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La guillotina-piano por Josep Izquierdo

La Factoría de Ultramarinos Imperiales ofrecerá a sus clientes, a través de la guillotina-piano —su dispositivo más acomodaticio—, un sinfín de discusiones vehementes sobre el arte y la cultura, y nada más. Josep Izquierdo es recargador de sentidos, contribuyente neto al imperio simbólico que define lo humano. Y si escribe, escritor.

Remainder

Leí la reseña de Zadie Smith en la New York Review of Books y corrí a comprar Residuos (Remainder), de Tom McCarthy, editada en España por Lengua de Trapo. Hace tiempo que no leo nada que no me venga recomendado por alguien de confianza, le conozca personalmente o no. Si lo pensamos bien, nunca leemos nada, o casi, que no nos venga recomendado (mediado) de alguna forma: lo llamamos cultura. Ustedes ya me conocen, soy poco amigo de las experiencias inmediatas (es decir, no mediadas), y de la exposición al arte (al Arte) sin mi máscara de soldador puesta. Si intentas meterle el electrodo a una mierda, salpica. Y si no es una mierda, el resplandor puede dejarte ciego, o volverte loco.

La leí con intensidad y premura, y con un cierto deleite culpable por abandonarme al vicio sin conciencia de los deberes que despreciaba por ello. Sensaciones que hace tiempo que no me provocaba una novela. Como también hace tiempo que no me sentía tan vacío tras la lectura. Otros dirían “descolocado”, pero no describe suficientemente mi sensación. Mejor vacío: del mismo modo que el vaso vacío ansía el líquido, yo mismo he ansiado esa suerte de éxtasis dionisíaco que el protagonista persigue, esa necesidad de comunión física con el mundo, esa autenticidad, esa naturalidad que el innominado protagonista de la novela, expresa como sigue: “Sobre todo recordé esto: que dentro del edificio, en las habitaciones y en la escalera, en el vestíbulo y el gran patio entre este y el edificio que estaba frente a él, el de los tejados rojos y los gatos negros, en estos espacios, todos mis movimientos habían sido fluidos, no forzados. No eran torpes ni adquiridos de segunda mano, sino naturales. Abrir la puerta de mi frigorífico, encender un cigarrillo, incluso llevarme una zanahoria a la boca: todos estos movimientos eran suaves, perfectos. Me fundía con ellos, pasaba a través de ellos y dejaba que ellos pasaran a través de mí hasta que no hubiera espacio entre nosotros. Eran reales, yo había sido real, sido sin antes comprender cómo intentar ser: eliminando el desvío. Recordé todo esto con la fuerza de una epifanía, de una revelación.”

Y digo dionisíaco del modo en que lo dijo Nietzsche, en El nacimiento de la tragedia: “Bajo la magia de lo dionisíaco, no sólo se renueva el vínculo de reciprocidad existente entre hombre y hombre: también la naturaleza enajenada, hostil o subyugada celebra su fiesta de reconciliación con su hijo perdido, el hombre […] En este momento el esclavo es hombre libre, en ese momento quedan destruidas todas las rígidas y hostiles limitaciones que la penuria, la arbitrariedad o la “insolente moda” han establecido entre los hombres. En este momento, en el evangelio de la armonía universal, cualquiera se siente no sólo vinculado, reconciliado, fundido con su prójimo, sino unificado con él, como si el velo de Maya hubiera sido desgarrado y ahora sólo ondeasen los jirones, ante la misteriosa unidad primordial.” Estas palabras de Nietzsche suelen tomarse al pié de la letra sin la contrapartida apolínea: el pánico a la disolución en el seno de la tierra y de la comunidad. El protagonista de Remainder, en un típico salto postmoderno, elimina a la humanidad de la ecuación dionisíaca, y lo percibe como comunión con la naturaleza en cuanto mundo físico (nada de florecitas y animalitos, sólo materia) y con el hombre en tanto que naturaleza, no individuado: “Mi proyecto era un programa, no un hobby o una actividad suplementaria: un programa al cual me había entregado en cuerpo y alma. Las relaciones dentro de este programa eran entre mi personal y yo. Exclusivamente. Personal: no amigos.” El giro que hace de la novela, y de su protagonista, un retrato acabado de un mundo esquizofrénico es que el modelo de esa materialidad, de esa autenticidad, es su representación: el modelo para un movimiento fluido que lo eleve al éxtasis son los parámetros de representación escénica del Actor’s Studio y Robert de Niro. Podríamos decir ahora, con Sloterdijk, que “el establecimiento de un registro simbólico regula el desencadenamiento real de las fuerzas dionisíacas de un modo culturalmente soportable.” Se trata, pues, de buscar a Dionisos a través de Apolo, hasta que, progresivamente, la máscara apolínea, la conciencia de la representación, desaparece, y lo que pretendía ser una feliz disolución en la fraternidad cósmica, acaba revelando que su otro rostro es la destrucción, o la promesa de la destrucción: “También tenía que aprender que la materia es lo que nos hace estar vivos, el flujo desarticulado, la cicatriz; es la firma del primer desastre del mundo y la nota promisoria que garantiza el último.”

Si los demás hemos recurrido a métodos chamánicos como la religión o las drogas, el protagonista persigue la naturalidad a través de la artificialidad: reconstruye (re-presenta) una y otra vez las circunstancias que puntualmente le hicieron sentir esa comunión, a la espera de que ésta reaparezca. “A la espera” no es la expresión: a la búsqueda de que ésta reaparezca. El lector descubrirá nitzschianamente que, del mismo modo que la reparación de la herida inicial del hombre, su individuación, es decir su distanciamiento de la naturalidad, es insoportable y que alcanzar a Dionisos conduce a la muerte o la locura, otro tanto ocurrirá con el protagonista. Y como parábola, a la humanidad.

La quirúrgica extirpación de la psicología (de la trama, de la escritura), como dice Zadie Smith, puede que sea la única forma posible de acceder a la verdad del mundo contemporáneo con la capacidad para ignorar sus capas, sus autojustificaciones, su capacidad de consuelo ante los abismos que, sin ellos, se le abren ante los pies.

Josep Izquierdo | 03 de enero de 2009

Comentarios

  1. vacuidad
    2009-01-03 20:57

    Pues has hecho que me entraran muchas ganas de leerlo! Así que sigo tu recomendación, porque también es éste el método que sigo a la hora de escoger los libros.

    Saludos.



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