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De ventrílocuos impostores por Mon Falcón

Reflexionando desde una cierta actualidad músico-discográfica, Mon Falcón nos lleva el 24 de cada mes a crear a modo de prosopografía una ilimitada red de influencias, multicopismo y ‘revival’ en la que ensaya sobre la falsa filosofía de la música POPular, sobre qué queda del ‘hazlo tu mismo’, quién engaña a los puristas, y sobre todo ¿qué ocurre a nuestro alrededor y por qué? Los falsos predicadores del rock’n‘roll pueden deteriorar la banda sonora de nuestras vidas… así que ustedes verán hasta dónde quieren saber…

Fela Kuti. 2ª parte: del highlife al afrobeat

En un mes en que se conmemora el 40º aniversario de la muerte de Jimi Hendrix, el ventrílocuo se debe a sus deudas. Poco nuevo podría decir el muñeco sobre el genio de Seattle, aunque sí mucho más sobre su música que únicamente de su faceta como guitarrista. Pero para no acumular en el ‘debe’ aquí tiene que desquitarse de nuevo con Fela Kuti, y con su música. Si el mes pasado terminamos por centrarnos en su figura y en como se transmite su legado, hoy nos centraremos en su música, prometido. En su evolución, su estructura y su incorruptibilidad. Para entender que era realmente el afrobeat, su evolución desde el highlife, y su posterior desvarío hacia el afrodisco. El auge y caída artística del mayor genio de la música africana, y de como se enterró en vida asegurándose la vida eterna gracias a los más de 80 álbumes que nos dejó para que nunca tengamos suficiente afrobeat.

En primer lugar escuchemos algo de Highlife para comenzar a comprender las raíces de Fela Kuti:

Recordad como todavía en Londres formó su primera banda, Koola Lobitos, con la que fusionaba el Highlife (que como habéis escuchado ya era realmente una mezcla de swing anglosajón con melodías africanas, muy habitual en las colonias británicas del áfrica occidental, sobre todo en Ghana y Nigeria, donde había numerosas orquestas o big bands de Highlife desde el período de entreguerras) con el bebop. Un buen ejemplo de ello es el tema ‘V.C.7’, de entre 1967 y 1968, con alguna aproximación al soul y al rhythm’n’blues:

Con esta banda regresó a Nigeria, y de ahí su primer viaje a los USA. El Black Power y los Panteras Negras de Los Angeles cambiaron su forma de entender el mundo, la sociedad y su propia patria. Pero también las nuevas corrientes del jazz, el hard-bop y el acid jazz, y el rhythm’n’blues primigenio cambiaron por completo su música. Durante dicha estancia, sin saber muy bien en qué momento preciso, los Koola Lobitos pasaron a llamarse Nigeria’70. De hecho las llamadas “The ’69 Los Angeles Sessions” fueron grabadas por los Koola Lobitos, pero ya en el momento de su publicación vieron la luz como Fela Ransome Kuti & Nigeria’70. Su música continúa los mismos parámetros pero se va complicando en sus estructuras, y sobre todo en la temática de sus letras. Quizás el ejemplo más evidente sea el tema ‘Viva Nigeria’ en el que Fela se limita a recitar, para terminar con un revelador long life Nigeria, Viva Africa.

Aunque también encontramos puro highlife, un tanto más rítmico, pero highlife al fin y al cabo. ‘Highlife Time’:

Todas estos temas los podeis encontrar en el fantástico doble volumen “Koola Lobitos 1964-1968 / The 69 La Sessions” (Knitting Factory, 2010)

A su vuelta a Nigeria, cambia el nombre de su banda, y parte de sus miembros, por Africa’70. Así se publicará el primero de sus álbumes oficiales. Un proyecto insuperable, en el que a toda su banda, y su espectacular baterista Tony Allen, la grandiosa percusión de Ginger Baker, una estrella del rhythm’n’blues británico, de la revolución mod y del Swinging London, con bandas como Cream y Blind Faith, en las que compartía formación con Eric Clapton, aunque su verdadera pasión era el jazz, y posteriormente lo fue el afrobeat. Esta colaboración puso a medio mundo tras la pista de aquel loco nigeriano. El resultado fue el álbum titulado simplemente “Live!” de Fela Ransome Kuti & The Africa 70 with Ginger Baker. Toda una declaración de intenciones. Fela tan solo podía concebir su música en directo, y así quiso plasmarla en su primer álbum oficial. “Live!” es funk, es yoruba, es rhythm’n’blues, es un artefacto puramente psych. Nacía el afrobeat amigos. Una introducción de 8 minutos para otros cuatro cortes que superan de largo los 10, y es que había mucho que decir, verbalmente o no. Era la presentación al mundo de una nueva música. ‘Ye ye de Smell’ es un ejemplo perfecto:

Además como complemento aquí tenéis un curioso montaje de dicha gira con imágenes tomadas por el propio Ginger Baker, quizás el único músico occidental blanco aceptado por el presidente negro:

Como resulta evidente en estas composiciones, la rítmica es fundamental, aunque en este álbum, por contar con dos bateristas de excepción, la percusión es bastante libre, con numerosos solos e improvisaciones. Pero las estructuras del afrobeat ya están presentes. Percusiones, metales y cuerdas se van introduciendo de una en una, y cada instrumento crea un bucle en el que continuamente toca los mismo, con el mismo tiempo y ritmo, solo alterado por sus propios silencios. Así el afrobeat solo se entiende como una gran big band, en el que cada instrumento es una capa inmutable, que entra y se va para hacer siempre lo mismo en una compleja estructura de harmonía perfecta. En directo llegarían sus improvisaciones interminables, que podían convertir sus conciertos en auténticos maratones.

Para su siguiente álbum, publicado todavía en el mismo 1970 “Why Black Man Dey Suffer/ Why Man’s Cry” todos los elementos aparecen totalmente ensamblados, además de incorporar a su trouppe de coristas, que interactúan con Fela como una respuesta a sus proclamas. Toda esa estructura la podeis comprender a la perfección en ‘Shakara’, del álbum antes citado:

En 1972 repite experiencia con Ginger Baker, de quién ya hemos dicho que fue el único músico occidental con el que Fela se relacionaba como igual. Muchos lo intentaron, para compartir escenario o estudio como músicos, o normalmente como productores, para explotar la gallina de los huevos nigerianos de oro en Europa y América. Algunos de los más grandes como Brian Eno o Paul McCartney lo intentaron (para el ex-Beatle, eran la mejor banda del planeta), pero siempre salieron mal parados en su trato con Fela Kuti, bien porque pretendían reducir sus grabaciones a un formato de tiempo adaptado a las emisiones radiofónicas, o bien por negarse directamente a que ninguín blanquito interviniese en su música. Ese interés creció no solo con el reclamo de Ginger Baker, si no que en 1974, todo el mundo puso su vista en Africa. Se disputaba el combate del siglo, o más conocido como The Rumble in the Jungle: Foreman contra Mohamed Alí por el título mundial de los pesos pesados. Corría 1974, y el mensaje panafricanista traspasó continentes. El presidente Mobutu, del por entonces Zaire se encargó de poner más dinero que nadie encima de la mesa, y de encender la maquinaria publicitaria. Uno de los puntales empleados fue el afrobeat, la música panafricanista por excelencia, y por supuesto muchos ojos dejaron las copias centroafricanas y mostraron su interés por Senegal, Ghana y sobre todo Nigeria. Muchos de estos músicos, productores o simplemente cazatalentos, sabían que lo más excitante que se estaba producientdo en el planeta musical de la primera mitad de la década de los 70 eran el fenómeno kraut alemán y el afrobeat panafricanista. Pero no nos desviemos, muchos músicos africanos aprovecharon la coyuntura, y muchos occidentales también tuvieron en aquel momento su época más exótica, aprovechando el aperturismo de muchas dictaduras para mostrarse al mundo. Sobra decir que Fela Kuti fue el mas reclamado, pero se negó a participar en un circo que consideraba denigrante para su pueblo.

Todos estos hechos hicieron radicalizar todavía más sus mensajes contra el colonialismo de las potencias occidentales y sus mecanismos capitalistas, las tensiones fueron crecieron y tras sus consecuencias (ya he dicho que esta vez solo hablaríamos de música, no de batallitas) Fela creó su primera gran obra polémica, ‘Expensive Shit’ (del álbum homónimo de 1975) que todavía traería más represalias:

En la cara b del álbum se encontraba este ‘Water No Get Enemy’, en la que podeís encontrar perfectamente esamblados todos los elementos anteriores, pero sobre todo funciona como contrapunto a ‘Expensive Shit’ para que podais comprobar como el tono y el tiempo de la composición cambian totalmente. Resulta mucho más amable, e incluso complaciente y resignada. Una línea con la que habitualmente diferenciaba las temáticas de sus canciones:

En los siguientes años su actividad se multiplicó, así como sus conflictos con las autoridades militares del país. A cada escaramuza o provocación un nuevo álbum de denuncia, era el juego perfecto de acción-reacción-acción que llevó a su máxima expresión entre 1974 y 1978, año en que se produjo el suceso más grave, y que dio lugar a su obra maestra por excelencia, una alegoria a la brutalidad del ejército nigeriano: “Zombie” de 1978, que además en lo musical constituye el culmen del afrobeat, en el que terminan por configurarse todos los elementos de un estilo único. El momento lo requería y la banda respondió como la máquina de ritmos más engrasada que jamás haya existido, para crear la más furiosa de todas las danzas afrobeat, su pieza total, ‘Zombie’:

Como es habitual, cuando algo llega a su cima, no puede más que descender. Desde los últimos sucesos, el colectivo de Fela Kuti se convirtió en partido político, y nuestro protagonista se postuló como candidato a las eleciones de 1979 a presidente de Nigeria. Los miembros de la banda no lo entendieron, y uno a uno abandonaron a Fela Kuti, incluído su mano derecha, Tony Allen (recordad sin Tony Allen no hay afrobeat). De modo que Africa 70 se disolvieron, y Fela Kuti creo una nueva banda Egypt 80, un orquesta que por momentos fué gigantesca, y con la que todavía alargó más la duración de sus temas, acompañándole el resto de su carrera hasta comienzos de la década de los 90.

Cuando era el comienzo del fin llegó un inesperado amigo. Después de Ginger Baker solo Roy Ayers consiguió trabajar realmente con Fela Kuti como un igual (quién no le conozca, era un afamado vibrafonista de jazz, que fué evolucionando hacia el funk, compuso bandas sonoras para filmes de Blaxploitation de cierto éxito, como Coffy y que desde finales de los 70 había evolucionado hacia la música disco). Ambos llegaron a crear a medias la compañía Uno Melodic Records, que funcionó durante la década de los 80. Curiosamente junto Ayers se adentraron estilísticamente en el afrodisco, que paradójicamente había comenzado a desarrollar su pupilo y mano derecha Tony Allen. Su mejor trabajo conjunto es “Music of Many Colors” (MCA/UMR, 1980), en el que realmente se adelanta la cultura de club, las raves y ciertos elementos del house de Chicago que asolarían el mundo diez años despues, pero ’2000 Black Got to be Free’ (que en realida dura 18 minutos, no como en esta edición para youtube) se convirtió en la cumbre para el género afrodisco, nunca superada para frustración de muchos:

Continuaron los conflictos con las autoridades, puesto que sus temas continuaban siendo proclamas incendiarias, pero musicalmente menores. Incluso en este período se evidencia un retorno a la sencillez del highlife. Al fin y al cabo todo el mundo vuelve a sus orígenes, no? Continuó su carrera política sin ningún éxito, y en lo artístico, ya en la segunda mitad de los 80 su popularidad creció por todo el mundo. De la mano de Ayers comenzó a sonar en los clubes más modernos del mundo anglosajón. Sin embargo aquel momento ya había pasado, y su propia música menguaba a pasos agigantados a la par que los homenajes y el reconocimiento aumentaban. Quizás su mayor éxito de esta última etapa fué el “Beasts of No Nation” una suit contra el apartheid, y que era una acusación directa contra Margaret Thatcher, Ronald Reagan y Pieter Willen Botha (presidente sudaficano):

Las colaboraciones con Ayers fueron casi una escapada de su propia realidad. Las represalias del asunto “Beasts of No Nation” fueron terribles, más aún para un Fela Kuti que ya estaba enfermo de SIDA, y que siguiendo sus propias convicciones, siempre negó y por lo tanto jamás acceptó tratarse. Terminó por consumirse en su propio mundo.

Un final un tanto ambiguo para una figura descomunal. Pero es que eran otras latitudes del mundo. Y desde allí es aún más dificil cambiar el rumbo de la historia, aunque este rebelde incómodo quizás haya conseguido algo através del afrobeat, a pesar de que muchos se empeñen en vendernos lo que no es afrobeat. Quizás esa sea otra de las conspiraciones que siempre denunció Fela Kuti.

Mon Falcón | 24 de septiembre de 2010


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