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Educación y transhumanización por Manuel Ángel Vázquez Medel

En el siglo XXI, con la “revolución de la mente” (tras la “revolución del músculo” que supuso la revolución industrial), la educación ocupa el lugar central de todos los procesos humanos. Cada 26 del mes en curso, Manuel Ángel Vázquez Medel, Catedrático en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla, ofrecerá nuevas claves educativas para pensar, sentir, comunicarnos y actuar en la nueva sociedad de la comunicación y de los saberes compartidos.

La autonomía del educando en el proceso de aprendizaje: para una pedagogía de la pregunta

Decía Paulo Freire que “Es necesario desarrollar una pedagogía de la pregunta. Siempre estamos escuchando una pedagogía de la respuesta. Los profesores contestan a preguntas que los estudiantes no han hecho”. La frase, luminosa en sí misma, nos sirve hoy de punto de partida para algunos cuestionamientos y ampliaciones.

Lo primero que captamos en ella es la necesidad de impulsar procesos educativos enraizados en las inquietudes, las curiosidades, las demandas de los educandos; en pocas palabras: su vida. Pretendemos que no perciban las competencias, conocimientos, habilidades y recursos que ellos deben adquirir (con el apoyo del docente) como algo externo y ajeno a su propia realidad, al mundo en el que viven y al mundo futuro al que deben abrirse y deben intuir.

Para lo cual lo primero que debemos realizar es un buen diagnóstico de la situación de partida. Sembrar con provecho requiere conocer las cualidades del terreno que va a acoger la semilla y de sus posibilidades para que ésta germine, así como las exigencias que ello requiere (hay terrenos que necesitan mayor preparación, asistencia, cultivo, riego, etc. para que, dadas sus condiciones, germine adecuadamente). En las próximas citas entendemos las referencias a “enseñar” como el impulso activo al proceso de aprendizaje del alumno, que debe conservar y fortalecer su autonomía personal.

“Enseñar exige respeto a los saberes de los educandos”

Esta segunda frase de Freire nos pone en alerta para saber valorar y respetar la situación de competencias y de conocimientos desde la que partimos. Incluso en sus premisas equivocadas o sesgadas. En ocasiones –es cierto- es preciso derribar lo que hay mal construido para poder edificar un sólido edificio. Pero incluso en estos casos el alumno debe tener un papel activo en el replanteamiento de sus saberes y en el aprovechamiento de sus recursos.

“Enseñar exige saber escuchar”

Parece que todo el sistema educativo actual está orientado a la escucha del profesor: la organización del espacio, del tiempo, de las reglas de interacción en el aula. Sólo de cuando en cuando, como complemento o ilustración de lo que el profesor dice, se le da la oportunidad al alumno de preguntar. Pero no se trata casi nunca de sus propias preguntas, sino de preguntas acerca de un conocimiento que le ha llegado en muchas ocasiones sin tener nada con su vida, sus intereses y sus problemas.

Hay que escuchar a los alumnos: antes, durante y después del desarrollo del proceso de aprendizaje. Escucharles y, por supuesto, ayudarles a escuchar, a dialogar, a respetar la diferencia.

“Enseñar exige la corporeización de las palabras “por el ejemplo””

Precisamente porque no se trata sólo de transmitir información, ni siquiera construir conocimiento (“Enseñar no es transferir conocimiento”), sino de potenciar saberes para la vida, el proceso de enseñanza-aprendizaje debe estar encarnado, no desencarnado, corporeizarse, entroncar con la realidad material que somos en el mundo en que vivimos. Ello requiere superar la dicotomía entre teoría y praxis y desvelar constantemente la utilidad y aplicabilidad de los conocimientos. Hablan Varela y Maturana de una enacción o acción corporeizada: de un entronque profundo de lo que pensamos, sentimos y hacemos, en y con la realidad de nuestro cuerpo.

Todo lo que venimos planteando –y sobre lo que necesariamente hemos de volver- re resumen en la última frase que tomamos hoy de Freire: “Enseñar exige respeto a la autonomía del ser del educando”.

Respeto a su autonomía y a su otredad, a su diferencia, a su singularidad. Para potenciar su capacidad de vivir con los otros, su alteridad, su empatía, su apertura al mundo que requiere seguridad en sí mismo y fortaleza frente a la exposición a lo otro. Para que su constante curiosidad le lleve no sólo a buscar respuestas a sus preguntas, sino también ampliar sus horizontes para que surjan preguntas nuevas.

Sólo de este modo podremos ir avanzando hacia los procesos educativos que requiere la transhumanización, y que deben gestar seres humanos autónomos, libres, responsables; seres humanos con certezas para, desde ellas, cuestionarse constantemente y atreverse al cambio, a la transformación que ya requiere el mundo en el que vivimos. Educamos para procesos de transformaciones dinámicas, y no para el mantenimiento de ningún status quo. Y todo ello será imposible si el inevitable vértigo, el desequilibrio que nuestra vida acelerada nos provoca no está contrapesado y controlado desde la autonomía personal.

Manuel Ángel Vázquez Medel | 26 de octubre de 2009


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