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La guillotina-piano por Josep Izquierdo

La Factoría de Ultramarinos Imperiales ofrecerá a sus clientes, a través de la guillotina-piano —su dispositivo más acomodaticio—, un sinfín de discusiones vehementes sobre el arte y la cultura, y nada más. Josep Izquierdo es recargador de sentidos, contribuyente neto al imperio simbólico que define lo humano. Y si escribe, escritor.

El arte como sistema bancario

Esta semana ando bastante ajetreado, así que aprovecho para traducirles un fragmento de Zorn und Zeit, de Peter Sloterdijk, que podría ilustrar cualquiera de mis artículos sobre el mundo del arte, los pasados y los futuros. En el capítulo 3 del libro, Sloterdijk desarrolla una teoría sobre la emergencia del sistema bancario no monetario que aplica, entre otros, al mundo artístico (o, mejor, al mercado del arte), y que, dado que el libro no ha sido traducido todavía al castellano, podría ser de interés para el lector. Traduzco del francés:

“También en el dominio de la creación artística, como muy tarde a partir de principios del siglo XIX (y cuyos preparativos se remontan hasta el XV), se realiza el paso de la colección en forma de tesoro a la colección en forma de capital; esta transición se manifiesta sobre todo a través de la historia dinámica del museo y de su cambio de función. La museología, ciencia en pleno florecimiento, y los curatorial studies, nos informan sobre este proceso –dos disciplinas que se han establecido, en cierto modo y respectivamente, como la economía nacional y la economía mundial del mercado del arte, aunque la práctica de los comisarios de exposición no es consciente sino raramente de sus nuevas bases teóricas. Pero de la misma forma que los empleados de banca pueden hacer un buen trabajo sin comprender la lógica general del sistema bancario, los comisarios del medio artístico y de la cultura contemporánea son capaces de hacer algo útil sin reflexionar a gran escala sobre el movimiento del capital artístico.

Debemos, sobre todo, a los estudios de Boris Groys, poder reconstituir con precisión, desde el punto de vista conceptual, el ingreso del sistema del arte en la capitalización endógena. Poner el acento sobre el carácter endógeno de los procesos subraya el hecho de que no se trata, aquí, de la interacción externa del dinero y del arte sobre los mercados artísticos, ni de lo que se ha dado en llamar el carácter de mercancía de la obra de arte, al cual le corresponde un papel clave en una crítica marxista del arte prácticamente extinta. En verdad, el sistema del arte en su conjunto se ha transformado, por su constitución interna, en un proceso análogo al capital. En este proceso, los resultados de la creación artística del pasado constituyen un gigantesco stock de capital al cual los diferentes productores actuales del arte hacen sus empréstitos con el fin de crear, basándose en ellos, obras nuevas y suficientemente diferentes. Groys ha descrito bajo el nombre de “archivo” el stock de capital formado por los objetos artísticos acumulados –esta expresión, contrariamente a lo que sucede en Foucault, no es utilizada aquí irónicamente para designar el lado muerto y polvoriento del desván, sino sus capacidades para progresar, para acumular y canalizar las elecciones. Sólo el Estado puede ser contemplado como vector del “archivo”, en su calidad de garante cultural –o más exactamente: la internacional imaginaria de los Estados (mientras que las colecciones privadas no pueden afirmar su valor relativo más que por referencia a las colecciones públicas y a sus síntesis virtuales en el “archivo”).

El archivo es la forma inteligente del museo imaginario. Mientras que Malraux, con su bien conocida definición, no fue más allá de una idea sorda de tesoro global siempre presente, Groys ha discernido en el archivo, quintaesencia del stock artístico y cultural modernizado de las civilizaciones altamente avanzadas, las funciones de un capital que se explota a sí mismo. Se da así la razón por la cual la vida artística actual no puede ser ya comprendida mas que como la cooperación de los artistas y de los managers del arte sobre la reproducción, ampliada sin parar, del archivo. De hecho, el archivo constantemente presente en segundo plano impone a la producción artística en curso la obligación de realizar sin cesar ampliaciones progresivas del concepto de arte. Los resultados de estas extensiones son evaluadas por los agentes del archivo y, si presentan un valor añadido suficiente en relación con el material ya almacenado, son integrados en la colección. Después de que este sistema haya penetrado los mercados artísticos y de la cultura, la expresión popular según la cual una cosa está “madura para el museo” significa lo contrario de lo que quería decir antes. Lo que ha logrado entrar en el museo, o de modo más general, en el archivo, es de ahora en adelante bueno para el eterno retorno de lo nuevo. Pero como cualquier stock de valor acumulado, el del archivo está, también, expuesto al riesgo de depreciación o de desvalorización. La aparición de nuevos géneros artísticos, en la estela del desarrollo de nuevos medios, desencadena crisis que el archivo, en su papel de banco efectivo del arte y de la cultura, resuelve habitualmente mediante la reevaluación de los valores.”

Peter Sloterdijk, Colère et temps, Paris: Libella-Maren Sell éditions, 2007, pàgs. 194-196.

Josep Izquierdo | 28 de febrero de 2009


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