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De ventrílocuos impostores por Mon Falcón

Reflexionando desde una cierta actualidad músico-discográfica, Mon Falcón nos lleva el 24 de cada mes a crear a modo de prosopografía una ilimitada red de influencias, multicopismo y ‘revival’ en la que ensaya sobre la falsa filosofía de la música POPular, sobre qué queda del ‘hazlo tu mismo’, quién engaña a los puristas, y sobre todo ¿qué ocurre a nuestro alrededor y por qué? Los falsos predicadores del rock’n‘roll pueden deteriorar la banda sonora de nuestras vidas… así que ustedes verán hasta dónde quieren saber…

De Raymond Scott (entre el swing de Buggs Bunny y las máquinas de Karloff)

Parte del mes de enero se dedica habitualmente a recopilar innumerables categorías con lo más destacado del año anterior, y muchas veces a rebuscar en aquellas cosas que se nos han podido quedar atrás. Una de ellas es el documental estrenado el pasado septiembre sobre la vida y milagros de Raymond Scott, Deconstructing Dad. The Music, Machines and Mystery of Raymond Scott, realizado por su propio hijo, Stanley Warnow. He de reconocer que jamás había oído hablar de este hombre hasta hace unos años, cuando en 2008 se celebraron los primeros cien años de Raymond Scott, un evento con el que en realidad se conmemoraba el centenario de su nacimiento, y aunque ya falleció en 1994, implicaba que todo su proyecto seguía en marcha. Desde entonces esta figura me ha enganchado como pocas, y aunque el universo de Scott es inabarcable, ahí van unos apuntes.

Raymond Scott es uno de los mayores genios del siglo XX, en lo musical y en lo mecánico. Compositor genial e inventor de máquinas fantásticas y apariencia monstruosa (imprescindibles para generar los sonidos con que interpretar sus obras, para las cuales los instrumentos convencionales no servían). Es también uno de los principales pioneros de la música electrónica y de toda su teoría. (Para ahorrar un poco de tiempo os recomiendo un repaso a la entrega de esta misma columna de mayo de 2008 y sus referencias a la música concreta: De los dos Pierres, Schaffer y Henry) Pero sobre todo es en realidad uno de los más populares compositores de la historia, por la familiaridad con la que todos hemos disfrutado de su obra, aunque totalmente desconocido para la mayoría de los melómanos. Músico total, pianista soberbio, compositor, director de orquesta, productor, ingeniero e inventor. Uno de esos pro-hombres que hicieron avanzar las posibilidades de la música a una velocidad de vértigo. Pero no sólo por sus desarrollos técnicos, sino también por el carácter de sus trabajos. Convirtió el swing y el jazz en un divertimento totalmente accesible para el gran público, mientras sus obras eran en realidad complejas composiciones, su velocidad, sus continuos cambios de ritmo y sus delirantes efectos otorgaban una apariencia cómica que llegaba a todos los públicos posibles, sin distinción de edad o grupo social.

Raymond Scott se llamaba realmente Harry Warnow, nacido en Brooklyn, New York, en 1908, donde su padre tenía una tienda de instrumentos musicales, y sus hijos pronto se convirtieron en precoces genios multiinstrumentistas. Harry comenzó estudios de ingeniería pero pronto los abandonaría por los musicales, y a su finalización fue contratado como pianista de la banda de la radio CBS que dirigía su hermano mayor Mark. Una vez integrado en la banda, comenzó a aportar sus arreglos y composiciones. Para evitar los comentarios de nepotismo decidió firmar sus trabajos como Raymond Scott, en sus propias palabras «el nombre con más ritmo que había encontrado en la guía telefónica». Estas composiciones siempre eran las más alocadas y extravagantes de la banda, que además acompañaba de títulos tan sugerentes y descriptivos como surrealistas. Una de sus primeras composiciones íntegras para la CBS fue “Confusión entre una flota de taxis al encontrarse con una tarifa”. Pero el trabajo para la CBS era insuficiente para el inquieto Harry. En 1938 forma su propio grupo para dar rienda suelta a toda su inventiva, recluta a otros miembros de la banda de la radio y forma un sexteto, llamado The Raymond Scott Quintet, por que sonaba mucho mejor (a menudo cambiaban la denominación por Quintette o Quinteto según el tipo de composición). Con esa formación pudo poner en práctica todas sus inquietudes y delirios. Sus primeras actuaciones fueron directos emitidos por la CBS, y convertidos en éxitos inmediatos de audiencia en sus múltiples redifusiones como las locuras de ‘Dinner Music for a Pack of Hungry Cannibals’ (audio), ‘Celebration on the Planet Mars’ y ‘New Year’s Eve in a Haunted House’. Pero sin duda su tema más popular en el momento fue ‘The Toy Trumpet’ (audio) que se editó como single acompañada de la que posteriormente sería su tema más conocido por sus infinitas adaptaciones, ‘Powerhouse’. El single fue publicado en 1937 por Master Records. Aquí teneis una actuación en la TV de 1955:

Cada aparición radiofónica era un tremendo éxito de audiencia, sus singles alcanzaron cifras millonarias en ventas y eso le animó a seguir desarrollando sus teorías. Scott era una estrella, un genio que saboreaba el auténtico éxito, pero la crítica le vapuleaba por considerar que todo su trabajo era una payasada, un capricho y que solo pretendía reírse de los músicos serios. Tenían razón en cuanto a lo excéntrico de su trabajo y su persona, pero no había personaje más serio que él a la hora de afrontar su trabajo. Componía todo de memoria, no había partituras, y sus músicos deberían memorizar todas y cada una de las notas, sin lugar a las improvisaciones tan propias del jazz, ni a ningún otro tipo de recurso que no fuese clavar exactamente cada composición tal y como el se las había mostrado. Se trataba de jazz descriptivo, en el que cada nota y cada tono tenía que enmascarar otras realidades fácilmente identificables para el oyente. Todo tenía que ser perfecto. De hecho en realidad era un déspota con sus compañeros, a los que necesitaba, pero a los que no toleraba ni el mínimo error. De este modo la banda se convirtió en un carrusel de entrada y salida de músicos que no soportaban ni la presión ni la personalidad de Scott, que sin embargo era todo lo contrario sobre el escenario, donde derrochaba un enorme sentido del humor. Pero es cierto que muchos estaban dispuestos a tolerarlo a cambio del éxito y prestigio que suponía pertenecer a su banda, continuamente solicitada para poner música en películas y anuncios, como las espectaculares ‘Twilight in Turkey’ o ‘War Dance for Wooden Indians’:

The Raymond Scott Quintet se disolvió en 1939, aunque realmente lo que hizo Scott fue convertirla en una Big Band, eran los años dorados del swing, y su éxito se disparó todavía más. En 1943 vende todas sus composiciones realizadas entre el 37 y el 39 a la compañía Warner Brothers, que comenzaría a incluírlas en sus cartoons (dibujos animados), simpre introduciendo sutiles adaptaciones para continuar el ritmo visual, desde las iniciales series Merry Melodies y Looney Tunes (en las que se incluyeron en 120 capítulos), hasta las más recientes Duckman, The Simpsons o The Oblons, y numerosos filmes hasta la actualidad, que superan el millar de apariciones. Todos y cada uno de los recuerdos que tengáis de Bugs Bunny, el Pato Lucas, Porky, Betty Boot, y un largo etcétera están acompañados siempre por las composiciones de Scott, aunque en realidad él jamás compuso su música para esto, pero sus temas resultaron perfectos. De ahí que sea el más popular y escuchado de todos cuantos compositores han existido en el siglo XX, y sin embargo y pese a su gran éxito su figura se mantuvo durante décadas en el más absoluto ostracismo.

Entre 1942 y 1944 fue nombrado director musical de la CBS, abandonando el cargo para continuar con sus composiciones. En un primer momento atendía encargos para filmes y musicales, pero pronto se encerró en su propio trabajo. Durante la década de los 40 comenzó a experimentar con las posibilidades técnicas de la música pop (recuerden, popular) para explotar un período frenético de creación. Y aunque nunca dejó de tener sus formaciones, como la enigmática The Secret Seven (mientras estuvieron en activo sus miembros eran anónimos), o la Raymond Scott Orchestra (siempre con ilustres colaboradores), ya hemos comentado la mala relación que mantenía normalmente con sus músicos, pero afortunadamente la era de las máquinas había llegado para quedarse, y Scott ya no necesitaría formar una nueva banda para interpretar su música. Durante estos años de investigación mantuvo una intensa actividad como productor para diversas compañías, hasta firmar en 1971 con la Motown de Berry Gordy (el sello más importante de música negra) para desarrollar las producciones electrónicas que comenzaban a imponerse en la época.

Hasta aquí sería unha historia más de un genial músico de éxito, extravagante y huraño, convertido en productor multimillornario y demás anécdotas simpáticas (a muchos rockeros les gustará saber que fue uno de los primeros productores de Bo Diddley entre otros muchos). Lo realmente fascinante vendría de modo paralelo. Durante las décadas de los 40 y los 50 mantuvo contactos con otros pioneros como Les Paul (quien desarrolló las guitarras eléctricas tal y como hoy las conocemos) o Robert Moog (inventor de los sintetizadores, entre otros muchos artefactos musicales, y que mantuvo una estrecha colaboración con Scott durante más de dos décadas), ambos mucho más reconocidos hoy en día por el éxito de sus aportaciones e inventos, accesibles a todo el mundo, tanto económicamente como por su portabilidad. Al contrario, los ingenios desarrollados por Scott atendían a la necesidad de dar solución a la inviabilidad técnica de sus creaciones. Desde muy temprano, Raymond Scott había inventado los primeros relojes con alarma de voz, primero, y con música después, sirenas, timbres, juegos electrónicos y pequeños electrodomésticos para la cocina y la hostelería, ingenios realizados siempre para su familia, amigos, y sobre todo sus hijas, pero esencialmente nos interesan sus extraordinarios artefactos musicales. A comienzos de los 50 crea la Manhattan Research Inc., que se vanagloriaba de ser la mayor instalación del mundo dedicada a la creación de música concreta y sonidos electrónicos. Era en realidad la empresa con la que gestionaría sus derechos y patentes, pero tambien un inmenso estudio de grabación y una gigantesca fábrica-laboratorio en la que se desarrollaban todos sus proyectos, o como rotulaban en la entrada más que una fábrica de pensamientos, un centro de sueños donde la excitación del mañana es posible hoy.

En 1946 patenta la Máquina Orquesta. Un sintetizador electromecánico con un teclado que reproducía cualquiera de los instrumentos tradicionales y que incorporaba cintas magnéticas. Es un precedente del Mellotrón que en 1960 desarrolló la escuela francesa de música concreta (y que en los 60 y los 70 emplearon desde los Beatles, los Rolling Stones, The Zombies o Led Zeppelín, y más popularizado en los 70 con bandas de rock progresivo como King Crimson o Yes).

El Karloff era una máquina tan monstruoso como los personajes del actor británico. Era una consola de control que seleccionaba, modificaba y combinaba los sonidos producidos por medios electrónicos, contaba con 200 fuentes de sonido y era capaz de producir rápidamente efectos electrónicos combinados harmónicamente hasta el infinito.

El Clavivox era una evolución desde un theremin construído por Robert Moog. El sintetizador resultante incluye teclado y pedales. El origen era crear un instrumento sencillo, pero paso a paso y con varias mejoras posteriores lo convirtieron en una sofisticada máquina que permitieron los ataques de staccato, alternar vibrato, y mediante células fotoeléctricas modificaba los tonos y muchos otros efectos, además de poder simular cualquier instrumento tradicional. Fue creado en 1952 y patentado en su diseño definitivo en 1956. Aquí teneis una muestra del sonido del Calvivox.

La Videola era, en resumen, una mesa de edición audiovisual, cuando nada de esto existía. Algo así como un piano con un monitor de televisión incorporado que sincronizaba imagen y sonido además de poder parar, reproducir, escuchar, borrar y reescribir sobre la marcha así como proyectarlo todo en directo.

La Circle Machine data de 1959, era en realidad un secuenciador electrónico compacto, capaz de una amplia gama de sonidos sobrenaturales, como se oye en numerosos jingles comerciales registrados durante la década de 1950 y comienzos de 1960. Podeis escuchar una muestra de su sonido y un anuncio de venta del instrumento.

A finales de la década de los 50 tenía casi desarrollado también el Electronium, que era una especie de síntesis entre su Muro de Sonido, el Karloff y el Circle Machine. Fue su obra cumbre en la que invirtió más de 20 años de trabajo. Pretendía crear un artefacto en el que colaborasen por igual el hombre y la máquina en el proceso creativo, y para ello necesitaba crear una especie de inteligencia artificial. En lugar de una piano o teclado tradicional, el Electronium era guiado por una compleja serie de botones e interruptores, dispuestos en filas ordenadas. El sistema era capaz de componer instantáneamente estructuras rítmicas polifónicas, así como tareas programadas. Podéis escuchar una versión del Twilight Turkey interpretado exclusivamente con Electronium. El hombre controlaba las sonoridades, los diferentes ritmos y los timbres, mientras la máquina podía componer, interpretar y grabar al mismo tiempo.

Su desarrollo le costó más de un millón de dólares, pero sin embargo, el Electroniuim fue lo que posibilitó que Berry Gordy comenzara los contactos para en un principio comprar varias unidades del artefacto para la Motown Records, y finalmente Scott fuese contratado como jefe del departamento de investigación y desarrollo electrónico de la Motown. Para ello trasladó todo su laboratorio de New York a Los Angeles, en donde seguiría trabajando en el mayor invento de su vida. En ese momento su salud era ya muy delicada y su ritmo de trabajo fue disminuyendo, aunque sus familiares y amigos dicen que no dejo el trabajo hasta su muerte en 1994.

Pero todavía nos queda otro de sus extraños experimentos. “Shooting Sounds for Baby”. Aclamado por muchos como la quintaesencia del minimalismo musical, era en realidad lo que su título indica, música relajante para bebés. Eran tres volúmenes que fueron publicados en colaboración del Gesell Institute of Child Development en 1964. Para la composición, Scott investigó sobre el terreno todos los sonidos posibles y las respuestas por parte de lactantes para realizar las composiciones, que serían interpretadas con Clavivox y Electronium. Los tres volúmenes se dividen cronológicamente para bebés de 1 a 18 meses, en tramos de 6 en 6 meses. Sus resultados estaban más que comprobados, pero las ventas no cumplieron las expectativas de Scott y el Instituto Gesell, pero aún así la Manhattan Research Inc. aprovecharía para muchas de sus composiciones futuras todas estas texturas. Curiosamente, esta extraña obra fue tomada por Brian Eno y los germanos Tangerine Dream como base minimalista para desarrollar la música ambient a mediados de los 70.

Y todavía nos dejamos otros muchos inventos atrás, como el sintonizador automático de radio, expendedores de productos con voz y un enorme etcétera… que nos llevarían demasiadas entregas. Scott fue un genio enorme, que por arte de magia pasó de la cima del estrellato al más absoluto olvido popular. Solo con su muerte en 1994 comenzó a recuperarse su legado, reeditando algunas de sus obras, progresivamente ya podemos disponer de bastantes títulos en formato digital. Hasta 2008, año en que como a los grandes creadores culturales o científicos, se conmemoró el centenario de su nacimiento, bajo el impresionante lema de The First 100 years of Raymond Scott. Y es que un poco de justicia y reconocimiento nunca viene mal.

Desde ese año se venía preparando el lanzamiento de un documental que recogiese las totalidad de las facetas de Raymond Scott, y con un poco de retraso por fin se ha estrenado a finales de 2010, con la dirección de su heredero Stanley Warnow bajo el título de Deconstructing Dad. The Music, Machines and Mystery of Raymond Scott.

Solo un aviso, prepárense para los siguientes 100 años de Scott.

Web de Raymond Scott. Con toda su discografía, reediciones actualizadas, inventos, artículos y demás.

Mon Falcón | 24 de enero de 2011


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