiales era su trascendencia como intercambio de bienes simbólicos. Y por tanto la crisis, sus causas y sus consecuencias se entienden mejor en el marco de una economía simbólica, o una economía mediática, que en el balance de índices de crecimiento del producto interior bruto, de tasas de paro o reincidentes planteamientos de reforma del mercado laboral.

Y si la cultura del siglo XX quedó indeleblemente marcada por el descrédito de la realidad como reina y señora del siglo XIX, y la inmersión en la mente humana, ¿Qué rasgos caracterizan la cultura del siglo XXI como manifestación del triunfo de la economía mediática? Dicho de otro modo, ¿qué obras y qué formas artísticas dan mejor cuenta de nuestro nuevo sistema y sus contradicciones? No estaría mal que empezáramos a elaborar listas, aunque fuesen tentativas y provisionales, en las cuales las obras anteriores a 1989 sólo cuentan como precursores (al modo en que Melville es un precursor de la literatura del siglo XX), y en las que hay que tener en cuenta que es muy probable que las mejores obras del novecientos se hayan escrito o conocido con posterioridad a 1989, o incluso ya en el nuevo siglo cronológico. ¿Alguien tiene alguna propuesta?

Josep Izquierdo | 21 de noviembre de 2009

Comentarios

  1. Marcos
    2009-11-21 09:22

    ¿W. G. Sebald?

    Saludos

  2. Daniel Mayer
    2009-11-21 12:16

    Los discursos siempre se agotan, se funden y tiene su fin con la subjetividad humana. El hombre está detrás de un discurso. Un discurso es un medio de poder,
    que tengo artículos relacionados y de todo un poco en el universo de la subjetividad humana en mi blog “El Gato Que Ladra” http://mayer1981.blogspot.com

  3. Josep Izquierdo
    2009-11-22 18:21

    Sebald es una buena opción, porque la economía simbólica se debate entre el viejo enunciado de McLuhan según el cual el medio dice la verdad, y la percepción actual de que el medio siempre es sospechoso de manipulación. En ese sentido la (mal) llamada “literatura del yo”, a través de la emergencia del autor-narrador-personaje intenta dar cuenta de esa dualidad, en la que el autor se convierte en el medio, y a veces dice la verdad, y a veces manipula. Si no fuese por lo desprestigiada que está la expresión, yo la rebautizaría como “tercera vía” entre la verdad y la sospecha.

    En esta línea ofrezco una obra para la lista: Remainder de Tom McCarthy (traducido como Residuos): ficcionaliza un desesperado intento de control de la sospecha mediática a través del control de la Physis, como si el eterno retorno de los hechos reconstruidos por el protagonista le permitiese, al alcanzar esa especie de éxtasis mediático que persigue, distinguir entre verdad y manipulación. El lector descubre que el protagonista persigue un ideal imposible (como debe ser) porque tal distinción no existe.

    Saludos



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