Libro de notas

Edición LdN
El detective del País Borroso por Francisco Serrano

En el último estante de una librería de viejo se encontraron siete cuadernos de tapas rojas escritos a mano, acompañados de notas, extrañas láminas, recortes de periódicos desconocidos y esbozos de artefactos imposibles. El manuscrito narra las peripecias de un detective privado en un mundo sin duda diferente al nuestro, poblado de monstruos y eventos fantásticos. Francisco Serrano se ha arrogado la tarea de dar forma y sentido a estas memorias en “El detective del País Borroso” y Mireia Pérez a ilustrarlas ocasionalmente.

Hongo: Parte Segunda

Devries paladeó el humo. Es uno de los pocos placeres que me quedan, dijo. Quizá porque todavía conservo los pulmones o algo parecido a unos pulmones. Sospecho que pronto comenzaré a respirar por la piel. Quizá de manera por completo anaeróbica. Mira. Abrió la boca para que viera que no tenía dientes, apenas una línea blanca y de aspecto sólido, sus viejas encías endurecidas. El interior de la boca era rosado y liso. Hizo unos aros de humo.
Eso que dices no me tranquiliza demasiado, dije.
Es una sensación vigorizante, en realidad, dijo Devries. He recuperado fuerza y salud…
¿Salud? Desde aquí pareces muy enfermo.
Lo comprendo, dijo. Alia piensa lo mismo. Esta mutación es demasiado extrema para contemplarla con tranquilidad. Pero lo cierto es que todos mis problemas de salud anteriores han desaparecido. Todos mis dolores. Nunca me había sentido mejor.
Y por eso te sientas en la oscuridad y te vistes como una viuda.

Devries me miró. Durante un segundo sus cejas lisas y sin pelo se alzaron, descubriendo unas leves arrugas que desaparecieron al instante.

Tienes razón, dijo. Mi condición tiene sus peculiaridades, sus pequeñas contrapartidas. En realidad no es tan extraordinario. Hogson, el investigador, encontró un caso parecido en uno de sus viajes marítimos. Y Fort catalogó hasta cuatro casos diferentes de…
Por favor, dije. No quiero volver a clase.
Lo siento, dijo con una sonrisa. La costumbre. Lo que intento decirte es que no me ha pasado nada más extraordinario que cualquiera de esos casos que investigas.
Todavía no entiendo cómo ha sucedido
Ya te lo he dicho, dijo. Durante un viaje.
¿Un viaje adónde?
Esto no te va a gustar.
Cuéntamelo de una vez.

Se arrellanó en su silla. Sucedió hace más de un año, dijo. Al oeste de la meseta de Leng, en un malpaís sin nombre que linda con una vieja cordillera de volcanes apagados…
Espera, espera, dije. ¿Qué cordillera al oeste de Leng?

Yo había recorrido la meseta de Leng, en Asia Central, y no había ningúna cordillera que mereciera tal nombre, mucho menos volcanes apagados. Sólo había desierto y ruinas antiquísimas, una especie de monasterio prehistórico y poblados de casas achaparradas de roca negra.

No esa meseta de Leng, no la que tú conoces, dijo Devries. Me refiero a la auténtica.

Quedé en silencio durante unos segundos. Por hacer algo toqué la caja de cigarros con el faraón niño cincelado. La auténtica meseta de Leng, dije.
Sí.
Te refieres a…
Lo que hay más allá del País Borroso.



Devries se refería a sí mismo como un soñador, esto es, como una persona capaz de sumirse en cierto estado de trance que le permitía viajar de manera incorpórea por unas tierras extrañas y lejanas conocidas como el País del Sueño, lo que supuestamente hay más allá del País Borroso. Estos viajes sólo podían recordarlos con dificultad e incluso los soñadores más expertos, y él era uno de ellos, tenían problemas para distinguirlos de un sueño elaborado pero convencional. No todos podían viajar de esta manera, por lo que el tema era una fuente de controversia en la comunidad de investigadores y alquimistas, un constante debate acerca de la realidad estos viajes o, si se aceptaban como hecho cierto, la naturaleza del terreno que recorría el soñador. Para la gran mayoría de soñadores estos viajes se realizaban por una especie de área del subconsciente colectivo, muy profunda, llena de símbolos y arquetipos que habían formado su propia geografía onírica, continentes, mares, océanos, constelaciones brillantes en el cielo nocturno. Al igual que el País Borroso, el rostro secreto de nuestro mundo, en eterna retirada y desvanecimiento, este mundo soñado no sería más que otra faceta de nuestra realidad. Para Devries y otros soñadores lo que habría más allá, este País del Sueño, también conocido como la Tierra de los Monstruos, sería una realidad por completo diferente, otra dimensión, un universo completo en sí mismo, de acceso difícil pero posible mediante técnicas de meditación, matemáticas avanzadas y la toma de drogas. El texto que había desatado esta polémica era Narración de mis viajes en pos de la ignota Kadath del investigador Randolph Carter, publicado en mil novecientos treinta y cuatro, tomado de manera simbólica por unos y literalmente por otros. Yo no podía soñar de esa manera. Mi abuelo tampoco y se burlaba abiertamente de las teorías de Devries.

Pedro, dije. Me lo estás poniendo muy difícil.
Lo sé, lo sé, dijo. Sé lo que opinas del tema. Pero encontré una manera de viajar a ese… lugar. Descubrí que hay gente que viaja físicamente entre los dos mundos, ¿me oyes? Físicamente. No con sueños. En carne y huesos. Hay comercio con las gentes del País de los Sueños. Cuando nosotros viajamos no tenemos más sustancia que un fantasma, que un espíritu, por eso es tan complicado comprender lo que vemos o interactuar con el entorno. Esa gente, esos viajeros, han mantenido el secreto durante siglos. Siglos, muchacho. Pertenecen al auténtico gobierno del mundo, al rey secreto, un dios vivo cuya locura es infinita y cósmica… No pongas esa cara. Sé cómo suena lo que digo pero mira, mírame.

Me mostró las manos blancas y sin marcas, los dedos gomosos y espatulados que sostenían el cigarro humeante. ¿No me concede esto algo de crédito?, dijo. Tú has visto muchas cosas extrañas. No te costará creer mi historia.
Entonces tendré que escucharla de una vez, dije.
Ponte cómodo, dijo. Apagó el cigarro en un cenicero. No creo que salgamos de aquí en varias horas.

Francisco Serrano | 21 de marzo de 2012

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Gul: Parte Tercera [08/03/13]
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