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Cuadernos de Ciencia Ficción por Alfonso Merelo

Los días 3 de cada mes repasaremos lo que ha sido y es la ciencia ficción en España y española: los autores, las mejores novelas y los hechos significativos de la literatura de ciencia ficción patria. Alfonso Merelo Solá es ensayista y conferenciante, ha publicado dos libros en colaboración (La ciencia Ficción Española y Franco: una historia alternativa) y uno en solitario (Fantástica Televisión en 2007). Mantiene dos bitácoras: memorando y Desde Tartessos.

La ciencia ficción de la edad de bronce I

En esta columna se ha repasado hasta ahora a más de dos decenas de autores que van desde los más antiguos hasta los más modernos y que siguen en activo. En la historia de la ciencia ficción española hay grandes lagunas en las que ésta prácticamente no existía. En los años 50 comenzó el auge de las novelas de duro y poco más. Pero algunos esbozos del género se daban en escritores que pergeñaban algunos textos del género.

En sucesivos artículos daré una visión de estos autores que publicaron en esos años perdidos hasta los años 70. Le he llamado la edad de bronce, sin saber muy buen cuál sería la edad de plata. Sin duda la de oro tuvo lugar en los 90.

En la década de los 50 el panorama editorial general en España mejora notablemente en muchos aspectos. Se inicia un lento renacer de la literatura las editoriales parecen salir de la debacle, concentrándose en Barcelona, Madrid y Valencia. En el género que nos ocupa varias colecciones fantacientíficas inician su andadura. Son destacables Futuro, dirigida por José Mallorquí que nos proporcionaría el personaje de Pablo Rido, y Robot, cuyo artífice fue Enrique Sánchez Pascual (Alan Comet), que se editan en los primeros años de este periodo.

Pero retrocedemos unos años a la aparición de estas colecciones y vemos que en plena Segunda Guerra Mundial, algunos autores se atreven a escribir sobre temas afines al género aunque sea muy esporádica y puntualmente. En estos años vacíos, definición acuñada por Saiz Cidoncha, hay acercamientos tenues a este tipo de temática. José María Carretero Novillo, que usaba como seudónimo el apelativo de El Caballero Audaz, en 1942 publica Tania, la mujer Nueva. En esta fantasía se insinúa la victoria del eje en la guerra y se describe la importancia de las comunicaciones y principalmente de la televisión en los años futuros. En 1944 Cecilio Benítez de Castro es el que escribe Los días están contados, una reflexión sobre la guerra a través del descubrimiento de un diario que procede del único superviviente de una conflagración en Alfa Centauro. Ambas contienen los suficientes elementos de ciencia ficción para que puedan ser contadas como iniciadoras del género en España posterior a la Guerra Civil. En el extranjero el conocido poeta Pedro Salinas, uno de los autores olvidados ya aparecido en estas líneas, escribe en 1950 La bomba increíble.

El primer autor de ciencia ficción de posguerra que se dedica con muy relativa constancia a la misma, y ya publicando a finales de los años 40 y principios de los 50, es Eduardo Texeira. Eduardo Texeira Ruiz nació el 13 de diciembre de 1921 en la Línea de la Concepción (Cádiz), aunque vivió toda su vida en Málaga donde murió en 1990. Su trabajo profesional se centró, sobre todo, en el periodismo que ejerció en el diario Sur de Málaga.

La isla de otro mundo
Se puede considerar a Texeira el primer autor del género que consigue publicar sus trabajos continuadamente y que tiene un cierto éxito entre los lectores. No es un autor excesivamente prolífico y aparte de su colaboración en las colecciones populares de Luchadores del Espacio y Espacio, donde se le conocen cuatro títulos, es también autor una novela titulada Ruy Drach, los primeros Hombres en Marte. Es publicada por Ediciones Ensayos (Madrid 1953) aunque había aparecido en forma de folletón en un diario de provincias anteriormente. La historia nos lleva a contemplar las hazañas de unos arriesgados astronautas españoles, que llegan al planeta rojo en una nave experimental de factura patria. Estamos ante el cliché del científico adelantado a su época, que mediante un invento fantástico se traslada a otro planeta. Este modelo, el inventor adelantado, es un icono ampliamente difundido en toda la literatura de ciencia ficción4, así como en el cine de los años anteriores y posteriores. Para la Antología española de ciencia ficción de Edhasa (1967) publica su cuento El tiovivo y el robot. En esta historia se desarrolla una reflexión sobre las consecuencias de la ciencia, saliendo ésta bastante mal parada. Eso fue todo lo que Texeira consiguió publicar en su trayectoria como escritor del género fantástico, siendo su obra excesivamente corta y temáticamente tópica.

Después de estos tibios intentos de escribir ciencia ficción en España, el panorama de la primera mitad de la década de los 50 se centra fundamentalmente en las conocidas novelas populares, también llamadas bolsilibros y novelas de a duro.

Al margen de este tipo de literatura y en esa misma época comienzan a desarrollar su trabajo una serie autores que publican sus historias de fantasía y ciencia ficción (fantacientíficas en expresión de la época), bien en colecciones específicas del género, escasísimas eso sí, o en lo que podríamos denominar colecciones de literatura general.

Estos iniciadores de la ciencia ficción española contemporánea, alejados de la ya nombrada literatura de quiosco, lo componen, en un principio, un escaso numero de escritores que, con muchas dificultades, consiguen interesar a un número creciente de lectores. El paréntesis producido en los cuarenta, esos años vacíos, se viene a llenar por unos creadores noveles, que reflejan en sus producciones su capacidad para desarrollar obras de fantasía notables.

Un punto de inflexión se produce en el año 1955. En ese año se edita el primer número de una colección de libros con temática totalmente especializada en ciencia ficción: la colección Nebulae, de la que ya se ha hablado aquí en otro momento. La editorial Edhasa se atreve a comercializar ciencia ficción de más empaque que la habitual por esas fechas. El primer numero está dedicado a un autor norteamericano consagrado: Robert A. Heinlein con su título Titán invade la Tierra (The Puppet Masters) –posteriormente editada como Amos de Títeres, titulo más en consonancia con el original. La aparición de Nebulae supone una revolución en el mercado específico de la ciencia ficción en España. Se puede tener acceso a los escritos de los mejores autores anglosajones con el añadido que éstos son contemporáneos y teniendo un retardo temporal, en su edición española, modesto. La línea editorial de Nebulae se centra, como ya hemos dicho, en la publicación de material proveniente fundamentalmente de la literatura anglosajona, sin embargo, su director, Miguel Masriera, apuesta por los autores españoles algunos de los cuales son lo suficientemente interesantes como para ser susceptibles de publicación.

Antonio Ribera
Es en el numero 4 de 1955 donde se realiza el debut del primer autor español en la colección, siendo Antonio Ribera y su novela El misterio de los hombres-peces el encargado de iniciar la colaboración española. Antonio Ribera Jordá (Barcelona, 1920-2000) era traductor de la editorial Edhasa, y concretamente fue suya la traducción del primer número de Nebulae. Es de suponer que esta condición le facilitó mucho la posibilidad de publicar en los primeros números de esta colección. La novela es una revisitación del tema de los pueblos perdidos. En este caso son los supervivientes de la Atlántida los que aparecen para experimentar con seres de la superficie transformándolos en respiradores de agua. Temática, ésta, de civilizaciones perdidas que retomaría el autor ya en su faceta más conocida mundialmente: la de ufólogo y experto en parapsicología. En 1958 fundó el Centro de Estudios Interplanetarios dedicado al estudio de los ovnis y a partir de 1970 se entregó totalmente a estas causas escribiendo multitud de libros sobre temas esotéricos y ufológicos en particular. Esta dedicación queda reflejada en una anécdota que rescata Saiz Cidoncha: En el numero 100 de Nebulae realiza la traducción de la novela de Arthur C. Clarke A Fall of Moondust. Ribera introduce una amplia nota del traductor rebatiendo a Clarke por no creer en los ovnis, ni que los canales marcianos fueran construcciones artificiales. Sin duda una magufada, como diríamos ahora, de envergadura

Los Comandos de la Humanidad
En su etapa de escritor de género fantástico, después de su primera publicación, pasan dos años hasta que su siguiente título sea editado. En el número 40 (1957) aparece El gran poder del espacio que contiene cuatro relatos. En el cuento que da nombre al volumen se trata una vez más uno de los más clásicos recursos de la ciencia ficción: la invasión extraterrestre, protagonizada por marcianos en esta ocasión. Éstos, se apoderan de los cerebros de los terrestres, aunque serán derrotados por una condición humana inabarcable para ellos: los sentimientos (más intangible y espiritual que la solución aportada por Wells, en La guerra de los mundos, con las bacterias). Posteriormente en los números 55 (1958) y 70 (1961) se verían, respectivamente, sus obras Ellos, con dos novelas cortas en el volumen y Los comandos de la humanidad; esta última sería un libro con cinco relatos. En Ellos un astronauta es atraído hacia Marte donde existen varias civilizaciones. En consonancia con su pasión por las luces brillantes en el cielo, Ribera, nos explica los incidentes ovni ocurridos en años anteriores en nuestro planeta y expone varias reflexiones y teorías sobre los supuestos platillos volantes que nos visitan. Se puede decir, sin temor a equivocarnos, que hace apología y proselitismo de sus ideas y teorías en muchos de sus relatos. Los Comandos de la Humanidad retoma el tema de la invasión, esta vez unos insectos ganimedianos, que son llamados Amos. Éstos, mediante la tan socorrida y nunca bien ponderada telepatía, son capaces de dominar por enésima vez a los humanos; argumento que se asemeja al de la serie británica Quatermass and the Pit.

El misterio de los hombres-peces
Su último trabajo publicado en Edhasa nos ofrecerá un relato, titulado Operación Marte que se incluirá en la Antología Española de Ciencia Ficción que se publicaría en 1967. Para la colección Ciencia Ficción de la editorial Cenit escribió Fin (nº 65, 1964) en el que se aborda el tema del mutante a la manera clásica, es decir, perseguido y enfrentado a la humanidad que no quiere, como es natural, que éste prevalezca. Su trayectoria como autor de ciencia ficción se corta aquí, aunque en 1968 la revista La Estafeta Literaria publicaría su cuento La parábola del satélite. Sin embargo seguiría vinculado al mundo de la ciencia ficción mediante sus traducciones de autores anglosajones para las editoriales de la época. Desde el número 65 de Nebulae, será un traductor asiduo de la colección. Para otras editoriales colaborará también con sus traducciones del inglés, como por ejemplo con el trabajo para Pomaire traduciendo 2001 una odisea del Espacio.

Los enemigos del sol
Nebulae, aunque con cuentagotas, sigue introduciendo autores autóctonos en sus publicaciones. En el número 69 (1959) aparece Francisco Valverde Torné que entre otras profesiones ejerció la de dibujante y publicista. Su primer trabajo en la colección es la novela La gran revelación, en la que se trata un tema recurrente: el viaje interplanetario, esta vez a Venus, en plena consonancia con la temática más clásica y rancia de las colecciones de la ciencia ficción de los años 30 en los Estados Unidos. Paralelamente al viaje, se produce una conspiración en la que están implicados los extraterrestres. El planeta Venus es recreado, como en los mejores relatos de la edad de oro, con selvas y animales prehistóricos. Su segundo título es Los enemigos del Sol número 69 (1960). Esta vez se entremezcla argumentalmente el viaje interplanetario y el viaje en el tiempo a un futuro muy lejano concretamente al año 2655. Para confirmar que es una novela patria uno de los protagonistas, Héctor Gálvez, es un piloto español, en la línea de Miguel Ángel Aznar. Valverde no publica más en Nebulae, pero continúa escribiendo temática fantástica. Para Toray escribe en 1962 la novela Homo X, antecedente de la patrulla X o X Men ya que trata de la fobia antimutante desatada contra una raza más evolucionada y preparada que la humana. En la colección Infinitum, de la editorial Ferma, se publica en 1965 y en su número 12 Puente a lo desconocido en la que nos describe la colonización del fondo del mar, aliñada con una trama de conspiración extraterrestre. En el número 14 se publicaría otra novela corta suya titulada El último planeta, donde contemplaremos el éxodo de los terrestres, hacia un décimo planeta del sistema solar, como consecuencia de un desastre en el sol. Esta vez nuestros congéneres no sufrirán las iras de los alienígenas ya que, en esta ocasión, se muestran benevolentes ayudando a los exiliados. El volumen se completa con otros relatos cortos.

CONTINUARÁ

Alfonso Merelo Solá | 03 de noviembre de 2012


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