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La guillotina-piano por Josep Izquierdo

La Factoría de Ultramarinos Imperiales ofrecerá a sus clientes, a través de la guillotina-piano —su dispositivo más acomodaticio—, un sinfín de discusiones vehementes sobre el arte y la cultura, y nada más. Josep Izquierdo es recargador de sentidos, contribuyente neto al imperio simbólico que define lo humano. Y si escribe, escritor.

Descartes es un traidor

Que Nicolas Sarkozy es un digno heredero del espíritu y las formas de la Revolución Francesa no se le escapa a ningún espectador atento. Entre las palabras y las acciones que demuestran su ansia por el afecto incondicional de su pueblo (¿no dijo Adorno que el amor es el modo apropiado de legitimación del régimen totalitario?), y por el afeitado a guillotina, destacan las que pronunció el pasado día 13, durante lo que nuestros vecinos llaman, francesamente , los “votos” del Presidente de la República al “mundo de la cultura” —algo a medio camino entre la declaración de intenciones políticas y el toque de generala. Ya estamos, dirán ustedes, y digo yo, con lo de considerar la cultura un mundo. Mi reacción es siempre tomar el primer cohete para Marte que salga, a ver si así consigo escapar del mundo, sobre todo del de la cultura, pero siempre llego al cosmódromo cuando ya ha salido el último. Cachis…

Hay dos cosas relevantes en su declaración, que recojo del blog de Pierre Assouline, que en realidad son una. La primera, el anuncio de la creación de un Museo de la Historia de Francia, para “reforzar la identidad del país”, anuncio hecho prácticamente al grito de “l’identité n’est pas une pathologie” (la identidad no es una patología), de clara raigambre levisstraussiana. Significase lo que significase para el antropólogo (en mi opinión, nada necesariamente bueno), en boca de un político sólo significa una cosa: resentimiento. Y la raíz de este resentimiento nacional, o en torno a la “identidad” ya lo puso de manifiesto Paul Valéry cuando afirmó que incluso la civilización es mortal y que el abismo de la historia nos afecta a todos. El siglo XXI nos ha encarado a todos de modo extremo con la mortalidad social y civilizatoria, a la cual hemos llamado Globalización, y como dice Sloterdijk, nos ha obligado a contestar a la pregunta de si hemos sido capaces de aprender algo sobre nosotros mismos a partir de lo que nos ha sobrevenido durante el siglo XX. Yo diría, mejor para el caso que nos ocupa, que más que obligarnos a contestar, nos ha impuesto la obligación moral de un examen de conciencia que ha provocado resentimiento contra el otro que nos obliga a cuestionarnos el ser. En ese sentido no sólo cabe contradecir a Sarkozy, sino a Levi-Strauss, y afirmar que la identidad es una patología de la moral social en la medida en que esté fundamentada en el resentimiento contra el aprendizaje.

Y aquí es donde encaja el segundo tema relevante de la alocución de Sarkozy: propone una rehabilitación de Spinoza a costa de Descartes. Al principio no entendí nada. ¿Pretendía prohibir su enseñanza, borrar su nombre de la lista de los santos, quemar sus libros, quemar a los eruditos que lo han estudiado, quemar a Descartes mismo en efigie bajo el Gran Arco de la Fraternidad, más conocido como Arc de la Défense? Pero él mismo lo aclaró: “La inteligencia humana es, por encima de todo, el producto de las emociones, y sería un error muy grave centrar las enseñanzas en las disciplinas cerebrales marginando aquellas que se fundamentan en la inteligencia de las emociones y la inteligencia del cuerpo”. Ya. Puede que parezca una mala digestión de una cena pesada de libros de autoayuda, acompañada de una bebida fermentada a base de Deleuze y Antonio Damasio, pero me temo que vaya más lejos, y que vaya en la dirección apuntada en el párrafo anterior. Si la identidad es una patología fundamentada en el resentimiento contra el aprendizaje, hay que extirpar del cuerpo social identitario toda posibilidad de cura, de ése cuerpo social que Canetti decía que en determinadas circunstancias puede actuar como un individuo que padece manía persecutoria. Y Sarkozy quiere hacer creer a los franceses que Descartes les persigue.

Josep Izquierdo | 24 de enero de 2009

Comentarios

  1. Roger
    2009-01-24 05:16

    Recuerda que cuerpo también puede ser el de la policía, el de bomberos. Esprit de corps. The Marine Corps. Los cuerpos de seguridad del Estado. Los Mosqueteros: todos para uno y uno para todos. La inteligencia del grupo organizado militarmente.
    Y sí, sólo se llama a los cuerpos a partir de la impotencia y el miedo, progenitores del resentimiento. Por ejemplo, en EEUU después del 11 de septiembre.
    ¿No es toda esa “seguridad” en los aeropuertos puro resentimiento? ¿No llegó Sarkozy al poder surfeando una ola de resentimiento?

  2. María José
    2009-01-25 09:01

    No sé muy bien cuál es la intención de Sarkozy al decir esto, pero es una idea bastante extendida. Nunca la he oído en relación con la identidad nacional, sino con un cambio en la educación (yo creo que erróneo) donde se pretende dejar menos terreno a la inteligencia y el razonamiento en favor de la educación de las emociones, “educación para la ciudadanía” va en esa línea. Y si se supiera cómo hacerlo y tuviera sentido dentro del sistema educativo, pues no estaría mal, pero yo creo que es un aprendizaje que se hace de forma implícita y, por tanto, no muy lógico tal y como está planteado dentro del sistema educativo.



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