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Cuadernos de Ciencia Ficción por Alfonso Merelo

Los días 3 de cada mes repasaremos lo que ha sido y es la ciencia ficción en España y española: los autores, las mejores novelas y los hechos significativos de la literatura de ciencia ficción patria. Alfonso Merelo Solá es ensayista y conferenciante, ha publicado dos libros en colaboración (La ciencia Ficción Española y Franco: una historia alternativa) y uno en solitario (Fantástica Televisión en 2007). Mantiene dos bitácoras: memorando y Desde Tartessos.

Ciencia ficción, ¿qué es? (II)

El mes anterior nos quedamos con las definiciones de varios autores sobre el término ciencia ficción. Vamos a centrarnos en una de ellas como es la de expuesta por Darko Suvin (1), aunque reconozco mi debilidad por la definición de Norman Spinrad ya que es una de las mas atractivas y epatantes.

Analizando la propuesta de Suvin, vemos que existen varias premisas interesantes, que marcarían la diferencia entre lo que es ciencia ficción y fantasía en general. Primeramente nos encontramos ante la circunstancia de que la ciencia ficción es una narración imaginaria. Evidentemente, imaginario se puede aplicar a casi toda la novelística en general, por lo que la definición debe ampliarse al describir que esa narración ha de ser determinada por lugares o personajes que sean distintos, o al menos suficientemente distintos, de los lugares o personajes considerados normales en la época en los que están escritos. Rasgo diferenciador sería, pues, la no normalidad, entendida esta como diferencia entre lo cotidiano y lo descrito. Por ejemplo, y ciñéndonos a Julio Verne, el viaje a la Luna es un acontecimiento real en la actualidad. Sin embargo hemos de clasificar la novela de Verne como ciencia ficción, precisamente porque sus premisas no eran asumibles en la época en la que fue escrita, ni tampoco ahora pues el método de propulsión propuesto —el cañón— lo haría inviable.

Abundando más en la definición, encontramos que esas situaciones, lugares o características dramáticas de los personajes, han de ser no imposibles y acordes con las normas del conocimiento humano. Por tanto descartamos todas las explicaciones mágicas o no racionales de otras historias fantásticas. Resumiendo este concepto, la ciencia ficción debería ser creíble sobre la base del conocimiento científico de la época.

Nos quedaríamos pues con la definición sintetizada siguiente: Relato imaginario, fuera de lo normal y creíble científicamente.

No es la mejor definición pero basta para acotar un área de trabajo en la que, sin duda, existirán multiplicidad de excepciones.

Veamos pues si puede aplicarse esta definición a cualquier obra de ciencia ficción (en la convicción de que resultará del todo imposible su aplicación a todos los casos).

Tomemos como ejemplo la película la Guerra de las Galaxias (2), que usaremos porque es lo suficientemente difundida para que cualquier lector pueda contemplarla como referencia.

El film es un relato imaginario, pese a sus posibles influencias. Es indudable que se trata de una ficción no real. Un cuento de buenos y malos con tintes aventureros de capa y espada (en este caso láser) muy acusados.

Fuera de lo normal. Las situaciones y los personajes no son lo que el común mortal encuentra a la hora de pasear. El marco situacional se desarrolla hace mucho tiempo y en una galaxia muy lejana, y, asimismo, existen personajes que poseen poderes o habilidades no normales.

Es creíble científicamente. En este último punto es donde podríamos, y podemos, encontrar la mayor parte de los problemas. Es creíble el viaje por el espacio, no de la forma descrita en la película, pero tenemos constancia empírica de su posibilidad. Los demás inventos fantacientíficos son creíbles en la medida en que puedan llegar desarrollarse. ¿Es posible la existencia de inteligencias no terrestres? La ciencia parece dictaminar que su posibilidad es alta. ¿Serían esas formas de vida similares a las descritas en la película? Es seguro que no. Además existen otras situaciones que chirrían la credibilidad-posibilidad científica, sin ir más lejos el caso de los caballeros Jedi. Dados nuestros actuales conocimientos científicos parece altamente improbable que se pueda dar una casta guerrera de similares características. Estos personajes entrarían mas dentro de la categoría de héroe mítico con poderes otorgados por los dioses. Entre esos poderes estaría la posibilidad de detener un rayo de luz coherente, láser, viajando a la velocidad de la luz. Poder increíble, pero muy efectista en las películas. O eso o reinventemos el láser lento, que también.

Pese a todo, parece, pues, que tomando un ejemplo al azar —relativamente—, la definición encaja con lo que entendemos generalmente como ciencia ficción.

En definitiva, toda definición, salvo que estemos hablando de definiciones fruto de la ciencia experimental, y ni aún así, aporta suficientes objeciones para que ninguna sea totalmente correcta y aplicable a cada caso.

Propondríamos, como materia de reflexión, que la ciencia ficción es en la actualidad lo que significaron las historias de mitos contadas de generación en generación, para nuestros ancestros. Los antiguos mitos se han derrumbado. El avance de las disciplinas científicas han demostrado, o están en vías de hacerlo, la falsedad de las ideas antiguas respecto de muchas materias. Hemos cambiado un punto de vista mitológico y mágico por una comprensión más directa del universo que nos rodea.

Pero existe un poderoso mecanismo imaginario en el ser humano. El que explicaciones racionales y científicas desbaraten esas maravillosas historias narradas a través de los tiempos, implica que debe de haber una sustitución en las premisas básicas de construcción del relato, para que, en definitiva, se pueda seguir imaginando. Esa base novedosa resultó ser la ciencia. Al albur de la misma, las situaciones se trasladan de los reinos mágicos y espectrales al espacio exterior, por ejemplo, tan mágico y desconocido como pudiera ser el mundo de Alicia (3). Por tanto hemos de pensar que el nuevo “dios” de la ciencia sustituye al antiguo “dios” de la magia. Éste último permanece presente en lo que denominamos fantasía, pero su credibilidad y verosimilitud ha desaparecido en el inconsciente y consciente colectivo. Su sustitución implica que la ciencia ficción es más creíble para el público en general y que, pese a su desbordante inverosimilitud, es un género más acorde con el actual devenir histórico. En una época de milagros tecnológicos en la que poseemos inventos maravillosos, satélites, televisión digital o Internet, el ciudadano se ve inmerso en un entorno muy dependiente de la técnica. En este entorno es mucho más sencillo para un fabulista, o al menos debería serlo, recurrir a cosas reconocibles, aunque éstas se exageren, que a la fantasía mágica.

Por tanto a partir del siglo XX se produce una diferenciación cualitativa de la fantasía en dos géneros fundamentalmente: la fantasía, que queda aparentemente como estaba —a pesar de empezar a contener otros matices no explorados anteriormente—, y la ciencia ficción, que se establece con unas premisas diferenciadoras. Estos dos géneros, el segundo hijo del primero, coexisten en armonía durante todo este periodo y lo que va del siglo XXI, incluso en muchos casos van muy unidos. Ya hemos hablado del fenómeno Guerra de las galaxias, y en él, aunque amparándose en un jerga pseudo-tecnológica, estamos hablando de una película de magia y aventura. Si sustituimos las naves espaciales por briosos corceles, a Darth Vader por un mago maligno y a los caballeros Jedi por caballeros de la tabla redonda, el resultado será exactamente el mismo. Este es un ejemplo claro de la proximidad en intercambio entre los mundos fantástico y de ciencia ficción.

Pero hay otras muchas historias que no se sostienen sin el componente científico y esas son las que definen la “nueva” fantasía científica que llamamos ciencia ficción. No pertenecen al reino de la fantasía historias como Mundo Anillo, Hiperion, Los propios dioses, Cita con Rama o Tropas del Espacio. Estas obras, y otras muchas más, no serían lo mismo, o desaparecerían, sin ese componente especulativo científico. Son, como ya digo, las nuevas fantasías modernas.

Para el mes próximo comenzaremos a explorar lo que la ciencia ficción ha dado de sí en España. La entrega de diciembre versará sobre la historia de las Convenciones Nacionales de ciencia ficción, las llamadas HispaCones.


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Notas

(1) Darko Suvin fue profesor de Inglés y Literatura Comparada en la McGill University de Montreal (Canadá). Autor de los libros Ciencia Ficción Rusa 1956-1974, Metamorphoses of Science Fiction (1979), Victorian Science Fiction in the UK: The Discourses of Knowledge and Power (1983), y To Brecht and Beyond (1984).

(2) La Guerra de las galaxias (Star wars George Lucas. 1977)

(3) Aventuras de Alicia en el país de las maravillas (Alice’s adventures in wonderland) y A traves del espejo (Through the looking glass). Lewis Carrol (1832-1898)

Alfonso Merelo Solá | 03 de noviembre de 2006

Comentarios

  1. Otis B. Driftwood
    2006-11-03 18:35

    Alfonso, un apunte a la nota al pie: La Guerra de las Galaxias es de 1977, no de 1975.

    Saludos

  2. Alfonso Merelo
    2006-11-06 17:39

    Opsss.
    Efectivamente 1977, gracias por la precisión.
    Señor Webmaster ¿puede usted corregir el dato?

  3. gregor
    2006-11-06 17:50

    Buena señal que lo único que se comenta del artículo es una imprecisión en las fechas. Es que lo demás es impecable.

  4. adriana
    2007-09-19 09:59

    esta pagina es muy interesante por esa rason todos mis compañeros sacaron la informacion de la tarea de aqui. espero ver mas informacion como esta en la linternet



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