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Estilo familiar por Arístides Segarra

Arístides Segarra es escritor. Anteriormente ya fue construyendo Estilo familiar en Almacén. Estilo familiar dejó de actualizarse en octubre del 2006.

¡Son los padres, estúpido!

El lector amable y, en algún caso, amado, me permitirá e, incluso, me agradecerá que me retire momentáneamente del parvulario colorín en el que los adultos dilucidamos las batallitas familiares propias o ajenas, y dedique mi tiempo y mi intelecto a queaceres más dignos. Es por ello que me niego a escribir sobre la mani. No hace falta que especifique cual, ¿verdad? Andaba yo convencido de que con Ramiro Cabana, convecino en este mismo edificio editorial, me unían pocas cosas, lo reconozco, aparte de preferir Law & Order: Criminal Intent y House como alivio de nuestras soledades, pero tras su artículo “La mani”, al que nada me cabe añadir, debo revisar mi opinión y no dejarme llevar por su pésimo gusto para bautizar perros.

No hablaré de la mani, sino de algo que brilla por su ausencia en el supuesto debate nacional en torno a la LOE a través del cual políticos, periodistas, medios de comunicación y empresarios pelean su minuto de gloria, o su balance económico (¿debo añadir la maldad de que entre las empresas dedicadas al negocio educativo hay que incluir a los sindicatos devenidos en empresas de servicios?). A quienes tienen opiniones que respeto sobre el tema no les he oído, y ahora me doy cuenta que, simplemente, no han hablado. Y lo entiendo. Les entiendo, pues yo mismo no hablo. Guardemos las palabras para oídos que escuchen incluso lo que no quisieran oir.

Por ejemplo, que cualquier ley de educación es mala. O buena, pues la calidad de la educación no depende de leyes ni ordenaciones, sino de la importancia que la sociedad, no confundir con la opinión pública, le otorgue. Y nuestra sociedad cree, es decir mi vecino, mi mecánico, mi abogado, mi catedrático, mi político, mi periodista, mi sindicalista, mi maestro, creen, que no es importante. No lo dicen, pero lo creen. ¿Que cómo me atrevo a afirmarlo? ¿Que qué pruebas tengo de tamaña hipocresía social, de semejante monstruosidad? Tout court, los hechos. Si alguien dice que ama a la mujer que apalea, ¿no le desmienten los hechos? Si alguien afirma que su mayor preocupación es que sus hijos tengan una excelente educación, o simplemente dice que la educación debe ser la máxima prioridad de nuestra sociedad, mientras que como padre ni siquiera es capaz de leerle a su hijo en voz alta, o montará la de Dios es Cristo si, de repente, desaparece el doblaje en la televisión pública y privada y todo, y sobre todo los programas infantiles, se emite en versión original subtitulada, ¿no le desmienten los hechos? Si cree lamentable que sus hijos no sepan quién fue Franco y espera a que se lo digan en la escuela, ¿no le desmienten los hechos? Un adolescente apuntó tímidamente “¿un futbolista del Depor?”, en las imágenes que ilustraban la notícia del aniversario de la muerte física del execrable dictador, que se convirtió, en cuantos medios de comunicación consulté, en la exaltación de la muerte de la memoria de Franco. Si la sociedad no recuerda, puesto que los individuos que la componen ni recuerdan ni saben, ¿no desmienten los hechos que la educación sea una prioridad en este país?

En estos días tirios y troyanos han polemizado sobre los derechos y la libertad de los padres, pero, ¿alguien oyó a alguien hablar sobre los deberes de los padres, sobre su responsabilidad en la calidad de la educación de sus hijos? ¿O su responsabilidad acaba con la elección y, en su caso, el pago del centro escolar?

Si al lector amable le parece que pretendo fomentar la paranoia y el sentimiento de culpa de padres y madres, acierta. Es el reverso de la moneda, que del otro lado exhibe el amor de un niño que disculpa siempre, se fía siempre, espera siempre, aguanta siempre.

Arístides Segarra | 02 de diciembre de 2005

Comentarios

  1. paloma
    2005-12-05 20:37 como madre que estudió egb y sufrió la logse y ahora la loe creo que más que interesarnos por si la religión católica continua o no en la educación, deberíamos preocuparnos del vocabulario de nuestros hijos, de sus conocimientos, de que lean y sobre todo de que piensen y razonen y para ello me parece imprescindible el conocimiento, desde que sólo se estudia la geografía por regiones y la historia es un pésimo resumen y lo malo hay que silenciarlo creo que se ha pardido mucho.adquirir cultura es un trabajo cotidiano si resumimos que nos queda ¿los msm de moviles mal escritos?

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