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Crónicas del Hype por Guillermo Zapata

El 14 de cada mes, una columna sobre fenómenos mediáticos, cultura convergente, sociedad de control y otros servicios inútiles servida a modo de notas orientativas y, a poder ser, con algo de humor. Aunque los enlaces y las citas serán el auténtico grumo de este potaje, el encargado del caldo es Guillermo Zapata. Un guionista de televisión que a veces hace cortos.

Échate unas risas

1.- En el mes de Junio hablamos del “artista comprometido” y de cómo el hype se alimentaba de la producción de trascendencia y gravedad. Lo serio, grave y trascedente funciona para el hype porque permite mantener un sentido y producir la deseada imagen de integración que necesita para funcionar. El hype funciona determinando lo que es importante para que no tengas más remedio que participar de ello de alguna manera. Por eso funciona mal cuando se enfrenta a la risa.

2.- Reír es un acto de inmanencia puro, como quedarte mirando a alguien que te parece atractivo. No sirve absolutamente para nada que no sea el goce y la mayor parte de las veces se olvida en seguida.

Además funciona mejor la primera vez que todas las demás. Si te cuentan un chiste una vez, te ríes, pero a la segunda vez ya no. Sin embargo, la seriedad permite tomarse algo en serio muchísimas veces. La risa, además, funciona mejor por sorpresa que si uno está preparado. Por ese motivo las armas habituales del hype no sirven con el humor. No saben que hacer con el.

3.- Hay pocas risas constructivas. El humor, incluso el humor más blanco, consiste en destruir de alguna manera algo que pasaba por natural, decente e inmutable. Violentar el status quo. Con esto no queremos decir que el humor defienda nobles causas, sino que tiene poco de integrador. Por eso el hype se ha empeñado en cambiarle el signo.

Como la risa no es trascendente, el hype le ha construido una trascendencia. Le ha dado un sentido. Ese sentido es el de hacernos más felices. Así confunde premeditadamente la alegría (pasajera, situada, a veces llena de pasiones de rabia, rebelde) con la felicidad (permanente, tranquila, parasitaria, llena de sentimientos de bondad, conservadora)

4.- La paradoja es la siguiente: El arte en el hype se ha convertido en una forma de terapia, pero el arte terapeútico no se presenta nunca como tal, sino como algo serio que merece toda tu atención y que “cambia las cosas”. Sin embargo, la comedia es presentada de forma explícita como la auténtica forma de terapia, aquello que permite la supervivencia en medio de los malos tiempos.

El arte más evasivo, que es aquel que coloca en el terreno de la ficción los dramas y las miserias del mundo con el objetivo de conmover al espectador aparece como el arte transformador. La comedia y su potencia desestructurante aparece como liviana garante del status quo y se presenta como forma de evasión.

El hype retuerce los sentidos…

5.- Sin embargo, estos meses hemos hablado también del hype como proceso, de la sobredosis de estímulos, de los “yonquis optimistas” ligados a las conjugaciones mas perversas de las redes sociales.

El humor y la risa son la gasolina que mantiene en funcionamiento dichas redes, el pulso desmitificador como mensaje que se replica y que, por tanto, mantiene la relación de atención en funcionamiento. La risa del usuario de twitter o facebook se convierte en trabajo.

6.- El artista comprometido no tiene sentido del humor y aparece ligado principalmente a un imaginario de izquierdas. Sin embargo, a la derecha del espectro ideológico los nuevos líderes de la nueva articulación de la clase política, se mean de la risa. Berlusconi, Esperanza Aguirre, Joan Laporta, etc.

Políticos ventrílocuos que aparecen como comediantes desmitificadores de una clase política demasiado ocupada en parecerse al artista comprometido.

Formas nuevas de articulación del fascismo posmoderno. Padres y madres del hype contra los que el artista comprometido opone “seriedad” y “temas de importancia”, perdiendo sistemáticamente.

Guillermo Zapata | 14 de septiembre de 2010

Comentarios

  1. pau
    2010-09-14 22:16

    Hasta ahí todo muy bien, aunque la generalización es excesiva, pero… ¿Hay alternativas?

  2. Cayetano
    2010-09-15 00:23

    Con permiso, unas notas.

    ¿Artista comprometido? ¿Qué es eso? En los años que llevo en este mundo todavía no conozco a ningún artista comprometido que no lo sea con su propia causa. Ya que hablamos de humor recomiendo la lectura de un viejo texto (1989) de Tom Wolfe “La palabra pintada” y así me ahorro de argumentar y seguir escribiendo :-)

    Saludos

  3. Guillermo Zapata
    2010-09-15 00:33

    Disculpas. No puedo poner tildes.

    Cayetano, en una entrega anterior de la columna hable del artista comprometido. Mire por aqui: http://librodenotas.com/cronicasdelhype/18521/del-compromiso-y-la-toma-de-postura-como-una-de-las-bellas-artes

    Tom Wolfe es un señor muy listo y que escribe muy bien, pero tambien encarcna una de las lacras mas gordas del pensamiento critico contemporaneo: El cinismo.

  4. Cayetano
    2010-09-15 01:10

    Guillermo, sigo tu columna (hasta ahora en silencio) y ya había leido Del compromiso y la toma de postura como una de las bellas artes donde hablas concretamente de músicos. Aunque luego apuntas “Por primera vez en la historia el arte tiene la función de dar respuestas.” afirmación con la que no estoy de acuerdo.

    Ya no tengo muchas ganas de discutir y confieso que a veces me veo reflejado en los textos de Tom Wolfe y su recurso al cinismo, una salida (como cualquier otra) frente al triunfo de la banalidad y el “pensamiento débil” de nuestro tiempo.

    Tengo una postura radical. Hay que matar al artista y quemar los museos

    Lo cual no quita que disfrute leyendo tus textos. Saludos



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