Libro de notas

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La guillotina-piano por Josep Izquierdo

La Factoría de Ultramarinos Imperiales ofrecerá a sus clientes, a través de la guillotina-piano —su dispositivo más acomodaticio—, un sinfín de discusiones vehementes sobre el arte y la cultura, y nada más. Josep Izquierdo es recargador de sentidos, contribuyente neto al imperio simbólico que define lo humano. Y si escribe, escritor.

La "Visión de España" de Sorolla, capítulo uno

Llegó el momento del disfrute. El pasado miércoles visité, por fin, la exposición “Sorolla, Visión de España: colección de la Hispanic Society of America” en el Centro Cultural Bancaja, reinaugurado con la decoración (definición de Sorolla, no mía) que el pintor concibió y realizó por encargo de Archer Huntington para la institución, entre 1911 y 1919. Mis expectativas se habían acrecentado, si cabe, desde que les escribí Sorolla y España: agitación y propaganda el 5 de octubre, puesto que a la trascendencia de la exposición para la batalla política e ideológica valenciana que describía en dicho artículo, cabe añadir ahora su valor paradigmático en el debate sobre el concepto y la esencia de España que algunos intelectuales promueven, incluso políticamente. Válgame de ejemplo el libro de Arcadi Espada (uno de los ideólogos de Ciutadans de Catalunya, inspiración manifiesta del partido de Rosa Díez y Fernando Savater) Ebro/orbe , en donde la reivindicación de un supuesto espíritu antimelancólico levantino se erige en modelo de virtud a exportar al resto de España, con mención explícita a la “modernidad” de Sorolla y Blasco Ibáñez. Es un gozo comprobar como las expectativas superan lo esperado y casi rozan lo deseado.

Pero vayamos por partes, y como esto será no un artículo sino una serie que les ofrezco como mi particular regalo durante las navidades, hoy les escribo el primer capítulo en el cual explico cuando y como visité la exposición, al que seguiran en los siguientes la explicación de lo que ví, lo que oí, lo que adiviné y lo que deduje, así como el particular y euforizante contento que me produjo la montaña rusa en que se vio inmersa mi sensibilidad.

Elegí el miércoles porque amaneció lluvioso. Los valencianos tienen por costumbre no salir de casa, si pueden evitarlo, cuando llueve. Y jamás he visto en Valencia una cola bajo la lluvia. Así que pensé, por los motivos prácticos precedentes, que era un buen día para ir a ver la exposición sin tener que soportar una larga espera que, según los medios de comunicación, era lo que debía hacer quien quisiera visitarla antes de febrero, que es la fecha más próxima para la que se da cita en estos momentos. Así pues, aguerridamente armado con mi paraguas me dirigí al centro de la ciudad y a la plaza en donde se encuentra el Centro Cultural de Bancaja. A mi llegada, un laberíntico entramado de pasillos entoldados y marcados con cintas separadoras y un puesto de información por el que pululaban una docena de quasiadolescentes auxiliares gestionaba una muchedumbre formada por dos grupos de ancianas con algún varón infiltrado y, en cada uno, una mujer apenas llegada a la cincuentena, más ligera y moderna tanto física como indumentariamente, cada grupo compuesto por una veintena de personas a lo sumo. Talmente dos rebaños y sus pastoras recién salidos de los predios pastoriles del PP que en esta comunidad son las asociaciones de amas de casa, que, ya ves tú, no acogen a ninguna ama de casa en activo (menor de cincuenta y con hijos todavía a su cargo, para entendernos), mucho menos sus dirigentes. No crean, nihil novum, la escena es la misma cada vez que hay elecciones, pero sin toldos, sin azafatos o azafatas, y sin marcadores que indiquen el camino de la urna. Es probable que para muchos estas sean las únicas diferencias entre lo público y lo privado en este país.

Había, además, seis visitantes libres: yo era el sexto. O la lluvia en Valencia es una maravilla suficiente para alejar a las masas del arte, como yo presuponía, o el bombardeo mediático empieza a generar resistencia, dado que, de hecho, no llovía desde una hora antes de que yo saliera de casa. En estas cavilaciones andaba yo metido cuando me llegó el turno.

Convenientemente identificado mediante pegatina ad hoc, fui desarmado en el escáner de acceso, conminado a dejar mi mochila en la consigna, y advertido de que debía recogerla en el mostrados correspondiente de (¡Oh maravilla del comercio!) la tienda por la que hay que pasar necesariamente para salir de la exposición. Despojado a mi pesar de la espada (nunca se sabe lo que puede resolver un buen golpe de paraguas), ceñí la pluma y la Moleskine a mis bolsillos. Únicamente. Ni un mal folleto para orientarme espacial o intelectualmente. Nada. O PDA con la guía en audio o nada. ¿Será porque las PDA son retornables y reutilizables y los folletos no? ¿Ataque de ecologismo? ¿Habían leído el informe PISA sobre la comprensión lectora de los escolares españoles antes de que se hiciera público, así que mejor eliminamos la escritura para que el público no se sienta estúpido, y se lo contamos de viva voz en una moderna PDA? ¿O simplemente habían repasado las estadísticas sobre lectura entre la población adulta valenciana, visto lo cual habían limitado el texto escrito a una brevísima introducción a la exposición en el panel de entrada a la misma, más alguna cita de la correspondencia privada de Sorolla fijada a los paneles reproduciendo su escritura manuscrita, por otro lado un tanto ilegible?

Ah, ya. No es eso, no. ¿Cómo se me ocurre pensar que un analfabeto funcional difícilmente comprenderá los comentarios críticos de la guía oral, pues no está acostumbrado a descifrar ningún texto, ni oral ni escrito? No, no, no. La clave es Malraux, cuando estableció doctrina sobre la confrontación directa del pueblo al arte sobre la base de la sensibilidad artística innata, sin mediación pedagógica. Hombre, la teoría del choque revelador tendría su utilidad (dudosísima, en mi opinión, pero bueno, vale) si el espectador modelo tuviese 16 años, como preconizaba el primer Ministro de Acción Cultural de la Quinta República (francesa, ça va de soi). Pero el espectador de la exposición de Sorolla tiene una media de edad de 66 años (siendo caritativo). Y en todo caso supondría que una institución privada con evidente ánimo de lucro (un banco) asume los presupuestos teóricos que rigen la acción cultural pública de la Europa continental, quod non erat demostrandum.

Todo esto bailaba en mi cabeza mientras subía a la segunda planta en el ascensor, pues la exposición se visita de arriba a abajo. ¿Por qué? La explicación a esto, y mucho más, en el segundo capítulo el próximo viernes.

Josep Izquierdo | 21 de diciembre de 2007

Comentarios

  1. Francisco
    2007-12-23 08:12

    Con interes sera la espera del segundo capitulo sobre ese grande que fue, es y sera, Sorolla; extrano caso de un maestro de la pintura aceptado y admirado internacionalmente y regateado por los espanoles.

    Dicen que nadie es profeta en su tierra; pero aqui se les paso la mano a los espanoles, y sobre todo a los valencianos, al regatearle reconocimiento; asi que a ver que interpretan por “vision de Espana” del pintor que dio al mundo la luz valenciana en obras maestras como “Cosiendo la Vela” y el bosquejo de los bueyes para “sol de la Tarde” y en sus paisajes de San Sebastian y nos plasmo “La Maestranza” de tres pinceladas talentosisimas.

    A ver que dicen los incapaces de pintar asi.

    Seguira siendoles imperdonable el talento?

  2. Cayetano
    2007-12-23 23:47

    Francisco:

    Joaquín Sorolla disfrutó en vida de un amplio reconocimiento por parte de las instituciones de la época, sus paisanos y contemporáneos.

    Yo, por ejemplo, soy incapaz de pintar así ;) sin embargo no es casualidad que Sorolla interese poco o nada actualmente. En realidad no aportó nada significativo la historia del arte, en mi opinión se trata de un buen artesano y no es un creador.

    Su pintura, en mi opinión, es puro artificio, efectista y superfial. No ha resistido el paso del tiempo. Para ponerte un ejemplo al que compararlo: Lucian Freud (Obras en el WebMuseum y en La ciudad de la pintura )

    En mi caso, la pintura de Freud deja un poso persistente de emociones en la memoria. Yo ahora mismo no recuerdo ninguna emoción sugerida de la contemplación de la obra de Sorolla … salvo el de una traca de fuegos artificiales apagada hace mucho tiempo.

  3. Francisco
    2007-12-24 06:26

    Toda opinion sobre arte es respetable, pues no puede separasele del gusto personal; sin embargo, es dificil catalogar como artesano a un pintor para el que posaron un rey, Alfonso XIII, y un presidente norteamericano, Taff. No lo hicieron ni Monet, ni Manet, ni Tolouse, ni muchos maestros de la pintura.

    Vaya artesano, Cayetano.

    Lo que le encuentro a la obra de Sorolla es su inmensa calidad estetica y su desden del manierismo; es decir, pinta de primera intencion; no soba, no sobrepone capa sobre capa de pintura hasta lograr la figura y el color deseado, como han hecho tantos hacedores de obras maestras. No lo necesita.

    Entonces su pintura es autentica; es luz verdadera, es movimiento de dos pinceladas, es proporcion a la primera.

    Por ello me es incomprensible la tibieza de los espanoles y, en especial, los valencianos. Cosas veredes.

    A propo, Cayetano, si te aplicas probablemente llegaras a pintar como los angeles.

    De Charli :)

  4. Marga
    2007-12-24 06:38

    Yo fui a ver la exposición el sábado a la mañana, formando parte de un grupo con visita guiada. No había mucha gente … y las explicaciones de la guía me parecieron suficientes y no excesivas. De todos modos, voy a intentar volver a verla en “visita libre” en hora de poca afluencia.

    Tus comentarios sobre la ausencia de información escrita me han recordado varias exposiciones visitadas en su día en la Beneficencia, y en concreto dos que nunca olvidaré. En una de ellas había cartelitos escritos a máquina sobre papel amarillento, colocados a cierta distancia de las obras descritas y paupérrimamente iluminados, con lo cual casi me dejo los ojos -aparte de tener que estar moviéndome todo el rato entre el cartelito de marras y el objeto de turno. Y la otra fue peor: los textos estaban impresos sobre fotografías de fondo, en ocasiones no se distinguía entre texto y fondo …con una redacción y puntuación de pena … incluidas faltas de ortografía tan sangrantes como “hordas” escrito sin hache. Lo más gordo: el texto del catálogo apenas hacía otra cosa que reproducir el texto de las planchas, con toda su horrorosa redacción, faltas de ortografía incluidas. Me lo compré por pura maldad, por guardar testimonio de tamaña barbaridad.

  5. Cayetano
    2007-12-24 07:03

    No he comentado nada sobre el texto de Josep Izquierdo porque, según entiendo, aún hay que esperar otras entregas. Salvo en el hecho curioso que comparte la grima hacia las multitudes con Albert .

    Francisco: Ya no pinto ni aspiro ha hacerlo peor. Sin embargo consideraré a Sorolla como un artesano, independientemente que retrate a unos u otros, que tenga su museo en Madrid, le reconozcan o lo maltraten sus paisanos.

    Creo que aplicamos distintos parámetros al enjuiciar una obra. Pero esto no quiere decir nada. Solo que, tal vez, me esté equivocando

    Esperararé al final de los capítulos, prometen ser interesantes, por aquello de la gestión cultural :)

  6. isaías escudero
    2008-01-03 08:50

    Discúlpeme si ejerzo de abogado del diablo, pues (aunque no lo parezca) espero ansioso su tercera entrega de la visita a la exposición de Sorolla. Tiene Ud. una mente incisiva y estoy seguro que será capaz de saltar por tópicos referidos a la pintura de Sorolla (que buena falta nos hace). Lamentablemente, me he quedado esperando ese momento, pues los dos primeros artículos me han parecido más un ejercicio de estilo (al más puro estilo del peor reverteriano, si me permite la comparación) que, a mi entender, parecían prometer mucho y ofrecían poco.

    Así, por comentar un poco su artículo, me sorprende que le resulte curioso que los valencianos no hagan cola cuando llueve, porque no recuerdo en ninguno de los paises o provincias que he visitado ver a la gente bajo la lluvia hacer colas kilométricas para entrar a un museo. Ni en Valencia, ni en Atenas, ni en Dublin. Ni en Paris. Tampoco en Madrid (a menos que el bombardeo mediático sea realmente criminal). La gente simplemente se espera a mañana, y van dando un paseo. Tampoco me parece extraño que la poca gente que hubiera (un miércoles, porque lo cita Ud.) sean de 66 para arriba (supongo que pretende aclarar que son jubilados). Y yo le digo que, no a Sorolla, a cualquier museo (o al zoo, por cambiar) que vaya Ud. un miercoles por la mañana se lo va a encontrar lleno de jubilados. Y de estudiantes (que para eso es día de excursión y así no tienen que hacer los deberes de la tarde anterior). La gente que tiene un horario de trabajo estándar está trabajando. Así que si es su deseo encontrar a ciudadanos de edad media un día como ese, le sugiero que se dirija a cualquier oficina (o al bar de la esquina) antes que a un museo, un cine o el teatro.

    Las pegatinas se usan para organizar los grupos y poder clasificarlos. Así en caso de duda o extravío (“Es que no sé dónde está mi grupo…”) es muy fácil contactar con el responsable de dicho grupo. Comento esto porque no encuentro sentido a pormenorizar como Ud. hace estos aspectos. O busca una crítica velada (“Nos tratan como borregos”) o es llenar espacio por el propio placer de hacerlo. Lo cual me parecería fantástico, si no fuera porque está Ud. posponiendo lo que pueda tener de interesante el artículo: la propia obra; y nos conduce dando un rodeo que lamentablemente lleva a una segunda parte (la maldición de estos tiempos: las temidas trilogías).

    Por mi parte, agradezco poder dejar la mayoría de mis pertenencias en una consigna dado que, a pesar de que mi libreta de notas no lleve escrita la palabra “moleskin” (cada letra de esa palabra sale demasiado cara para mi gusto en lo que se refiere a “cuaderno de notas”) ni tengo un bolígrafo de marca “pilot”, mi bolsa siempre aloja un par de libros, una agenda y algunos útiles más. Y cargar con ella arriba y abajo más tiempo del necesario me parece malgastar energías. Créame, mi mochila ya sabe todo lo que quire saber de arte.

    Me parece muy deficiente que esa entidad no proporcione mapas para ayudar al recorrido (eso es algo de agradecer en todos los museos). También entiendo que el centro no es tan grande como para correr el riesgo de perderse, y el número de guías y auxiliares es elevado (más que en otros muchos museos, donde sólo he encontrado guardias de seguridad).

    En cuanto a lo de la ausencia de panfletos y su substitución por PDA´s con audífono… Pues son modas. Qué se le va a hacer…Si se gasta menos papel, pues mejor. Si montar cada PDA genera unos residuos de la leche, iremos para atrás…

    Y con esto concluyo. Confío no ofenderle con mis comentarios, y si se los presento es porque de verdad me ha interesado su artículo y lamentaba ver cómo iba amenazando en perderse poco a poco en la inanidad. De verdad espero la tercera entrega para poder disfrutar de una re-visión de esas visiones de España.

  7. Sara
    2009-05-14 09:02

    Hola, estoy haciendo un trabajo sobre la exposición Sorolla, Visión de España.
    Y tengo que centrarlo en porqué las Islas y algunas comunidades no están pintadas, no sé si es porque no le interesaba, porque no le dió tiempo.. No encuentro nada de información.
    Si alguien me puede ayudar. Gracias.



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