Alber Vázquez es escritor. “El mundo gira sobre un eje podrido” es una columna de opinión que se publica todos los lunes y que alberga como firme propósito convertir a este planeta en un lugar más habitable donde los hombres y las mujeres del mañana puedan compartir su existencia en condiciones igualdad y justicia. Estamos seguros de poder lograrlo. El mundo gira sobre un eje podrido dejó de actualizarse en abril de 2008.
Acaba de hacerse público un interesante artículo de Fernando Álvarez, etólogo y profesor en el Departamento de Biología Evolutiva de la Estación Biológica de Doñana, en el cual se exponen las que a su criterio son nueve importantes razones para abolir las corridas de toros.
Yo, advierto de antemano, siento todo el respeto del mundo por Fernando Álvarez, por su criterio y por todas las personas que argumentan como él. Diría más aún: no les quito un ápice de razón. Las corridas de toros son un acto bárbaro en las que se tortura impunemente hasta la muerte a un animal bello e indefenso. Se trata, se mire como se mire, de un acto cruel y despiadado.
Vamos, que no seré yo quien niegue la mayor. Las cosas son como son y así hay que reconocerlo. Dicho lo cual, yo digo que a mí me gustan las corridas de toros y que soy partidario de que se mantengan. Si se prohíben porque la mayoría de las personas que me rodean así lo deciden, diré amén Jesús. Es una barbaridad y no está mal que algo así esté prohibido. Pero es que también es un acto hermoso y, por eso, creo que es una buena idea que sea legal.
No me andaré por las ramas: considero que la tortura hasta la muerte de un toro bravo es un trance bello y que la belleza de la lidia es difícil de alcanzar de otra forma. ¿Soy un sádico? Bien, no voy a decir que no.
Pero sí voy a afirmar que no soy partidario de la tortura a animales y, menos aún, a personas. No soy una persona violenta y no creo haberme pegado con nadie ni siquiera cuando era niño. Creo que soy más sensible al sufrimiento humano que la media de las gentes que forman la sociedad en la que vivo (creo: tampoco pondría la mano en el fuego por ello) y me repugna, como a todo el mundo, la violencia ejercida sobre aquellas personas que son especialmente débiles.
Sin embargo, me gustan las corridas de toros porque las considero, como digo, una forma de arte y el arte a mí me interesa cualquiera que sea su expresión. Supongo que si yo hubiera nacido noruego o canadiense, mi propia actitud me parecería repugnante e incomprensible, pero he nacido en el lugar en el que he nacido y mis imbricaciones culturales son las que son. Por eso, como cualquiera en España, comprendo qué son las corridas de toros y qué sentido tienen. Por supuesto, acepto (y no suelo replicar ni pío) cuando muchos de estos que las comprenden, se manifiestan rotundamente en contra. Es que tienen toda la razón del mundo: es un acto bárbaro en el que, aunque no me he tomado la molestia de comprobarlo personalmente, seguramente sucede todo eso que Fernando Álvarez comenta con tino en su artículo.
Es verdad que discrepo en algunas cosas menores de las que dice Álvarez. Pero no voy a señalarlas, porque no quiero rebatir sus argumentos. No quiero entrar ahí, porque sé de sobra que en un debate de esos yo no tengo ni media torta. Al final, él va a tener la razón y yo no. Lo digo con toda la humildad del mundo: es que ni con la mejor de mis retóricas sería capaz de rebatir hechos como ese que a muchos partidarios de la lidia lleva a afirmar que “el toro tiene una muerte digna”.
Pues no, el toro no tiene una muerte digna en la plaza. Es indigna, violenta y humillante para el animal. Como un hombre que van a ejecutar frente a un pelotón de fusilamiento: el que está de espaldas al paredón no tiene ninguna posibilidad de salir vivo. Ninguna. Va a morir y punto. De alguna forma, incluso, el fusilamiento es mucho más razonable en términos de sufrimiento que la lidia de toros. Hay cierta piedad en el hecho de vendar los ojos a un reo. De permitirle, incluso, un último pitillo, unas últimas palabras… Pero al toro no: al toro se lo mata brutalmente sin que ni siquiera él tenga conciencia de lo que le sucede.
Pero un toro es un animal y un fusilado, un ser humano. Y lo siento, pero para mí esto establece una diferencia abismal. El toro es un bicho y sufre. Muy bien: yo me quedo tan ancho ante su sufrimiento. Lo digo sinceramente: yo, como cualquier aficionado a la lidia, antepongo mi deseo de obtener placer estético al derecho del toro a morir dignamente. Es más: me importan un carajo los derechos del toro. Ahora es cuando quien quiera, puede empezar a llamarme de todo, pero esto es lo que siento, y como lo siento, lo escribo aquí.
La pregunta más interesante sería, para mí, la siguiente: ¿por qué yo, que no soy violento por naturaleza, que he recibido una educación culta y que no sufro (que yo sepa) de ningún tipo de desequilibrio psíquico, soy partidario de que se torture hasta la muerte a un animal, por lo demás, espléndido? Pues no lo sé, la verdad, pero no digo que no le haya dedicado algo de tiempo a reflexionar sobre ello. Y tampoco es que haya logrado formular una teoría demasiado sólida al respecto, pero sí opino lo siguiente:
El barniz de civilización que nos recubre es extremadamente frágil y quebradizo. Somos tipos civilizados, pero desde anteayer. Y tampoco tanto. A las pruebas me remito. Cada vez que en un lugar del planeta el orden establecido desaparece por, digamos, una guerra, surge la bestia que llevamos dentro y, además de lo propio de esa guerra (que es básicamente matar al enemigo) aflora el lado oscuro del ser humano: sin nadie que lo impida ni fuerza coactiva que lo evite, se violan mujeres, se roba impunemente, se arrasa por el puro placer de destruir y se da, en suma, rienda suelta a eso que, de alguna forma, en realidad somos.
William Golding lo explicó estupendamente en su novela El señor de las moscas: somos civilizados, pero una bestia late a poca profundidad dentro de nosotros. Está ahí, agazapada, y surge en cuanto se deja de ejercer presión sobre ella.
El interés que algunos sentimos por la lidia de toros debe de tener algo que ver con esto. Los pobres animales sufren, sí, pero, bueno… son animales y el hecho de que simplemente sean animales, convierte su sufrimiento en tolerable para nosotros. Es suficiente para conectar con nuestra naturaleza violenta esencial sin que, por otro lado, nos chirríen demasiadas neuronas.
De acuerdo, es una mierda de teoría. De acuerdo, es una brutalidad lidiar toros. Pero a mí me gustan las corridas.
2008-04-07 08:48
Vaya, no hay nada mejor para un lunes por la mañana que despertarse con un poco de encomiable sinceridad. No estoy seguro si es una reducción al absurdo, pero…
2008-04-07 10:02
Resulta curioso la forma en que lo expones, porque tan propio del hombre es el soltar la bestia que lleva dentro en cuanto puede como justificar sus consecuencias. Y tú separas las dos cosas.
Yo reconozco que aunque me gustan las corridas de toros, y veo la parte de arte que tienen, no puedo soltar la bestia interior y disfrutar.
2008-04-07 10:23
Yo he de reconocer, y lo digo sin ironía, que no puedo hacer otra cosa que respetar (que no compartir) tu punto de vista ante semejantes argumentos. Y lo digo, más que nada porque, en el caso de que las corridas de toros se realizaran con el hombre sin capote ni espada y sin ayuda de los como-se-llamen (los que pican al toro a pie o a caballo), no sólo no lo prohibiría, sino que empezaría a asistir a corridas de toros.
Y si el torero acaba despedazado a cachitos por gracia del toro, exclamaría unos cuantos de nuestros tan españoles “¡Olé!”
Dicho todo esto sin coña, y llámenme misántropo enfermizo, admito que somos colegas de sentimiento (o de fondo, que no de forma) en la idea de las corridas.
PD: Y ahora que lo pienso ¿no era exactamente así en la época romana, lo que se celebraba en el coliseo? Ah, ojalá pudiese viajar en el tiempo y asistir a alguna de aquellas lidias o combates de gladiadores…
2008-04-07 13:49
Se dice que la lidia de toros es arte, pero en realidad que carajo es el arte???
http://www.youtube.com/watch?v=O6vP8CgTonQ
2008-04-07 18:17
La fiesta de toros es poesia.
El toro tiene prerrogativa, y la ejerce a ratos, de empitonar al torero y a veces matarlo.
Y ningun cazador tendria autoridad moral para juzgar las corridas de toros como un acto de barbarie. Menos aun, esos “civilizados” ingleses que se lanzan al galope tendido contra una zorrita, azuzando a cientos de perros para que la destrocen, en un acto de elegancia aristocratica.
Los cazadores no arriesgan la vida; si acaso, estan en peligro de pescar un catarro; pero un torero si la arriesga.
Imaginemos a un cazador apostado en el burladero frente a la puerta de toriles, con traje de camuflage, un rifle 30-06 con mira de precision, esencia de vaca impregnada en la ropa, que dispara y mata al toro; se le acerca y le pone un pie encima mientras le toman sonrientes fotografias.
Los que apoyan este acto de ridiculez y cobardia, los cazadores, no pueden criticar la tauromaquia.
Asi que callados nos vemos mas guapos.
2008-04-07 18:53
Hace unos cinco años vino a Juárez, ciudad de México, frontera con Estados Unidos, Fernando Vallejo, el escritor colombiano. Como muchos saben, Vallejo es un defensor de los intereses (aham, intereses) de los animales. Dentro de su mar de argumentos, dijo: “ Por qué hacer pruebas biológicas y de SIDA con chimpancés y no con homosexuales, si sabemos que los segundos superan en gran número de densidad demográfica a los primeros?”. Habrá quienes disfrutan más ver a un homosexual golpeado que un mono viruliento. Es cierto.
En el sur de Estados Unidos, antes de la guerra civil, era bastante normal ver a negros (africanos) colgados del cuello y linchados. No sé si eso era arte (el debate sobre las expresiones artísticas se vuelve, muchas veces, un discurso de justificación), pero me imagino que sí, era un arte. “Haz patria, mata a un negro”, decían los sureños que, ahora, son cosiderados una parvada de ignorantes.
Pero en fin, qué bueno, los tiempos cambian.
2008-04-07 20:15
Francisco: la caza del zorro (y no sólo del zorro) con perros, en Gran Bretaña, está prohibida por ley desde 2004, así que creo que todavía nos adelantan un par de puntos en civilización.
Cuando yo vea a un torero (o incluso dos, para equilibrar peso, mira) irse a matar al toro con un puñal, sin picas, sin banderillas, sin aligerar de peso, sin burladeros, sin monosabios y sin cuadrillas que lo alejen del torero corneado cuando ésta se produce (porque, lo cornee o no, al toro le van a matar igual), me creeré cualquier argumento que me den los taurinos en favor de la (ja) “fiesta”.
Tampoco me gusta la caza por deporte, ya que estamos. Lo de decir “pues en otros sitios son peores”... bueno, se (des)califica solo.
2008-04-07 20:42
Dices que el hecho de que el toro sea un animal “convierte su sufrimiento en tolerable para nosotros”, pero por qué? A qué se debe esta “conversión”?
Por cierto, yo no soy ni un vegetal ni un hongo y espero que no me mates por ello.
2008-04-07 20:56
Juan: Fernando Vallejo (quien, por cierto, es ya mexicano y ha dejado de ser colombiano) tiene un sentido del humor un tanto peculiar, por decirlo de alguna manera. La homosexualidad es uno de los temas recurrentes en su obra y los homosexuales, te lo aseguro, son en sus novelas maltratados en igual forma que el resto de seres humanos que aparecen en ellas. Vamos, que no me da a mí que la tenga tomada con los gays, me parece a mí...
2008-04-07 21:27
Yo soy muy ignorante en esto de la fiesta taurina, pero he oído que a veces se le concede el indulto al toro, no sé si por ser muy noble o por hacer una corrida excelente; en fin, algo así. Claro, ya sé que es una posibilidad entre un millón, como una lotería, ¿no?
El artículo de Alber, como apuntaba María José, aunque no sé si iba por ahí, tiene esa rara virtud de mostrar que un hombre no es sus ideas; vamos, que uno diría que si Alber fuera a hacer una lista de principios, no pondría en ella justificación ninguna de las corridas de toros: simplemente, explica por qué le gustan. Vi una vez una película, y cómo lamento no recordar nada más de ella que que me plantó en las narices de una forma muy clara un hombre, sus ideas, y esa otra cosa que no sé explicar muy bien que no defendía porque no eran principios suyos (ni querría legarlos, por ejemplo, a sus hijos), pero que entendía, vivía y transmitía.
Y ya me he ido del tema, ¿no?
A ver, ese moderador.
Un beso.
2008-04-08 01:34
Alber: A lo que me refieron con el comentario de Vallejo es a que al final de cuentas nos encontramos con una lucha de paradigmas. Es decir, hay quienes creen que es recomendable matar a un homosexual (no que Vallejo así lo quiera realmente, de hecho no importa mucho lo que diga, porque dice muchas cosas que no tiene sentido) que a un animal.
Peter Singer, un filósofo de renombre, por ejemplo, en una entrevista (y en gran parte de sus libros sobre ética) dice que sería más conveniente salvar a un perro consciente que a un humano inconsciente (es decir, con un problema cerebral que le impida ser un sujeto racional). Claro que le han tachado de racista y nazi, pensarás que se lo merece. Tal vez.
Pero por eso saco el esclavismo estadounidense. A los abolicionistas les llamaron igual, o peor para su tiempo, por defender a un montón de negros salvajes.
Al fina, ni Vallejo, ni los Toros, sino la historia es la que juzga. y es que nadie está excento que las cosas cambien, y que los argumentos hoy dichos sean guardados en el cajón de la ignorancia mañana.
Por último, Paul Feyerabend hace una pequeña aclaración sobre esto: cuando la iglesia mandó a muchos hombres de ciencia a la inquisición, dice Feyerabend, la iglesia no obraba mal, sino que hacía valer el criterio de su tiempo.
Pd. Lo de la nacionalización habría que revisarlo, porque el año pasado ya estaba en trámites de volverse colombiano de nuevo. Aunque, claro está, nunca dejará de ser colombiano.
2008-04-08 02:00
En general no soy melindroso, no me repugna la mierda, ni las cucarachas, ni los mocos, ni las ratas, ni siquiera el fútbol. Pero me da asco la sangre, y cuando cae en tierra más. Que sea de toro, de lamprea, o de abogado matrimonialista da igual, a mí me da asco. Es un asco bastante metafísico, como si me negara a admitir que lo que está vivo deba ‘vaciarse’ así, tan alegremente y cobrando entrada. Quizás sea una delicadeza excesiva por mi parte… o una brutalidad exagerada la de los demás, vete a saber.
En fin, yo comprendo que mis repugnancias hematológicas le importen poco a cierta gente. ¿Tendría que importarme a mí lo que ellos consideran bello? Imagino que la visión de un cuerpo desmembrado no carece de belleza para un caníbal, ¿y?
2008-04-08 19:21
Pues no creo, Manuel, que la comparacion con la caceria descalifique ningun argumento; en ambos casos los humanos matamos animales y no es para comer.
Ya me diras que oportunidad tiene un pajarillo, que lleva comida al nido, al ser derribado con postas emitidas decenas de metros alla por una escopeta tras la que esta un alevoso. Ni siquiera puede piar “que te den …”, ya que lleva el pico con comida.
O la bestia que con un rifle de alto poder, agazapado y a mucha distancia derriba al venado Bambi que se dirigia a tomar agua.
Ni siquiera la senora que le pone una trampa mortal al miki maus de la casa y lo mata tan tranquila.
El torero expone y la gente le grita que se arrime y con un trozo de tela y arte burla las embestidas mortales del burel; hasta que en los ultimos minutos saca un estoque y se tira a matar. Hay veces en que el muerto es el.
No se realmente, Manuel, para que quieres que le den un punal al torero. Sera algun sadismo tuyo, supongo.
Saludos.
2008-04-08 20:54
Francisco: o no entiendes, o no quieres entender, o pretendes no entender, no sé qué es peor.
No comparo la caza con los toros, y además creo que lo has entendido perfectamente. Lo mismo que he dicho que no me gusta ninguna de las dos cosas, lo que seguro has leído perfectamente también (o lo supongo… vista tu respuesta, ya no sé qué pensar).
Digo que usar la existencia de la caza para justificar los toros es una tontería que se descalifica sola.
Es como justificar una dictadura porque otra es mucho peor (de eso en este país se sabe mucho, por cierto).
Te lo repito, por si la primera vez no entendiste: cuando el torero se enfrente al toro él solo, sin cuadrilla ni ayudas, sin el toro desangrado, ojiplático, despistado, mareado… enfrente, con un puñal o con un estoque, me da lo mismo, pero él solo... entonces cuéntame todo lo que quieras, que hasta me lo creo.
En tanto eso no sea así, el sádico es el torero, junto con el resto de miembros de su cuadrilla y quienes le jalean en la plaza. Yo, la verdad, de sádico tengo poco. Quizá me iría mejor siéndolo, no sé.
Saludos.
2008-04-08 20:56
Por cierto, creo que a esto se le llama entrar al trapo...
2008-04-08 21:07
Si, eres de noble embestida.
Saludos.
2008-04-08 21:46
Lo siento, Alber, pero no. El argumento no se sostiene: el animal que llevamos dentro nos puede hacer disfrutar (a muchísima gente sí, desde luego) con las peleas de perros o las de gallos, y eso no significa que debamos justificarlas: es decir, que el hecho de que nuestra naturaleza nos impulse a algo no significa que no debamos refrenarla, salvo que queramos volver a las cavernas (que es otra posibilidad).
Saludos
2008-04-10 15:53
Bueno! Esto me resulta familiar… ¿no era usted el que también prefería un chino cochino antes que la supervivencia de las ballenas?
Pues después de leer esto, creo que muy amigote de los animales no es… ¿no?
2008-04-21 02:01
oigan, lo unico q quiero ver es a dos toreros juntos con dos trapos tratando de cansar al animal y listo, q gusto tienen por matarlo? les hace mas valientes o que?, si se creen valientes lo unico que pido es eso, unicamente eso…o aun un solo torero, y si se muere, pues gritare al toro un buen :“OLÉ” porque se lo merece.
2008-04-21 17:59
Y que, Ioconos, vas a comer carne de torero?
2008-04-26 16:23
Menos mal que es un “alegato a favor de las corridas de toros” aunque a veces parece escrito por un detractor acérrimo. Yo sólo comparto una idea con el autor y es que “me gustan las corridas de toros” y no sólo porque es un arte, sino porque gracias a la existencia de este espectáculo, podemos ver todavía en el siglo XXI a ese bellísimo animal vivo. Si no hubiera corridas, habría desaparecido hace siglos, como desapareció el uro que poblaba toda Europa y del que proviene el toro bravo. Quiero pensar que mis descendientes podrán seguir disfrutando de ese bellísimo espectáculo en el que el hombre se enfrenta a la bestia. Y me gusta que gane el hombre; significa que la inteligencia vence a la fuerza bruta. Porque el hombre muestra un increíble valor, sobreponiéndose al miedo y desplegando todo su arte y maestría.
Los toros son una de las muchas cosas que tenemos en España, que me hacen sentir el orgullo de haber nacido española.
2008-04-27 23:39
Díos mío…