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El receptor por Jónatan Sark

Televisión hay, aún, por todas partes. Mientras avanza el siglo, e Internet la remplaza, queda como el electrodoméstico más importante. El que expulsa información sin parar. Información que debe ser sopesada. Esta columna tiene como finalidad y motor reflexionar sobre lo que se emite por televisión y considerar críticamente lo que en ella se ve y expone. Y lo hacía cada lunes. Sigue en elreceptor.com.

Recuperaciones Doctorales Ruseíasl Tedeivies Ecclestonales

El recuerdo de Doctor Who se había mantenido pese a los desastrosos resultados del telefilme gracias a su presencia en otros medios como una suerte de Universo Expandido imitando la técnica de supervivencia que había mantenido vivos a los fans, o que los fans habían usado para demostrar que seguían ahí, que Star Trek o Star Wars habían tenido que usar antes. No sólo en audio y libro, también en producciones audiovisuales secundadas por los seguidores aunque de carácter completamente extraoficial.

El interés seguía allí, solo que los directivos de la BBC parecían más interesados en vender licencias, merchandising y material de la serie original que en poner en marcha una nueva serie. Mientras tanto, los aficionados iban conspirando a sus espaldas, no solo con el trabajo de la productoras, sobre todo de Reeltime y su Wartime, Downtime y Shakedown entre otras, o Bill & Ben Video, o BBV, que estaba desarrollando series como The Strange, PROBE, Autons… También en otros puestos más inesperados.

Richard Curtis estaba montando el esquema del Comic Relief para 1999 junto a Rotwan Atkinson cuando se le ocurrió realizar una parodia de Doctor Who y encargársela al megafan y creador de Press Gang (La pandilla plumilla) Steve Moffat. De ahí nació una de las obras fundamentales del periodo de entreseries , The Curse of Fatal Death.

En ella, además de múltiples guiños a la serie clásica —por poner dos, el título es una parodia del The Deadly Assassin de la era Baker, Tersurus era el planeta en el que el Master se encontraba en esa misma historia— Moffat aprovechaba para incluir a actores que ya habían sido candidatos para la película o el telefilme como Richard E. Grant o Hugh Grant e, incluso, la tan discutida regeneración en mujer, Joanna Lumley mediante.

El éxito y la repercusión llevaron a la BBC a decidir reactivar el personaje, y lo primero fue recuperar la serie clásica a partir de los episodios de Pertwee en la misma franja que usaron para recuperar los supermarionation de Gerry Anderson. El experimento resultó fallido, atrayendo a muy poca audiencia, de manera que incluso el proyectado regreso Doctor Who 2000 quedó en suspenso. Condenando al siguiente intento a tener que realizarse fuera de televisión.

Aún teniendo en cuenta que el siguiente punto de celebración era el 40 aniversario de la serie en 2003. Lo que les llevó a pensar en el nuevo medio de comunicación de masas: Internet. La decisión inicial era buscar un público entre los seguidores que estaban en internet.

A la vez que esto se iba perfilando emergía también una segunda corriente en la BBC, la de los que pensaban, como la nueva Controller Lorraine Heggessey, que había que recuperar al personaje para el nuevo público, y para el viejo, por ser un valor seguro y establecido para la cadena. Un primer paso eran esos seriales para internet, que se usarían a la vez para comprobar la validez de la iniciativa. La idea original era sacar uno cada año pero pronto se vio que no era posible.

También se dieron cuenta que su aproximación original, una radio novela con imágenes que sirvieran como ilustración de la historia, era una completa tontería, así que pasaron a integrarlo todo de una vez y buscar la ayuda de Cosgrove Hall para que realizaran una serie de animación para internet, es decir, menos Danger Mouse y más… Flash.

Mientras tanto Heggessey se encontró con Julie Gardner, la Jefa de Drama de BBC Gales que, harta de la inacción sobre la serie, vio una oportunidad para apoyarse en las políticas de descentralización que la BBC estaba apoyando en ese momento para no tener centralizada toda su producción en Londres. De modo que se ofreció a ocuparse con su departamento de la producción de la serie que pasaría a rodarse en Cardiff.

Mientras tanto, y recuperando el concepto para el 40 aniversario, se logró crear Scream of the Shalka, suerte de serial on-line con una animación francamente mejorable y un guión algo embarullado que contaba con un Noveno Doctor al que ponía voz uno de los participantes en Curse of the Fatal Death, Richard E. Grant y en el que aparecían villanos en diversas encarnaciones como un pseudo- Master al que ponía voz Derek Jacobi. El resultado fue bastante discutido.


Scream of the Shalka Part1 por tardismedia

Pese a lo cuál, demostró el interés en nuevas aventuras del Doctor. Y también la necesidad de cuidar a los fanes antiguos. Y les convencieron de buscar a alguien que entendiera el personaje y pudiera entrar en esa idea de creador/fan que había puesto de moda Joss Whedon. Buffy sería una de las referencias a la hora de hacer la serie mientras que otras como Expedientes X o la forma de recuperar una serie con Battlestar Gallactica, y sus respectivos responsables: Chris Carter y Ronald D. Moore, quedarían como ejemplos de los que se podían tomar ideas pero cuyo tono resultaba demasiado adulto para lo que la BBC buscaba.

El problema estaba, según un documento de la división de Marketing de la BBC que cita James Chapman en su libro Inside the TARDIS, en que los años de inactividad habían cambiado la percepción de los espectadores sobre la serie:


Su legado puede ser una ayuda y un obstáculo. Por un lado, los padres pensarán que el programa será para sus hijos (dado que los padres lo veían cuando eran pequeños), pero los niños pensarán que es para sus padres (puesto que los padres conocen Doctor Who y ellos no).




Más aún, lanzar la serie en su horario tradicional de los sábados por la tarde implicaba una batalla incierta que incluía, además, los cambios en la televisión ocurridos desde finales de los ochenta, con la multiplicación de canales y accesos que había disminuido las audiencias.

Y, sobre todo, necesitaban a un responsable respetado que, además, conociera al personaje y las necesidades de una serie fantástica. El elegido —que ya se había postulado en el pasado de la BBC— fue Russell T. Davies, que había estado detrás de dos series juveniles con toques fantásticos como Dark Season y Century Falls, había ganado un BAFTA como guionista gracias a una historia especial para Children’s Ward gracias a un guión sobre pedofilia, internet y fans de Expediente X, pasando de allí a los culebrones ingleses, como Springhill y, finalmente, al éxito internacional de Queer as folk, una serie sobre las vidas de un grupo de homosexuales en Manchester que incluía en un episodio la explicación de la importancia de Doctor Who dentro de la comunidad gay británica.

Con Davies, que había escrito uno de los libros de las New Aventures de Virgin, ganaron además una persona con una visión clara de lo que el personaje necesitaba. Abrazar la continuidad sin dejar que les guiara.

Sólo quedaba un obstáculo: BBC Films, inasequible al desaliento, estaba intentado poner en marcha una película sobre el Doctor para la que habrían logrado a Paul Thomas Anderson como director en coproducción con Artissan Entertaiment. Precisamente esa condición de compartir los costes y beneficios fue lo que logró que finalmente la BBC optara por una serie y no una película. Ya podían buscar un protagonista.

Russell T. Davies, RTD, se puso a armar el equipo y contactar con gente que había trabajado o estado interesada antes en el personaje como Steve Moffat o Mark Gattis, ambos escritores de novelas y colaboradores de diferentes tipos de versiones del personaje, así como a otros más apartados como J.K. Rowling, su idea era lograr un equipo amplio y, a la vez, variado. También contacto con la gente de The Mill, que ya había participado en Curse of the Fatal Death, y a Nicholas Briggs, que había estado poniendo la voz a los enemigos del Doctor en varias producciones de fuera de la BBC.

Para el Doctor RTD fue directamente a por Christopher Eccleston, con el que había trabajado en The Second Coming, y al que consideraba ideal para el puesto. Eccleston no lo veía tan claro, consideraba que unirse a una franquicia tan establecida no le permitiría ejercer como actor con la misma facilidad y que su carrera podría quedar determinantemente marcada, incluso aunque saliera bien.

Buscando un sustituto para Eccleston se valoró a Richard E. Grant, Hugh Grant o Bill Nighy, pero finalmente RTD llegó a un acuerdo secreto que garantizó la participación de Eccleston^ en la serie. Quedaba solo por encontrarle un acompañante. RTD decidió aceptar la propuesta de Mal Young, Controller de Drama de la BBC y tercero del trío de productores teóricos de la serie. Billie Piper, antigua niña prodigio, cantante pop, ahora actriz, era la elegida. La idea de RTD era convertirla en un personaje fundamental a través del que comprender al Doctor, incluir la posibilidad de romance que había quedado fuera hasta ahora —al menos de forma explícita—, y crear una serie mucho más diversa. Empezando por la propia acompañante, Rose, que sería una chica de clase baja, en una relación interracial, y a cuya madre veríamos con frecuencia.

También la presentación de la propia serie tendría que ser repensada. RTD dejó claro que no sería una ruptura y re-imaginación dejando fuera lo antiguo, sino un nuevo punto de entrada en el que el pasado se mantendría pero no sería determinante, precisamente para evitar ese problema que alejaría a los espectadores. Además, no se volvería al sistema de seriales sino a capítulos unitarios que volverían a los 45 minutos como en 1985. Además de las historias de un solo capítulo también habría historias más largas que ocuparían varios. Y, como remate, RTD propondría la utilización de Arcos de Temporada para dotar de cierta cohesión a la serie y favorecer que los espectadores volvieran semana tras semana.

El primer capítulo se llamaría Rose, se emitiría el 26 de marzo de 2005 y resumiría la filosofía de RTD para el regreso de la serie. E ilustraría el primero de los diez puntos que Russell T. Davies quería fijar para la nueva temporada y la serie entera. Y lo primero sería lograr presentar la serie a todo el mundo.

No sólo el personaje de Rose es una persona perfectamente normal sino que, además, se nos presenta como tan resuelta como podría ser Ace y con una vida real: trabajo, novio, una madre con la que discute… Gracias a ella se presenta al espectador la amenaza de la semana, otro acierto de RTD al usar a los Autones y a la Consciencia Nestene, que permite dudar de la naturaleza extraterrestre a Rose ofreciendo un capítulo más asentado en la Tierra, a la vez que hace un guiño a los fans antiguos recuperando al primer enemigo de Pertwee, el primero Doctor en color, demostrando así que los nuevos espectadores pueden entrar y a los antiguos que no se nos ha olvidado. Del mismo modo, presenta al Doctor en lugar de dar por sentado que se le conoce, e incluso incorpora un misterio para todos, por seguidores del personaje que fuera, al no indicarnos qué es eso tan oscuro que ha vivido hace poco, algo que además se remarca con la cazadora negra que sirve tanto para separarlo de anteriores encarnaciones como para darle un aspecto más actual y, de paso, eliminar las preocupaciones de Eccleston de que pasara como con Colin Baker y el traje eclipsara al actor.

Finalmente, se nos deja claro el primer punto: El acompañante es nuestra puerta de entrada, y es realmente importante, aunque es el Doctor quien acaba marcando la diferencia. Y vaya si lo hicieron. Su regreso fue todo un acontecimiento, ayudado porque un operario de la CBC canadiense filtró el episodio tres semanas antes y todo internet pudo comprobar de primera mano las virtudes de este capítulo. Más de 10 millones de espectadores, todo un record, vieron el regreso.

Una vez establecido el tono —adulto pero familiar— y los personajes RTD puede permitirse seguir desarrollando la historia enviándolos al futuro en The End of the World, que sigue la idea clásica de las Arcas para facilitar la salida de humanos de la Tierra y, además, demuestra el punto de que se puede viajar al futuro, lleno de razas extraterrestres, a la vez que introduce a un par de personajes que serán recurrentes como Cassandra o el Rostro de Boe. Además, desarrolla el tema de la pureza, de la humanidad y su evolución y permite empezar a sembrar algunos de los temas de la temporada.

El siguiente capítulo ya no lo escribe RTD, aunque prueba en esta ocasión que se puede viajar al pasado, y que allí se pueden conocer a personajes famosos, pero el autor es otro de los nombres importantes en las nuevas series, Mark Gattis, que logra un atmosférico episodio con muertos que son extraterrestres y Charles Dickens.

Entre el anterior capítulo y este, y gracias a los buenos datos obtenidos, la BBC confirmó la renovación por una nueva temporada de la serie. Logrando así continuar con el ruido mediático sobre el retorno.

Y llegando al primer capítulo doble, en el que RTD, de nuevo el guionista, pretendía mostrarnos a una familia extraterrestre que sería uno de los nuevos enemigos duraderos del Doctor y que pretendía siguieran la estela de los de su novela favorita de las New Adventures, Human Nature de Paul Cornell, aunque la realidad es que esta historia doble, Aliens Of London / World War Three —pensada precisamente para demostrar que habría aventuras que requerirían más de un capítulo— se encontró con problemas de desarrollo desde casi el principio y terminó siendo una historia bufa más cercana a las que tanto se habían criticado antes que al tono más adulto que se estaba buscando. Aunque también presentaba la idea de lo que pasaba con las familias de los acompañantes que se quedaban detrás. Claro que la gente seguía hablando de la serie porque se había confirmado la renovación de Billie Pipper, pero no de Eccleston así que la prensa se había llenado de especulaciones sobre si pensaba dejar la serie.

Parece mentira que el siguiente serial marcando la mitad de temporada estuviera pensado para atraer la publicidad de nuevo dando por hecho que para entonces ya se habría pasado el interés de la prensa en la serie. En cualquier caso la recuperación de los enemigos más conocidos del Doctor fue algo complicada. Una vieja disputa entre los herederos de Terry Nation y la BBC por el uso que los últimos hacían de los bichos hizo que paralizaran cualquier uso sabiendo que tendrían el triunfo en las manos, y aunque se amenazó con reemplazarlo por otros parecía claro que acabarían llegando a un acuerdo. Y, de ahí, a uno de los grandes capítulos de la temporada: Dalek.

Un capítulo importante no sólo por que cumplía el punto Recuperar a los Daleks del decálogo de Davies, también porque los reintroducía como algo temible, incluso destruyendo el chiste de la etapa de Douglas Adams sobre las escaleras, y, de paso, revelaba la oscuridad en el nuevo Doctor y avanzaba un poco sobre la guerra entre Daleks y Time Lords que había acabado con, aparentemente, el Doctor como único Time Lord vivo. Una decisión de RTD para realzar al personaje, hacerlo más excepcional y dotarlo de un sentimiento trágico que, por contra, nos privaba de todo ese magnífico mundo de Gallifrey y de la presencia de otros personajes de la mitología de la serie como Romana o Rami, además de los muchos Time Lords que habían ido apareciendo y desapareciendo con los años. Y también hacía referencias al pasado, incluyendo los Cybermen. De paso ganaban un nuevo acompañante, Adam, que servía para demostrar el siguiente punto…

… en el inmediatamente posterior capítulo The Long Game, una historia sobre el efecto de la excesiva información para aturdir a la gente. Aunque la auténtica jugada aquí fue que Adam, el acompañante presentado en el capítulo anterior, interpretado por el muy conocido en UK Bruno Langley gracias a la salida del armario y después de la serie de su personaje en Coronation Street, desaparecía ese mismo capítulo. No por muerte, claro, sino porque no cumplía con las exigencias del Doctor. Y es que no todo el mundo puede ser acompañante.

El siguiente, vio a Paul Cornell debutar en Doctor Who como guionista tras varios trabajos escritos. Y como en él es normal lo hizo en una historia centrado en la parte personal y con tendencia a lo sentimental y melodramático, Father’s Day, una historia centrada en Rose y su padre que trataba de establecer que no siempre se puede cambiar el pasado.

Para el siguiente truco Davies necesitó a Steve Moffat que escribió un doble capítulo que probablemente fuera el mejor de los de esta primera nueva temporada, The Empty Child y The Doctor Dances; una historia en la segunda guerra mundial con un tono más tétrico y que servía para presentar al Capitán Jack Harkness y recalcar la idea de que en el nuevo Doctor la diversidad era importante.

Tras esto Boom Town era un pequeño episodio pensado para cubrir expediente gastando poco dinero a la vez que demostraba otra de las ideas de RTD, los enemigos regresan. Aunque sean unos tan torpes como los Slitheen.

El final de temporada llegaba en un capítulo doble, Bad Wolf / The Parting Of The Ways que resolvía el misterio de los Bad Wolf escritos por toda la temporada, traía de vuelta a la armada de Daleks, aunque no a los Time Lords por motivos poco comprensibles, además mostraba la consecuencia de las intervenciones del Doctor en la historia de la gente. En la historia que, aparentemente, sí se puede cambiar, se produce también una sátira de los realities y la televisión actual. Aunque fuera a cosa de crear una paradoja que podría haberse resulto en cualquier dirección.

Fundamentalmente porque dependía de si los actores renovaban o no, y como RTD no consiguió convencer a Eccleston desde febrero se estaba preparando una salida, es decir buscando a un actor para sustituirle.

En cualquier caso, la temporada 27, o como ahora la llamaban, temporada 1, fue todo un éxito. Con todos los problemas había logrado instituirse de nuevo y utilizado todo su tiempo para demostrar que se podían tener episodios autoconclusivos y dobles, vencer en su franja horaria, montar una trama de temporada y, sobre todo, este decálogo no escrito de Russell T. Davies para la serie:

01) El Acompañante es nuestra puerta de entrada, y es realmente importante, aunque es el Doctor quien acaba marcando la diferencia.
02) El Doctor puede viajar por el tiempo y el espacio: Desde el futuro…
03) Hasta el pasado, donde conocerá a famosos históricos.
04) En más de un episodios, y con nuevos enemigos.
05) O con los DALEKS, los más mortíferos y EX-TER-MI-NA-TE!
06) Y eso que no todo el mundo puede ser un Acompañante.
07) El tiempo tiene PUNTOS FIJOS.
08) Y el Universo es diverso.
09) Por eso los enemigos siempre regresan.
10) Pero el Doctor siempre triunfa, aunque tenga que regenerarse.

Una vez establecido esto, podían continuar con el nuevo actor elegido: David Tennant.

Jónatan Sark | 23 de septiembre de 2013


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