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De cuerpo entero por Hilario Barrero

Hilario Barrero es poetay dibujante, además de columnista con Quinta Columna en Nueva York. Tiene una página personal Publica De cuerpo entero los días 7 de cada mes. De cuerpo entero dejó de actualizarse en julio de 2006.

El verdadero amor

El verdadero amor
Cuando era joven, los ojos encendidos, la piel en primavera, la palabra abrasada, decía medio en broma, mientras cambiaba los pañales a algunos de sus hijos: “Cuando sea viejecita, después de toda la guerra que me habéis dado, me llevaréis al asilo. Lo sé.”En otras ocasiones, sin embargo, les preguntaba: “Si un día fuerais por una calle y vierais que un malhechor me atacaba, ¿qué haríais?”. “Te defenderíamos”, contestaban. “En esto —decía feliz y orgullosa— se ve la fuerza de la sangre”.
Pasaron los años, sus ojos se fundieron como se derrite la nieve al encontrase con el sol, el lujo de su pelo se marchitó, el esplendor de su piel palideció, la gracia de su palabra se llenó de silencios, el teatro de sus gestos se encarceló de sombras, su cuerpo se quedó inmóvil como un árbol atravesado por una flecha venenosa, como un pájaro con las alas de seda, un río con las orillas llenas de ortigas, una hoguera de cieno.
De los ocho hijos que tuvo, dos hijas quedaron a su lado. Y aunque casi todos la visitaban a diario, eran ellas las que la cuidaban y le hablaban como si las escuchara; le hablaban de todo, ocultándole, porque estaban seguras de que lo entendería, la muerte de algún familiar o conocido; la peinaban con cuidado de no tirarle del pelo, la maquillaban poco, recordando que nunca le gustó el maquillaje; la arreglaban como si fueran a ir de fiesta, a veces la llevaban a misa, le compraban melocotones, helados, le daban un poco de anís, que eran cosas que a ella le gustaba; le acariciaban las manos con la seguridad de que sentirían su calor, y aunque era una muñeca de trapo con la cabeza llena de alfileres, una ruina gloriosa, sabían que, a través de la fuerza silenciosa de la sangre, les respondía con el idioma del corazón. La familia entera la cuidaba con amor y ternura y la defendían, como ella hubiera querido, del agresor que, impunemente y a diario, le iba robando la vida.

07 de marzo de 2006

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