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La guillotina-piano por Josep Izquierdo

La Factoría de Ultramarinos Imperiales ofrecerá a sus clientes, a través de la guillotina-piano —su dispositivo más acomodaticio—, un sinfín de discusiones vehementes sobre el arte y la cultura, y nada más. Josep Izquierdo es recargador de sentidos, contribuyente neto al imperio simbólico que define lo humano. Y si escribe, escritor.

¿Por qué la derecha es hegemónica en Europa?

Ya casi estaba dispuesto a pasar del tema, a lo sumo despachándolo con un sabiondo “Ya lo dije. Muchas veces.”, cuando me di cuenta de que estaba a punto de caer en aquello que tanto critico: abandonar el campo sin presentar batalla, o para decirlo con palabras de Canetti, “algunos acceden al grado máximo de su maldad callando”. Me di cuenta escuchando la tertulia de ¬_Hora 25_ en la SER, que reunía a Gregorio Peces-Barba, José María Ridao y Daniel Innerarity, en torno al tema ¿Qué le pasa a la izquierda en Europa?.

La tertulia fue muy ilustrativa, tanto sobre la “enfermedad” de la izquierda, como sobre el verdadero fondo de la cuestión: ¿por qué gana la derecha en Europa? Puede que sólo sea mi viejo tic positivista, pero creo más útil centrar la encuesta en las realidades mayores, que nos permitan contextualizar adecuadamente las menores. Aunque también es cierto que es un vicio muy europeo generalizar a partir de realidades minoritarias.

Como tertulianos, un político, un periodista y un filósofo, que, como digo, arrojaron luz, en algún caso involuntariamente, sobre las condiciones de posibilidad que cada una de estas profesiones tiene, en los momentos actuales, de contribuir al debate con algo más que su autoridad profesional. Gregorio Peces-Barba dejó clara y meridianamente dicha su perplejidad e incomprensión ante lo que sucede. A la pregunta de Àngels Barceló, si la izquierda atraviesa la peor crisis desde hace años, Peces-Barba contestó que era un problema de liderazgo y de errores estratégicos, y que en todo caso se trataba de un problema coyuntural porque las políticas que se están aplicando frente a la crisis (i.e. que están aplicando los gobiernos de derechas) son un desmentido a las políticas de derechas que nos han llevado hasta ella. “Es algo muy difícil de explicar”, reflexiona. Pero en lugar de ver en ello un problema estructural de la izquierda, se inclina por pensar que es incapaz de rentabilizar que “su” ideología funciona mejor: “yo lo atribuyo a una crisis de liderazgo y de funcionamiento de los partidos de izquierda. No lo veo como definitivo y estructural.” Creo que el razonamiento más productivo es justamente el contrario: si pasa eso, que la derecha gobierna con políticas de izquierda, lo que sucede es que la izquierda es irrelevante desde el punto de vista político y, en consecuencia, social. No se trata de liderazgos y coyunturas: es que la izquierda se ha quedado sin espacio propio. Es una constatación horrible, que el mismo Peces-Barba admite como posible: “Sería horrible pensar que vamos a estar gobernados por la derecha durante mucho tiempo en Europa”, y hasta cierto punto justifica que el político, aterrorizado, busque el consuelo de una Fortuna siempre mudable y susceptible de ser mudada por un héroe político: por un líder fuerte.

El periodista está de acuerdo, y razona que el abandono de las políticas de consenso entre izquierda y derecha que hicieron posible el estado de derecho y de bienestar en Europa están en la base del predominio de la derecha en los actuales tiempos de crisis, porque los partidos conservadores no han abandonado el discurso económico, aunque éste fuese cambiando desde las políticas económicas regulatorias necesarias para la construcción de un estado social (por ejemplo, la democracia cristiana en Italia y en Alemania) a políticas de desregulación absoluta y a la insistencia en que el libre funcionamiento de la economía daría lugar a la abundancia, y haría innecesario el estado social. Frente a esto, la izquierda, cuando abandona el consenso post-1945, abandona el discurso y la reflexión económica para centrarse en la desregulación de las costumbres (matrimonio homosexual, eutanasia, aborto…), y se ha quedado sin fuerza intelectual para afrontar, o incluso, liderar, el debate sobre los límites del estado del bienestar en una sociedad que ya no puede ser esquemáticamente dividida, como la de 1945, entre rentistas y asalariados. Si el político estaba perplejo, el periodista está cabreado, y el enojo es siempre un mal consejero que nubla la razón y nos hace golpear con furia a lo primero que se mueve. Y en este caso lo primero que se mueve son los ciudadanos europeos en tanto que electores, pues José María Ridao les convierte en incapaces de distinguir entre políticas para la construcción de un estado social y políticas para su destrucción. Si los electores votaron por las primeras y después votaron por las segundas, ¿no será que el electorado cambió? Es más, no dejaron de votar a la izquierda porque la izquierda saliese por peteneras metafísicas, sino que primero dejaron de votar a la izquierda y, después, desconcertada, la izquierda perdió el norte, y perdida sigue, pues descreyó en lo más íntimo de su ser de algo que, en realidad, la sostenía: que la bondad innata del hombre iba indisolublemente unida con la sabiduría y la honestidad. Lo diré otra vez con palabras de Canetti: “Es fácil convencerse de que la voluntad de los hombres tiene como objetivo cosas repugnantes y estúpidas. Más importante es reparar en qué otras cosas quieren.”

El tono en que Peces-Barba dijo la frase “es algo muy difícil de explicar”, un tono melancólico muy de izquierdas, se transforma en incomodidad para Ridao, cuando el siguiente contertulio, el filósofo Daniel Innerarity, incide sobre las diferentes culturas políticas de la derecha y la izquierda para intentar aportar algo de razón al debate: “Me incomoda el análisis esencialista de las posiciones de derecha e izquierda”, dice Ridao. ¡Bravo por Innerarity!, digo yo: por fin alguien que hace su trabajo. Incomodar debe ser el primer presupuesto de cualquier intervención pública de un filósofo —aunque, como es el caso, no esté totalmente de acuerdo con su análisis. Ridao cae aquí en un viejo vicio de la modernidad, la confusión entre esencia y cultura, o entre naturaleza y pensamiento. Daniel Innerarity es, en esto, decididamente post-moderno (entiéndaseme en un sentido temporal más que ideológico. La sustancia de su intervención se resume en la siguiente cita: “En el fondo, nos guste o no nos guste, y yo creo que esto tiene un tinte dramático, no existe hoy una explicación progresista del mundo, de lo que está pasando, es decir, una explicación desde la izquierda que los electores actuales o futuros puedan compartir y les pueda orientar a la hora de tomar decisiones.”

Y finalmente, Gregorio Peces-Barba demuestra que quien tuvo, retuvo, y con una lucidez sorprendente, que su intervención anterior no hacía presagiar, pone el tren sobre las vías: “El estado del bienestar se ha convertido en una estructura conservadora de la que ha sacado beneficio la derecha”. Otro bravo para don Gregorio. ¿Y si la clave está, precisamente, en que la nueva política de izquierdas está en el desmantelamiento del estado del bienestar y la construcción del estado social?

Josep Izquierdo | 20 de junio de 2009

Comentarios

  1. Sergio
    2009-06-23 17:16

    En cada país europeo la Izquierda se identifica con un partido (aquí el PSOE) y una grupo de intelectuales que revolotean a su alrededor.
    Cuando estos políticos e intelectuales se reúnen para preguntarse por el papel de la Izquierda, realmente se están preguntando por el futuro del partido y por tanto por el futuro de ellos mismos.

    Si no, no se comprende lo mucho que les molesta que la derecha lleve a cabo políticas de izquierda. Al contrario, deberían felicitarse, declarar victoria y retirarse a casa a celebrar el (este sí) fin de las ideologías.

    Eso sí, es de risa lo de esta gente, que critica que la derecha vaya dando bandazos pero que en su momento no dudó en subirse al carro neoliberal que según ellos mismos nos ha llevado a la crisis.



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