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De lo animal, lo humano y lo divino por José Fco Zamorano Abramson

Psicólogo y músico. Doctorando en comportamiento animal (Etología). Su trabajo se enfoca principalmente en el comportamiento social de los Cetáceos (ballenas y delfines) y otros mamíferos marinos. Tratará aquí, cada día 2, de cuáles son las “pautas que conectan” el comportamiento del ser humano con los demás animales, sustentando la idea de la “interrelación” entre todo lo vivo, a partir de una integración de diversas disciplinas tales como la Etología, la Psicología y la Ecología.

El triunfo de Baco o los (monos) borrachos

El consumo de alcohol forma parte del estilo de vida de la mayoría de las culturas humanas, y su origen se remonta, por lo menos, a 4000 años A.C. Pero ¿cómo fue que descubrimos este placer que nos acompaña desde tiempos milenarios? La mitología cuenta que el Dios Griego Dionisios, llamado también Baco por los romanos, tenía la misión divina de mezclar el vino y la música para poner fin a las preocupaciones y al exceso de control y cuidado que caracteriza la vida cotidiana. Dionisios era conocido en la antigüedad como el libertador, ya que su función era liberarnos de nuestro ser normal mediante la locura ritual, el éxtasis y, por supuesto, el vino.

Pero los humanos bebemos alcohol desde mucho antes del culto a Dionisios. Se han hallado pinturas rupestres que representan la recolección y almacenamiento de la miel, por lo que una de las teorías que se suponen es que en la antigüedad alguien por casualidad probó miel fermentada y le gustó, con lo que bastó solamente que se le ocurriese añadirle agua para transformarla en una apetitosa bebida. Se dice que la cerveza fue descubierta accidentalmente como subproducto de la fabricación del pan, pero hay quienes afirman que fue justamente lo contrario, que fue inventada antes que el pan y que por mucho tiempo, incluso, se utilizó como alimento mas que como bebida de celebración. Hace ya más de 6000 años, en las márgenes de los ríos Tigris y Eufrates, los sumerios elaboraban y consumían cerveza. Se tomaba con cañas, ya que no se filtraba y contenía granos de la fermentación flotando en su superficie (¿vendrá de ahí la costumbre española de “las cañas”?). Encontramos muchas otras referencias antiguas. La cerveza formaba parte de las provisiones del Arca de Noé, el Rey babilonio Hammurabi dispuso normas sobre la fabricación de esta bebida, cuya elaboración tenía carácter religioso y era realizada por sacerdotisas y, según una tabla asiria fechada 2000 años A.C. también existen pruebas de que los chinos producían una clase de cerveza llamada “Kiu” hace más de 4000 años, la cual se fabricaba a base de cebada, trigo, espelta, mijo y arroz. Cuentan que Cristóbal Colón, al llegar a las Islas del caribe, descubrió que los indios americanos ya tomaban una bebida fermentada hecha con maíz. La palabra y el descubrimiento del alcohol propiamente dicho se la debemos agradecer (al menos algunos) a los árabes, que en el año 800 descubren la destilación del vino y obtienen bebidas de más alto grado. Pero quizás más que a los dioses, o a alguna cultura en particular, el descubrimiento de la costumbre de beber alcohol está más arraigado en nuestra naturaleza animal de lo que creemos.

Nuestra cultura esta llena de historias, cuentos y chistes sobre animales borrachos, que no son más, en general, que representaciones de humanos en este particular estado. Pero más allá de estos chistes hay anécdotas sorprendentes que dan cuenta del gusto compartido de algunos animales por el alcohol. Ya Chales Darwin había comentado en su libro El origen del hombre una observación acerca de que los monos tienen un “fuerte gusto” por las “bebidas espirituales” y también por la cerveza. Algunos científicos piensan que todas estas anécdotas no tienen una base real, y que muchas son incluso exageradas por los documentales para entregar una imagen distorsionada de los animales. La mas famosa quizás sea la historia de elefantes y otros animales que viajan en hordas a comer las frutas fermentadas de árboles de Marula en el Parque Nacional Kruger de Sudáfrica. No está claro si esta historia es verdad o es pura ficción ya que algunos científicos han calculado que, dado el tamaño del elefante y su metabolismo y el contenido de alcohol en la fermentación de Marulas, un elefante promedio tendría que comer más de 700 unidades de frutas para obtener, al menos, una borrachera que “valga la pena”, lo cual está lejos de la cantidad normalmente ingerida por estos paquidermos. Quizás estas imágenes obtenidas en un famoso documental sean la excepción mas que la regla en África:

Aparte de estas historias anecdóticas, hasta ahora existe poca evidencia científica de que los animales acudieran en grandes grupos a comer y a emborracharse con las frutas fermentadas. Por el contrario, los pocos estudios realizados parecen indicar que o bien los animales no tienen interés o tienen un rechazo natural a las bebidas alcohólicas. Se preguntó a varios primatólogos si habían visto alguna vez a los animales buscar y consumir frutas fermentadas: de 22 especies estudiadas ninguna lo hacía. Los estudios de murciélagos también han constatado que los animales rechazan los alimentos con concentraciones elevadas de alcohol, a pesar de que estos mismos alimentos tienen los niveles más altos de azúcar. Volar en la oscuridad ya es una tarea suficientemente difícil como para más encima realizarla estando ebrio pero, a veces, los murciélagos de la fruta de Egipto se enfrentan con el desafío de navegar en la noche mientras están borrachos por accidente debido a que la fruta que han ingerido estaba muy fermentada. Para paliar este efecto los murciélagos consumen fructosa, un tipo de azúcar que les ayuda a desintoxicarse rápidamente del alcohol. Más les vale, porque en la naturaleza un murciélago borracho es casi un murciélago muerto.

Hasta hora se sigue afirmando que el consumo de alcohol no es una práctica común entre los primates y los demás animales y, más bien, es un hecho poco frecuente. Pero una nueva investigación publicada en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias, muestra que al menos a unas criaturas en los montes de la selva tropical de Malasia les gusta bastante disfrutar de unos tragos nocturnos. Todo se descubrió cuando unos científicos notaron un olor a levadura que salía de una palmera, ahí vieron una sustancia espumosa, muy parecida a la espuma en una jarra de cerveza. Resultó ser que el néctar de la palma tenía 3,8% de alcohol, es decir, tanto alcohol como el que tienen algunas cervezas. Los científicos siguieron a dos pequeños mamíferos, una musaraña y un loris. Lo increíble fue que los animales acudían varias veces durante cada noche a beber el néctar de la planta. Regularmente se tomaban el equivalente a cerca de nueve bebidas por noche, pero a pesar de esto no mostraban señales de embriaguez . Este camarero botánico sabe bien cómo complacer a sus clientes hasta el punto de que siete especies de mamíferos en esa selva acuden cada noche a beber a grandes tragos de alcohol y regresan hasta tres veces durante la misma noche. Y ¿con qué pagan sus copas nocturnas? Mientras los animales se beben gustosos esta cerveza natural de palma, actúan como polinizadores de la planta. Así que los animales reciben comida, y la planta conserva sus polinizadores. La musaraña es una reliquia viviente de los mamíferos de los que los primates – y, finalmente, los seres humanos – se separaron. Así que este descubrimiento podría dar cierto peso a la hipótesis de que nuestro amor a las buenas bebida tiene una profunda historia evolutiva que trasciende nuestra especie. El biólogo Robert Dudley, dice que este estudio es el primero en demostrar su teoría del “mono borracho” en la que afirma que nuestra atracción por el alcohol ha evolucionado a partir de un momento en que los seres humanos que habitaban los bosques buscaron plantas ricas en energía. El sabor del alcohol, podría servir como señal de que una fruta había llegado a un alto contenido calórico. Esta predilección por las frutas fermentadas pudo, en el pasado evolutivo de nuestra especie, habernos conducido a una adicción saludable al consumo de alcohol pero, al igual que ocurre con nuestra adicción a las grasas, conductas que alguna una vez pudieron haber sido útiles, hoy en día pueden ser poco adaptativas y tornarse en contra nuestra.

Hay casos en el reino animal con mayores efectos neurológicos del consumo de alcohol, llegando a verdaderas borracheras. En 2004, Reuters informó de que un oso negro se había desmayado en el Complejo Lago Baker, en el Estado de Washington después de beberse varios galones de cerveza. En octubre pasado, la Associated Press informó sobre seis elefantes de la India que entraron a mansalva un galpón en en el estado nororiental de Meghalaya en donde se guardaba una cerveza casera de arroz, se la bebieron y salieron ebrios dando tumbos por la ciudad, arrancando un poste de electricidad y llegando incluso a electrocutarse.

También se han documentados casos de ardillas que por accidente se emborrachan:

Sorprendente es la historia de macacos que, ya no por accidente, se han vuelto buscadores de fruta fermentada en la basura.

Esta tendencia ha sido más profundamente estudiada de forma experimental. Así se permitió a monos tanto hembras como machos tener acceso al etanol en un momento específico del día a modo de “happy hour” y se registró la cantidad de alcohol ingerido por éstos. Luego, en otra etapa del experimento, otros monos fueron dejados a solas en el momento del happy hour. Los monos encerrados a solas bebieron hasta tres veces más que los monos encerrados en grupo, mientras que en otros monos que estaban en grupo intervenían otros factores tales como el estatus social o la dominancia. Si bien los encerrados a solas tendían a beber más que los encerrados en grupo, algunos individuos bebían más, independiente de qué lugar ocupaban en la jerarquía o de si eran encerrados a solas o en grupo. Algunos monos llegaban a tener más del 0.8 de nivel de alcohol en la sangre, más de lo que permite la ley en Estados Unidos y en la mayoría de países. Era bastante común ver a algunos de los monos beber hasta andar balanceándose de un lado para otro, dar tumbos e incluso perder el equilibrio hasta caer y también vomitar. Unos pocos de los monos mas bebedores tomaban hasta quedarse dormidos tumbados en el suelo. Al igual que los humanos, los monos solían beber más después de períodos de mayor estrés tales cómo los días de largas pruebas o después de un fin de semana de pruebas de laboratorio. Al dejarlos sin etanol, los monos también mostraban síntomas de abstinencia similares a los encontrados en humanos.

Pero no hace falta experimentar con monos en el laboratorio para encontrar similitudes con nuestro comportamiento a la hora de beber alcohol. Basta con observar el caso más documentado de una adicción al alcohol en la naturaleza: el encontrado en un estudio llevado a cabo por mas de 30 años en los monos vervet de St Kitty. Tras las lluvias, algunas cañas de azúcar se fermentan, momento que aprovechan los monos para salir al bosque en su busca y embriagarse al masticarlas. El 17% de la población de monos vervet muestra claros síntomas de alcoholismo, curiosamente la misma proporción de alcohólicos hallada en Suecia. Otros paralelismos con nuestra especie empiezan a aflorar; por ejemplo, algunos de los machos, una vez que están ebrios, golpean a sus hembras e incluso a sus crías. Además, parece que la susceptibilidad a ser alcohólico tiene componentes genéticos familiares. Lo más impresionante es que hoy en día satisfacen esta adicción ¡asaltando los bares locales y robándole las copas a los clientes! Algunos monos harán cualquier cosa por conseguir una copa mientras que, por el contrario, otros son abstemios y rechazan en toda circunstancia el alcohol. Sorprendentemente, los porcentajes de consumo de alcohol, en general, también son similares a los humanos, tanto en el número de abstemios como en los demás “tipos”. Por ejemplo, la mayoría son bebedores moderados, el 12 % son bebedores habituales y 5% son alcohólicos que, si pueden, se beben hasta la última gota y el agua del florero (como diríamos en Chile, beben más que orilla de playa). Supuestamente, al igual que en estos monos, nuestro gusto por el alcohol comenzó cuando descubrimos los frutos fermentados del bosque. La gran diferencia con nuestra especie es que los monos más alcohólicos se vuelven los líderes mas respetados dentro del grupo (aunque en muchos grupos humanos los hombres que beben mucho también son hasta cierto punto respetados, sobre todo si resisten altas dosis de alcohol).

¿Es realmente esto tan distinto de nuestro comportamiento? Juzguen ustedes mismos. En todo caso de lo que estamos seguros es de que Baco fue lo suficientemente generoso como para no excluir a los demás animales de su regalo. ¡Salud por eso!

José Fco Zamorano Abramson | 02 de marzo de 2010

Comentarios

  1. Iván
    2010-03-03 01:59

    Jajaja! Muy buen artículo! Bastante informativo, con una buena pizca de humor!

    +1

  2. rafa
    2010-03-04 04:02

    ¿Chimpancé de última generación?

    A rehabilitación, mono bebedor y fumador
    REUTERS

    Periódico La Jornada
    Sábado 27 de febrero de 2010, p. 9
    Moscú. Un chimpancé ruso fue enviado a rehabilitación por los cuidadores de un zoológico para quitarle sus hábitos al cigarrillo y a la cerveza, informó el viernes un popular periódico. Zhora se volvió agresivo en el circo donde estaba cautivo y fue llevado a un zoológico en la ciudad de Rostov, donde tuvo crías, aprendió a dibujar con rotuladores y adquirió los vicios. “La cerveza y el cigarro lo estaban arruinando”, publicó el diario y añadió que fue trasladado a la ciudad de Kazán para un tratamiento de rehabilitación.

  3. Javier
    2010-03-17 03:07

    Por favor que alguien que comió la ardillarrrr….

  4. javier
    2010-03-17 03:13

    perdón quería decir:
    que alguien me diga que comió la ardillarrrr….
    es que con tanta borrachera me comí alguna palabro…

  5. José FZA
    2010-03-22 23:17

    Hola Javier, lamentablemente no sé que comío la ardilla, pero los elefantes y los demás animales comen Marula (Sclerocarya birrea), también le llaman el árbol y el fruto de los elefantes. Si lo quieres probar bebe Amarula, es el licor de crema sudafricano preparado con la fruta destilada del árbol, es tan bueno que incluso fue premiado por tercer año consecutivo en el célebre concurso International Wine and Spirit Competition (IWSC) 2008.

  6. ANDY
    2013-07-27 04:41

    hola Jose, podrias escribir acerca de las emociones autodestructivas del humano, del suicidio, depresion, etc.

    muchas gracias



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