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Cuadernos de Ciencia Ficción por Alfonso Merelo

Los días 3 de cada mes repasaremos lo que ha sido y es la ciencia ficción en España y española: los autores, las mejores novelas y los hechos significativos de la literatura de ciencia ficción patria. Alfonso Merelo Solá es ensayista y conferenciante, ha publicado dos libros en colaboración (La ciencia Ficción Española y Franco: una historia alternativa) y uno en solitario (Fantástica Televisión en 2007). Mantiene dos bitácoras: memorando y Desde Tartessos.

La ciencia ficción de la edad de bronce III

Nieve mortal
La segunda mitad de la década de los sesenta se presentó muy floreciente para el género en España. Coexisten varias colecciones temáticas: la ya nombrada Nebulae, Novelas de Ciencia Ficción de editorial Cenit, Constelación de Plaza y Janés, Galaxia de Vértice, Infinitum de Ferma, Selecciones Géminis de Ciencia-Ficción de Géminis (en 5 formatos diferentes), la colección Antología de novelas de anticipación de Acervo, que llegó a reunir 20 volúmenes antes de ser sustituida por la colección Acervo Ciencia-Ficción, y por último Best Sellers del Espacio de la Editorial Toray.

Con esta abrumadora cantidad de colecciones parecería que nuestros autores patrios deberían tener un margen amplio para publicar sus libros. Sin embargo no es así. A pesar de que muchos escritores se van incorporando al mundo de la literatura fantástica, estos continuadores se encuentran con un handicap fundamental que es la ausencia en estas colecciones de espacio para publicar.

Fundamentalmente las editoriales se nutren de material anglosajón, y ocasionalmente de autores europeos, alemanes, belgas ingleses y franceses. Principalmente estos últimos son los más publicados, debido a la gran cantidad de material proveniente de la colección señera en Francia Fleuve Noir. Resulta muy difícil encontrar autores españoles en algunas de estas colecciones. El mercado, las editoriales, parece que no se fían de la competencia de nuestros paisanos, que quedan relegados a un plano muy secundario con respecto a autores extranjeros. Pese a que se publican muchos más libros en todos los géneros, los editores no perciben que la literatura fantástica hecha en España sea un campo abonado para sus lectores. Cuando un autor se acerca a una editorial generalista con una novela de temática fantástica, ésta tiene pocas o nulas posibilidades de ser aceptada. Y en las colecciones especializadas tampoco parecen tener cabida. Es por eso por lo que los escritores se dedican al relato corto o cuento. Éste, debido a su extensión, es susceptible de ser publicado en revistas literarias generales, amén de no comprometer durante un tiempo excesivo al escritor en un trabajo que, de ser extenso como la novela, no tiene probabilidades de ver publicado jamás. Por tanto un dato significativo de la década es la escasez de novelas. Sólo un porcentaje mínimo de estos escritores conseguirán que se publiquen sus novelas, mientras que los cuentistas, dicho esto con el máximo de los respetos hacia ellos, proliferarán en las diversas publicaciones de esos años.

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Una serie de antologías van a acoger a esta nueva hornada de autores que, junto con los que hemos venido a denominar primeros, verán sus historias publicadas. Por supuesto no todos van a continuar en el mercado, pero algunos de ellos van a tener una fructífera relación con el género de la ciencia ficción. Antes de que Nueva Dimensión irrumpiera en el mercado, dos antologías, que ya hemos nombrado anteriormente, se publican en 1967. Una de Edhasa (Antología española de ciencia ficción), y la otra de Acervo (Antología de novelas de Anticipación), que en su volumen séptimo está dedicado exclusivamente a autores españoles. La tercera de ellas se incluye en el último número de la revista Anticipación, que se dedica, esta vez, íntegramente a autores españoles. La primera de ellas está recopilada por el otra vez omnipresente Domingo Santos así como la segunda y la tercera… también.

En la antología de Edhasa se incluyen a autores de la casa como puedan ser Juan García Atienza, Carlos Buiza, Antonio Ribera, Francisco Valverde Torné y el propio Santos. Además están incluidos los clásicos Eduardo Texeira y Tomas Salvador. El recopilador, con un buen criterio, incorpora a las páginas a nuevas figuras del fantástico como puedan ser Alfonso Álvarez Villar, Ángel Torres Quesada o, en una de sus pocas incursiones literarias, Narciso Ibáñez Serrador.

En la que edita Acervo tenemos también a los clásicos de la primera época y otros autores más modernos entre los que están parte de los anteriormente citados, mas valores nuevos como Francisco Lezcano Lezcano, José Sanz y Díaz o José María Aroca.

En la antología de Anticipación, Domingo Santos había previsto distribuir los contenidos del monográfico en cuatro apartados: los precursores, los pioneros, la segunda generación, y las promesas (obviamente promesas de la época). Por motivos de paginación la última de las partes se eliminó con lo cual la antología quedó desnivelada. Posteriormente estas historias cercenadas fueron rescatadas, por el antologista, para su posterior edición en la revista Nueva Dimensión.

En 1969 aparece otra antología esta vez editada por Prensa Española en la que se incorporan Guillermo Solana, Antonino González Morales, Enrique Sáez González, Manuel Tomás Raz, Juan José Plans, Enrique Jarnés Bergua y Manuel García Viño.

El hombre asteroide
Una veintena larga de autores, entre primerizos y veteranos, se lanzan al mercado en este final de década. Las historias cortas, no llegan ni a novelettes en muchos de los casos, abarcan casi todos los temas de la ciencia ficción, aunque se va abandonando progresivamente la épica del héroe, la nave espacial y las invasiones extraterrestres. Así desaparecen de estos relatos la denominada space-opera, que queda reservada al supuesto ghetto de las colecciones de a duro. Es un intento, no se puede dilucidar si consciente o no, de dotar al género de una mayor calidad literaria e introducirse fuera del mercado de la novela popular. Se producen historias en un entorno más familiar para nuestra idiosincrasia. Estos relatos se muestran más cercanos, ya que ocurren en nuestro entorno o en entornos más reconocibles. Los autores se embarcan en una producción más que notable en la cantidad y, en muchos casos, en una calidad por encima de la media. Esta explosión de creatividad parece vaticinar buenos momentos para el género fantástico en nuestro país. Son unos años de auge y gran actividad productiva.

Haré a continuación un recorrido orientativo por algunos de estos autores y las temáticas de sus obras. Comenzamos en 1963 con un abogado y funcionario público, Pedro Sánchez Paredes, que escribe varias novelas ciñéndose a un tipo de ciencia ficción religiosa. No es de extrañar por tanto, que con estas inquietudes religiosas fuera traductor de alguna de las conocidas obras de Lobsang Rampa. Son suyos títulos como Ley Viva (Editorial Rubiño 1964), Siete Apocalipsis (Editorial Rubiño 1965) o La gran Apostasía (Editorial Marte 1967). Todas ellas están relacionadas con la temática religiosa en mayor o menor medida, la llamada también novela metafísica. Como es previsible los Siete Apocalipsis tratan de sendas historias con diferentes formas del mismo incluida la consabida guerra mundial nuclear. Por contra La Gran Apostasía es un ejemplo del reencuentro con una religión olvidada en un futuro lejano y que es, como no podía ser otra, la cristiana. Tal vez Teluria (Editorial Marte 1972) se distinga de las anteriores ya que su premisa es un viejo conocido temático: La civilización perdida y olvidada. En este caso están buscando la luz que no conocen. Como alegoría de la búsqueda de la verdad funciona en dos niveles; por una parte la búsqueda oficial es equivocada, y el cúlmen del error es que cavan túneles paralelos y no hacia arriba en la búsqueda de la luz esa es la doctrina oficial, y por otra el aviso de que tal vez las posturas heréticas puedan ser las verdaderas, como de hecho lo son en este caso.

El rey del relato corto de la época es Francisco Lezcano Lezcano, que en su vida profesional ejerció, entre otras, las profesiones de poeta y pintor. Sus cuentos, concisos y muy escuetos se encuadran muchas veces en choques entre nuestra cultura y civilización y otras ajenas, extraterrestres las mas de ellas, que tienen pocos o nulos puntos de contacto y de ahí el conflicto. El enfrentar lo conocido por contraposición a lo extraño es un recurso ampliamente usado en la literatura y así lo observamos en este autor. Como ejemplo podríamos citar que en Dimensionaje la invasión de extraterrestres es de lo más inverosímil ya que estos son tan diminutos, que más que una invasión parece una plaga. La Granja experimental nos ofrece un tratamiento de la escatología alimentaria con un final, que no por esperado, resulta menos impactante. Por otra parte, las reflexiones sociológicas extrapoladas a la ciencia ficción aparecen en Los intermedios, dándonos una lección moral sobre el racismo y la segregación del apartheid.

José María Aroca era traductor de la editorial Acervo, y en particular de la colección de Novelas de Anticipación. Pero también hacía sus pinitos como escritor siendo autor de algunos relatos que, por proximidad y facilidad, es de suponer, se publican en las colecciones de la editorial. En el volumen 4 (1965) escribe El Traidor tratándose, como su propio nombre indica, de un traidor a la raza humana y colaboracionista con una invasión extraterrestre. Una vez vencidos éstos, se le enjuicia, aunque los poderes que los aliens le han otorgado dificultarán bastante la ejecución de su condena. En el volumen 5 se da una extraña circunstancia: mientras que en portada aparece su nombre asociado al título La marca de Caín, en las páginas interiores se le atribuye el mismo a Arthur C. Clarke. La historia trata del odio que produce en un nacionalista puertorriqueño un cosmonauta norteamericano al que ha de rescatar. En la antología del volumen 7 se incluye La historia de Martín Villalta, un ciudadano que adquiere poderes paranormales, concretamente una telepatía desarrollada al máximo. Este don conllevará en sí mismo un castigo. Castigo que se produce en reparación de sus malas acciones como banquero. Aroca se nos mostró, en este relato, como un moralista clásico. En muchas de sus historias se refleja claramente el justiprecio que se debe abonar como pago de las acciones, malas, que se realizan. En definitiva, la filosofía que refleja que el malvado siempre ha de recibir su merecido.
FINALIZA EN LA PRÓXIMA ENTREGA.

Alfonso Merelo Solá | 03 de febrero de 2013


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