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Dos puntos comillas por Jaime Rubio Hancock

Jaime Rubio Hancock es uno de los periodistas más reputados del país (ignoramos cuál). Cofundador de la revista Playboy, fue director de The New York Times entre 1987 y 1992, cuando se convirtió en el primer menor de edad en dirigir una publicación diaria. Desde las páginas de ese diario se opuso a la guerra de Iraq, destapó la trama del Gal y predijo la Revolución Francesa. Actualmente publica en Libro de Notas cada jueves esta serie de entrevistas que, según nueve de cada diez dentistas, jamás tuvieron lugar.

Un grillo: "¿A quién le importa lo que haga yo en la intimidad de mi hogar?"

La portada de El Mundo (punto es) hace que mis pupilas den un pequeño brinco rabioso sobre el iris. Y es que leo que han aparecido unas grabaciones en las que el grillo Glomeremus se ha dedicado a polinizar una orquídea, en lugar de comérsela. Polinizar. El muy cochino. Lo peor es que el maldito hipócrita es miembro de mi club. Y allí acudo, indignado y —para qué negarlo— también morbosamente curioso.
Me encuentro a ese pequeño fariseo sentado en la sala de lectura, hojeando el ABC y criticando entre trago y trago de brandy a los malditos rojos que quieren romper España y obligarnos a todos a abortar y a pagar por los discos de Ramoncín. Aparto el diario para encararme a él y le suelto así sin más que ya sabemos todos a qué dedica el tiempo libre. “¡Me tendieron una trampa! —Asegura—. Esto no es más que una conspiración de los sociatas para acabar con mi buen nombre. Además, ¿a quién le importa lo que haga yo en la intimidad de mi hogar? ¡La vida privada es sagrada! Como decimos nosotros los liberales, no se tocan ni la cartera ni la bragueta”. No deja de parecerme curiosa esa afirmación, viniendo de alguien que critica los matrimonios entre homosexuales. “No compares. Cada cual que haga en su casa lo que le apetezca. Yo no voy por ahí montando desfiles sobre el amor a las orquídeas, ¿verdad que no? Y sabemos que no podremos casarnos porque el matrimonio es algo que se hace entre grillos macho y grillos hembra, o en todo caso entre peras y manzanas, siendo las peras los hombres y las manzanas las mujeres. O al revés, nunca me acuerdo”. Además, Glomeremus añade que “ni siquiera es lo mismo. Esto no es puro vicio y depravación. La propia BBC dice que se trata de un amor sofisticado. Tú no sabes los cambios por los que hemos tenido que pasar la orquídea y yo para adaptarnos el uno al otro”. Bromeo diciendo que igual es un amor contranatura, ya que lo natural sería que se comiera la flor y no molestarse en adaptarse a algo no previsto por la sabia madre naturaleza. “Mira, rojillo, lo mío no es nada antinatural… Mira si es natural que… Bueno, no sé si debería decírtelo, pensaba esperar unos días y luego invitaros a todos a algo, pero ya que te pones pesado, bah, te lo contaré. Estamos esperando un hijo. ¿Es antinatural si podemos incluso tener hijos? Listillo…”
Ahí me deja sin palabras. Un grillo y una orquídea están esperando un hijo. ¿Qué clase de bicho saldrá? Una especie de seta saltarina es lo único que se me ocurre. “¿No me felicitas?” Admito que me resulta raro. “Míralo, ahora resulta que el progresista de pacotilla es un racista. Me parece increíble”. Ya, pero es que no hablamos de raza. Ni de especie. Ya nos vamos al reino. “¿Y qué? ¿Tú no eras republicano?” Ante mi insistencia y mis incómodas dudas, acepta que vayamos al bar a preguntar a otro habitual del club hasta qué punto es razonable que una orquídea y un grillo se pongan a tener hijos.
En cuanto planteamos la cuestión, el doctor Jakob Adenauer escupe el whisky que tenía en la boca y grita que si nos hemos vuelto locos. “No es la primera vez que se hace un experimento similar —Glomeramus se indigna ante el uso de la palabra “experimento” para referirse a su romance—. Yo ya lo probé hace unos veinte años. Y el engendro resultante —el “¡eh!” del grillo no interrumpe al profesor, que está absorto en sus recuerdos— fue un enorme grillo asesino. Un bicharraco —“¡pero bueno!”— de tres metros de alto con cabeza en forma de flor que iba tragando seres humanos”. Por suerte, el doctor Adenauer encontró una forma de hacer frente a esos monstruos: “En 1986 me vi obligado a inventar los elefantes. No sé si los conoces, son unos animales artificiales de orejas grandes con una trompa especialmente diseñada para estrangular grillorquídeas. Tienen defectos, como por ejemplo que aplastan coches y se vuelven locos en los partidos de polo de la India, pero fue lo mejor que conseguí en tan poco tiempo. Estaba muriendo gente. Mucha gente”.
Adenauer nos deja. En silencio. Con el rostro ensombrecido. Glomeramus y yo nos apoyamos en la barra. Pido un par de vasos de Oban y bebemos, también en silencio. También con el rostro ensombrecido. Dado que el entrevistador soy yo, pido un cubito y tras varios cenicerazos rompo el hielo: “¿Qué piensas hacer, Glomeramus?” “No pienso abortar”. ¿Y los elefantes? “Tendrán que encontrarnos”. Sé que lo harán, y tanto que lo harán: los elefantes son máquinas de matar con enormes orejas detectoras de grillorquídeas, pero también sé que ahora mismo es mejor que no diga nada. El grillo necesita un amigo, aunque sea un amigo comunista, un amigo que no le diga que su hijo morirá estrangulado poco después de nacer. Seguimos bebiendo, conscientes de que después de esa copa, vendrán algunas más.

Jaime Rubio Hancock | 14 de enero de 2010

Comentarios

  1. santiago viteri
    2010-01-14 16:39

    Definitivamente, Jaime, escribes mucho mejor cuando no te tomas la medicación. Yo por si acaso voy a encargar un elefante guardián. Nunca se sabe cuando puede salirle a uno al paso una grillorquidea…

  2. JohnyFK
    2010-01-14 17:25

    Es el principio de una bonita amistad.

  3. chicolini
    2010-01-14 19:23

    Johny vuelve al trabajo, o lo que es lo mismo, a cosechar las calabazas.

    ¿Adenauer bebe Oban? Siempre le creí un científico con clase. Toda la verdad que nos han querido ocultar se va desvelando poco a poco: los elefantes, Adenauer y sus peligrosos experimentos biológicos y los planes quinquenales del politburó.

    No señores, no nos van a engañar más porque hay gente como el Sr. Rubio que está dispuesta llegar hasta donde haga falta para alumbrar los episodios más oscuros de la política internacional, aunque eso le cueste la animadversión de los poderosos y le condene al ostracismo y al escarnio periodístico.

    Ánimo Jaime, ¡el Pullitzer está cada vez más cerca!

  4. Jaime
    2010-01-14 19:36

    Sí, jaja, pero yo soy más rápido, jaja, enteritis.

  5. EED
    2010-01-15 01:17

    “En 1986 me vi obligado a inventar los elefantes. No sé si los conoces, son unos animales artificiales de orejas grandes con una trompa especialmente diseñada para estrangular grillorquídeas. Tienen defectos, como por ejemplo que aplastan coches y se vuelven locos en los partidos de polo de la India, pero fue lo mejor que conseguí en tan poco tiempo. Estaba muriendo gente. Mucha gente”

    Ahí reconozco me he “jartao” de reír.

    Estás hecho todo un crack, Jaime

  6. TCJ
    2010-02-02 13:38

    He llegado a esta página buscando información sobre las grillorquídeas para un trabajo escolar, espero que no me haya seguido ningún elefante.


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