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La guillotina-piano por Josep Izquierdo

La Factoría de Ultramarinos Imperiales ofrecerá a sus clientes, a través de la guillotina-piano —su dispositivo más acomodaticio—, un sinfín de discusiones vehementes sobre el arte y la cultura, y nada más. Josep Izquierdo es recargador de sentidos, contribuyente neto al imperio simbólico que define lo humano. Y si escribe, escritor.

Papanatismo, mentecatez, Winehouse y Cambridge

Tal y como ha aparecido la noticia en los periódicos españoles, más de uno pensará que los papanatas y mentecatos son los profesores de la Universidad de Cambridge, quienes, a juzgar por el tenor y los calificativos que reciben en nuestra prensa, han cometido un pecado de lesa literatura al preguntar en un examen de Crítica práctica a sus alumnos de tercer curso lo siguiente:

El OED [Oxford English Dictionary] define el concepto de “lírica” como “De o relacionados con la lira; adaptado a la lira, para ser cantado”. También cita la máxima de Ruskin “la poesía lírica es la expresión de los propios sentimientos del poeta”. Comparen el poema (a) en la hoja aparte [un poema de Raleigh, escrita 1592] con una o dos de las letras de las canciones (b) – (d), haciendo referencia a estos diversos sentidos de “lírica”.

Las tres canciones eran “Fine and Mellow”, de Billie Holiday, “Boots of Spanish Leather”, de Bob Dylan, y “Love is a Losing Game” de Amy Winehouse.

A mí la pregunta me parece maravillosa. Ya comentaba hace dos viernes el tipo de preguntas que hago a mis alumnos de bachillerato, y que no se me caen los anillos comparando a Jaufre Rudel con Alejandro Sanz. Es más, la pregunta me parece excelente, meditada, y llena de una finura que sólo la mente de un profesor de Cambridge puede alcanzar: permite un cúmulo de razonamientos tal sobre la cuestión que incluso mis alumnos serían capaces de decir algo coherente sobre el tema, aunque dudo que al nivel suficiente para pasar un examen de tercero de facultad. Ello no quita para que las reacciones de los alumnos oxbridgenses sean parecidas a las de los míos: machacarse la rabadilla con el asiento de la silla del sobresalto. Todo ello me parecen excelentes razones para que, aquí y ahora, anuncie que me la copio sin pudor, aunque con algún retoque, como cambiar a Raleigh por Rudel, o a Winehouse por Camela.

Lo más gracioso ha sido descubrir en la prensa los diferentes tipos de reacciones con que los alumnos me regalan. A decir verdad, los comentarios en la prensa británica, un tanto más comedidos, tampoco han pasado del chascarrillo de bar, variante “cañas después de examen desastroso”. Entre las reacciones, elegiré dos como muestra, por abajo y por arriba. Como digo, está la del que se ha pasado el curso contemplando la ausencia por la ventana, y cuando llega el examen ni siquiera se toma la molestia de leerse el enunciado, y mucho menos los textos que lo acompañan: “El examen final de los alumnos de Cambridge incluirá el análisis comparativo de clásicos del pop con la prosa de sir Walter Raleigh”: titular del periódico gratuito ADN. ¡Hombre!, más de uno cree que en los tiempos que corren la única diferencia entre prosa y verso es que éste último no llega al final de la línea, pero es que el texto elegido de Raleigh no llega al final de las líneas. Suspenso.

Reacción por arriba. Alumna excelente (qué le vamos a hacer, es así: el noventa por ciento de las excelentes son alumnas) pero sin cintura vital ni literaria. Primer párrafo de la notícia en El País: “La Universidad de Cambridge ha elevado a la cantante Amy Winehouse nada menos que a la categoría de figura literaria, al exigir en una de las pruebas de fin de curso que los estudiantes compararan una de sus canciones con la obra del poeta isabelino Walter Raleigh (1552- 1628).” Problemas: creer que sólo lo elevado es digno de estudio, y viceversa. ¿Es que Chiquilikuatre no merece una tesis doctoral? ¿Dedicársela lo convertiría en una figura literaria? “Exigir”: ¿cómo se atreve un profesor y una institución académica a utilizar mi realidad para educarme? ¿qué motivos tendré para rebelarme contra él, o ella? Y finalmente, esa moda sabiondilla de retirarle los títulos a los autores: Walter Raleigh era sir, Como Teresa de Jesús santa. Que yo sea demócrata, o ateo, no hace que lo que ha sucedido, no haya sucedido nunca, como decía Santo Tomás de Aquino, poniéndole límites al mismísimo Dios. Notable, y protestará porque no le he puesto un diez.

Creo que ya no hace falta que les aclare quién es el papanatas y quién el mentecato.

Josep Izquierdo | 30 de mayo de 2008

Comentarios

  1. Marcos
    2008-06-01 04:56

    Lo inexplicable, la memez, es el meme en que incurren uno tras otro todos los periódicos, sin que ni uno sólo de ellos hurgue un poco en las fuentes o aporte la más mínima visión crítica. Efectivamente, la noticia se transmite como si la pregunta fuese una demostración de lo bajo que puede caer la enseñanza, cuando nada hay de eso a poco que se sepa en qué consiste. Lo realmente preocupante es la estupidez crónica en que están instalándose nuestros medios.

    Saludos

  2. María José
    2008-06-01 06:43

    Josep, me hizo gracia porque cuando leí la noticia me acordé de tu texto, así que los de Cambridge no son tan originales.

    Marcos, el problema es que muchas veces la enseñanza ha caído muy bajo y, por motivar a los alumnos, se baja tanto el nivel que ya no te extraña que todo el temario de la asignatura de literatura sean las letras de sus cantantes favoritos. Otra cosa es que lo de Cambridge no tenga nada que ver con eso.

  3. Josep Izquierdo
    2008-06-01 18:37

    Sí, ya ves, María José, intento educar en “la fructífera fatiga de elaborar una síntesis y un análisis autónomos” a alumnos a los que se les ha extraído “de raíz el hábito, natural en el espíritu humano, de unir lo que tiene que ver entre sí eliminando lo extraño”. Que la crítica al sistema soviético de enseñanza que hiciera Joseph Roth en 1926 sea perfectamente aplicable al nuestro, hoy, debería hacer reflexionar a más de uno. Y recuérdese que Roth descalificaba el sistema educativo soviético por “burgués” y “reaccionario”, es decir, por caer en aquello de lo que supuestamente huía.

    Marcos, ciertamente estamos volviendo al periodismo de finales del XVIII, en que las noticias se copiaban de un periódico a otro con pequeños añadidos que provenían, las más de las veces, del último chisme que se había contado en la taberna de la esquina. Y por razones parecidas: en el XVIII no tenían posibilidades de acudir a más fuentes, y en la actualidad los periódicos creen que la red sustituye al corresponsal, y que siempre habrá alguien en ella que te cuente lo que pasó. Periodismo ciudadano, llaman a esto. Da sensación de “autenticidad”, de “realidad”, de estar enterado de todo. Curiosamente, el periodismo soviético también fue pionero en esto, y las palabras de Roth suenan hoy extrañamente proféticas: “algún día la prensa de todos los países tendrá que aprender de este experimento que hace, por primera vez, la Rusia soviética”. Y añadía, recalcando la ironía de la obligación, que para reflejar la vida hacen falta espejos, y que no sirve un cuchillo de cortar carne, “por ello, en los periódicos rusos casi todos los hechos son ciertos y casi todos los relatos falsos”. ¡Hay que ver cuánto ha aprendido el capitalismo global de los soviets!

    Saludos.



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