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De lo animal, lo humano y lo divino por José Fco Zamorano Abramson

Psicólogo y músico. Doctorando en comportamiento animal (Etología). Su trabajo se enfoca principalmente en el comportamiento social de los Cetáceos (ballenas y delfines) y otros mamíferos marinos. Tratará aquí, cada día 2, de cuáles son las “pautas que conectan” el comportamiento del ser humano con los demás animales, sustentando la idea de la “interrelación” entre todo lo vivo, a partir de una integración de diversas disciplinas tales como la Etología, la Psicología y la Ecología.

La venganza de los elefantes

Corría el año 2004 y los habitantes del poblado de Bunyaruguru del oeste de Uganda solían viajar tranquilamente en bicicleta al poblado contiguo de Katwe. Todo cambió cuando un día una manada de elefantes sorpresivamente irrumpió y literalmente “asaltó” la aldea. Los animales salieron de entre los arbustos sin previo aviso, derribaron las chozas y destruyeron los huertos, no dejando tras su paso más que un rastro de destrucción. A partir de ahí los elefantes comenzaron a tomar y con ello a bloquear regularmente la carretera a Katwe, asustando e impidiendo que los aldeanos se volvieran a atrever a pedalear por ese camino.

Si bien este tipo de ataques de manadas de elefantes en aldeas ha sido un hecho más o menos habitual, hasta ahora éste siempre había estado asociado a la competición por alimento y/o territorio, ya sea como consecuencia de un aumento en su población o por la expansión previa del ser humano y la ocupación de los territorios en que habitan los elefantes. Sin embargo, esta vez no lo hicieron para conseguir comida. En Uganda, por ejemplo, es cada vez mayor el número de elefantes que están bloqueando rutas, destruyendo asentamientos y atacando viviendas, sin justificación o motivación aparente alguna, si se toma en cuenta que la población de elefantes nunca había sido tan reducida y que, además, el alimento nunca había sido tan abundante como ahora. El hecho de que en la década de los 60 la densidad de elefantes fuera muy elevada y aún así hubiera pocos informes de agresión hacía díficil explicar por qué justamente ahora los elefantes se habían vuelto tan salvajes. Además, este caso no constituye un hecho aislado sino que, por el contrario, nos encontramos ante un aumento masivo de este tipo de ataques en toda Africa.

¿Cuál puede ser el origen de todo esto?

Todos estos elefantes “conflictivos” compartían algo en común: en algún momento de su vida han sufrido lo que podemos llamar “una experiencia traumática”, en concreto, habián sido testigos de la muerte violenta de algún miembro de su familia a manos humanas o se habían quedado huérfanos debido a la caza furtiva o a los sacrificios selectivos. Los elefantes son animales eminentemente sociales. Las hembras y sus crías viven grupos matriarcales muy cohesionados, llegando a forjar vínculos sociales tan fuertes que duran para toda la vida. Dentro de estos grupos familiares, las crías aprenden, a través de sus madres, tías, primos y sobre todo a través de la matriarca, la hembra con mayor experiencia en la manada, muchos de los comportamientos que les serán fundamentales para su supervivencia.

El comercio de marfil diezmó las poblaciones de elefantes salvajes en África, lo que sumado a la caza furtiva, los sacrificios y los programas de traslados de individuos ha marcado de forma increíble a varias generaciones de estos animales. Específicamente en Uganda, la caza furtiva ha reducido drásticamente el número de elefantes en un 90%en los últimos 30 años. Ahora sólo quedan 400 animales y un tercio de ellos son menores de 5 años, muchos de los cuales son huérfanos. En todo el continente muchas manadas han perdido a la matriarca y han tenido que sobrevivir con una sucesión de madres adolecentes inexpertas, que han criado (o malcriado) a las nuevas generaciones. La falta de machos adultos, por su parte, ha llevado a que bandas de machos jóvenes se vuelvan muy agresivos (está documentado cómo la existencia de una fuerte jerarquía evita la manifestación de comportamientos agresivos) tanto entre ellos como hacia otras especies. Hasta un 90% de los machos de elefantes jóvenes mueren en peleas con otros machos. Parece pues que nos encontramos ante una generación de “delincuentes juveniles”.

Podemos encontrar más ejemplos de comportamientos impulsivos y agresivos en estos animales. En el pueblo de Marongi (noreste de India) una docena de elefantes penetraron y asaltaron unas bodegas, bebiéndose varios litros de cerveza de arroz que estaba envasada en jarras. Luego, ebrios, aplastaron en su camino todo lo que se les cruzó a su paso, matando con ello a una mujer y dos hombres. Según cifras oficiales al menos 150 personas de esta región en los últimos cinco años han muerto como resultado de ataques de elefantes. Pero donde más documentados están estos arranques de ira es en los elefantes de circos, a los cuales no sólo se les extrae de su medio natural y de su familia para encerrarlos de por vida, sino que, además, son forzados a realizar conductas antinaturales a su especie, la mayoría de las veces por medio de golpes sistematicos con ganchos de metal e incluso con descargas eléctricas. Apenas se les presenta una oportunidad, estos expresan claramente sus sentimientos, enloqueciendo y matando a sus adiestradores, hiriendo a gente del público y acorralando a algunos de los niños y padres que asisten al espectáculo. De hecho, desde 1990 al menos 11 personas han muerto y muchas otras han sido lastimadas por ataques de elefantes cautivos. Como es de suponer, siempre ocurre que tras estos ataques los elefantes mueren a tiros.

Es bien sabido que este animal tiene una excelente memoria, pudiendo recordar hechos y personas al menos hasta pasados 12 años. Esto significa que estos animales podrían recordar perfectamente las trágicas experiencias acontecidas tanto a su familia como a ellos mismos y que, por lo tanto, respondan con su actuación a lo que podríamos llamar “venganza”.

Algunos expertos no dudan en afirmar que estos elefantes sufren de síndrome de estrés postraumático, provocado por el estrés que experimentaron a una edad temprana. Experimentos en animales en cautividad sugieren que el estrés experimentado durante la juventud puede dar lugar a problemas neurológicos y a cambios de comportamiento que se asemejan a los trastornos de estrés postraumático en los seres humanos, provocando depresión, ansiedad y agresividad, entre otras cosas. El caso de los ataques del elefante africano parece situarnos, por tanto, en el primer diagnóstico documentado de este tipo de trastorno en un animal salvaje. Se han registrado problemas similares en India, donde los pobladores, tras haberlos cazado durante décadas, viven ante el temor de ataques mortales de esos animales. Apoya esta hipótesis, por otro lado, el hecho de que en áreas en las que los elefantes no han estado en contacto con los humanos durante décadas, estos se muestran más tolerantes y sociables.

La forma en que las autoridades se están ocupando de esta situación puede estar haciendo que empeoren aún más las cosas. Como es usual se toma el camino más fácil: se dispara a los «elefantes problema» para así apaciguar la ira de todo el pueblo. Pero el problema de la venganza humana sobre los elefantes vengativos ha probado ser del todo errada, pudiendo tener enormes consecuencias sobre el resto de los miembros de su familia, y creando, con ello, un circulo de violencia aún más grande. Ya lo decía Gandhi, “ojo por ojo y el mundo se queda ciego”. Un ejemplo claro de espiral de violencia es lo que se vive hoy entre los elefantes del parque nacional de Amboseli y la tribu de los massai, quienes asesinan entre 20 y 30 elefantes por año debido a que los elefantes matan a sus vacas, ¿a consecuencia de lo cual los elefantes, matan a sus vacas? Algunos dirían que sí ante casos documentados como el de la elefanta que había matado tres vacas tras la pérdida de una cría durante una matanza masiva que llevaron a cabo los massai. Como medida paliativa y con el fin de detener esta escalada de violencia, se ha creado un sistema de compensación económica para los massai que pierdan una vaca ¿Pero podremos llegar a la solución definitiva y llegar de alguna manera a un entendimiento mutuo entre el hombre y el elefante?

Lovelock, el padre de la teoría GAIA en su último libro “la venganza de la tierra” apunta al hecho de que es suficiente que el planeta haga un solo gesto para que en una fracción de segundo lleve la muerte a millones de personas. Parece ser solamente una metáfora, pero algunos de sus habitantes quizá estén actuando legitimamente como sus “emisarios” y, a partir de sus propias emociones y recuerdos, parecen haber tomado la decisión de vengarse contra nuestra especie, para “despertarla” de su actual estado de inconciencia. Si esto fuera así el elefante ha asumido por mérito propio el papel de ser su pricipal mensajero y defensor.

http://news.nationalgeographic.com/news/2006/08/060830-elephant-video.html
http://news.nationalgeographic.com/news/2008/04/080425-elephant-video-wc.html

José Fco Zamorano Abramson | 02 de mayo de 2008

Comentarios

  1. María José
    2008-05-02 23:51

    Un análisis muy interesante. Esto me recuerda la tendencia que hay siempre ha simplificar los problemas reduciéndolos a mera disposición de recursos materiales. Luego nos soprende que cuando la parte material está cubierta el resultado no sea el esperado. Los causas de la conducta son más ricas y variadas que la mera lucha por los recursos. Cuantas veces hemos oído eso de “si yo hubiera tenido de niño lo que tienen ahora…” Pues, probablemente haríamos algo parecido a lo que hacen los niños ahora.

  2. Marcos
    2008-05-03 19:18

    A mí estas cosas me reafirman en pensar que somos animales, muy animales, y que cuanto más sé de los otros animales más me convenzo de que el intentar alejarnos de ellos, el intentar acallar los instintos por completo, no lleva a nada bueno.

    Saludos

  3. JFZA
    2008-05-05 20:31

    Así es, justamente casos como el del elefante demuestran que al igual que nosotros, otras especies no solamente tienen necesidades o carencias materiales sino también sociales y “afectivas”. Estas variables “psicológicas” en otros animales por lo tanto hay que tomarlas en cuenta a la hora de diagnosticar y de proponer una solución integral a problemas de conservación y/o de conflicto con el ser humano.

  4. JFZA
    2008-05-05 20:57

    Siguiendo tu idea Marcos, lo que siempre me ha llamado enormemente la atención es la paradoja que resulta de frases cómo “esta persona se porta como un animal”, emitidas generalmente cuando la gente se quiere referir a cosas negativas cómo la agresión, glotonería, la conducta sexual desinhibida, la competitividad etc. y por el contrario “pero si este animal es cómo un ser humano” cuando se quieren referir a conductas valoradas positivamente cómo la demostración de afectos maternales, la ternura, el juego, comportamientos “inteligentes” o cuando los animales cooperan entre sí. Creo que esto deja muy en claro la falsa dualidad humano/naturaleza que creamos, lo injustos que somos en esta división de atributos y de alguna manera no hace más que confirmar la famosa “neurosis” de la que tanto habló Freud.

  5. María José
    2008-05-08 06:52

    JFZA, últimamente también se suele hacer lo contrario, idealizar todo comportamiento que nos acerca más al resto de animales, muchas veces para justificar un modelo que nos gusta más buscamos un animal que haga eso. Y en esta misma línea cualquier alteración de la naturaleza hecha por un animal es natural, pero la humana, no. Por ejemplo, un nido se ve como algo natural y un rascacielos no.

    Marcos, no deja de ser curioso lo que dices: “el intentar acallar los instintos por completo no conduce a nada bueno”. A mí esto siempre me parece un poco contradictorio porque de alguna forma esta tendencia a acallar los instintos parece bastante consustancial a la naturaleza humana y, por tanto, en cierto modo estamos siguiendo nuestra propia naturaleza, ¿no?

  6. Luis Alberto Gonzalez Hernandez y Ana Karen Garcia Marquez
    2008-05-08 08:05

    La venganza de los elefantes trata sobre el mal trato de los humano hacia estos animales, y lo que pasa es que estos animales tienen muy buena memoria y si le llegas hacer algo siempre se van acordar de ti y si tienen una oportunidad de vengarse lo van hacer un ejemplo claro son los circos, tambien otro serian los cazadores.
    Los humanos pensamos que todo es su culpa pero en realidad es nuestra por que no los entendemos y tratamos de hacerlos hacer lo que nosotros queramos y ellos por su naturaleza son asi y por eso se ponen agrasivos.
    Tambien cuando estan en tiempo de reproduccion los machos aumentan demasiodo su testosterona y se vuelven muy agresivos, y pensamos que tienen el mismo humor y a lo mejor les hacemos bromas que para nosotros son blancas para ellos son un insulto y mas que estan demasiados agresivos.
    Pero siempre vemos en los errores de los demos y no nos damos cuenta de que es nuestra culpa todo lo que esta pasando en el planeta.

  7. Magali Paredes- Alma Sanchez
    2008-05-08 08:07

    Este articulo es interesante debido a como es posible que los elefantes esten atacando y cerrando el paso eso nos hace pensar que ellos mismos se esten dando cuenta como la poblacion de este lugar estan acupando cada ves mas su territorio y ellos se dan ya que algunas personas solo llegan a cazarlos o a lastimarlos sin ninguna razón.
    Ellos estan actuando de acuerdo a sus instintos animales y eso hace que se empiecen a buscar formas de defender a su territorio y a los de mas animales.
    Y ahora los estan manifestando a parte de que aunque nosotros pensemos que no se dan cuenta de los cambios que ocurren, ellos si se dan cuenta y no los estan demostrando.

  8. José Fco. (JFZA)
    2008-05-13 22:02

    Así es María José, también hacemos lo contrario. En cualquiera de los casos creamos una división y proyectamos en otras especies atributos o defectos según nos convenga y según nuestras creencias personales. ¿Ahora puede realmente algún comportamiento humano ser antinatural? De hecho cuando nos referimos a comportamientos anormales de otras especies (como el estrés sufrido en cautiverio) también los tildamos de antinaturales, aunque en realidad son naturales al contexto de encierro en que se encuentran. Finalmente creo que el concepto natural-antinatural se deriva de una perspectiva evolutiva, en el sentido de adaptaciones y el de normal-anormal se deriva de un criterio estadístico.

  9. Francisco
    2008-05-14 03:42

    Los elefantes se estan comportando como humanos. Quieren perjudicar al hombre.

    Solo falta que se unan en una asociacion feminista y busquen una vicepresidencia.

    Saludos

  10. Anónimo
    2008-11-19 09:57

    Posiblemente por su cerebro mas grande sean mas inteligentes que nosotros, estan adquiriendo conductas que llaman la atencion porque como humanos, nos sentimos identificados con ellas, las percibimos.
    Para el elefante somos un maldito mono sádico, abusivo e invasor.
    NO COMPRE MARFIL; NO SEA FRIVOLO SEÑOR, SEÑORA, DEJE DE MOSTRAR LA HILACHA.

  11. Vane
    2009-05-22 07:20

    ¿Por qué, pues, las orcas no adoptan dicha conducta “vengativa” de los elefantes?. Si razones e inteligencia tampoco les faltan…



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