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Crónicas del Hype por Guillermo Zapata

El 14 de cada mes, una columna sobre fenómenos mediáticos, cultura convergente, sociedad de control y otros servicios inútiles servida a modo de notas orientativas y, a poder ser, con algo de humor. Aunque los enlaces y las citas serán el auténtico grumo de este potaje, el encargado del caldo es Guillermo Zapata. Un guionista de televisión que a veces hace cortos.

Del compromiso y la toma de postura como una de las bellas artes

1.- En la segunda parte de la película de Sexo en Nueva York, el personaje de Samantha declara a voces en las calles de Abu Dabi que ella folla alegremente con quién quiere y que no soporta más la situación de la mujer en ese país represor y represivo del deseo carnal. Acto seguido unas mujeres ataviadas con un inseparable Burka la sacan de allí y le descubren que, bajo el castrador ropaje, ellas también saben de marcas de ropa.

No vamos a hablar hoy de lo que el hype cree que es la igualdad entre las mujeres de la tierra (El sexo y el consumo) sino del motivo por el que Sexo en Nueva York ha pasado de ser una serie en la que el feminismo se expresaba en las acciones de sus personajes, en su subjetividad y su universo y de pronto de ha convertido en una máquina de producción de discursos sin ambigüedad alguna.

¿Qué ha pasado en el mundo para que un producto como Sexo en Nueva York tenga que legitimarse ante su audiencia proclamando a los cuatro vientos su lucha contra el fundamentalismo y a favor del placer?

2.- Hace pocas semanas ha terminado en Madrid el Rock in Rio (Rock in Madrid, en este caso) 2011. Un grandísimo parque temático “para todos los públicos” nos ha regalado durante semanas un paseo por un totum revolutum de la música en el que Calle Trece, Rhianna y Rage Against The Machine chapoteaban en el mismo charco semiótico. El rock antisistema de Rage, el mestizaje de los de Puerto Rico y las llamadas abstractas al entendimiento y el espiritualismo naturalista (o algo) de Shakira empaquetadas en una fiesta de la tolerancia en la que, además de saltar en tirolina podías disfrutar de conductores de autobús con la simpática pegatina “conductor ecológico” prendida de la solapa.

El proyecto de Rock in Madrid incluía un magnífico proyecto social por el cual uno podía donar una cantidad de dinero a una ONG (Nadie sabe aún cual) al comprar un billete de avión. El típico gasto del común de los mortales.

Pero la legitimidad cultural de Rock in Madrid viene, de nuevo, de sus buenas intenciones lanzadas a los cuatro vientos.

El hype quiere que sus artistas digan lo que piensan, que tomen posición, que luchen contra las injusticias y, en fin, que ocupen el lugar que el arte ha tenido históricamente como dinamizador de espacios de debate y conflicto. ¿O no es eso? ¿O es lo contrario?

3.- Juanes, Miguel Bosé, Alejandro Sanz, Shakira o La Oreja de Van Gogh Reborn son solo una muestra, probablemente la más significativa, que ha decidido utilizar su música para intervenir en medio de graves conflictos internacionales. Han organizado festivales por la paz en Colombia, en Cuba, y el grupo de San Sebastián acaba de presentar un documental sobre el conflicto árabe-israelí en Palestina.

Todos ellos han demostrado su compromiso por estas causas… El problema es que nunca han sabido explicar muy bien con qué era con lo que se comprometían, porque decían ser “neutrales”.

¿Cómo puede uno comprometerse con algo y ser a la vez imparcial? Pues sencillo. Se trata de que el compromiso esté representando las cosas que el hype considera razonables y ninguna otra (La paz, por ejemplo) pero sobre todo, que ese compromiso se establezca en el territorio semántico. Un territorio limpio de ambigüedades y de las molestas cuestiones complejas que tiene la realidad.

Lo que en mi barrio llamaban “ir de boca”

4.- Pero aún así, ¿por qué? ¿por qué es el compromiso la forma de legitimación social del arte en el hype? Para responder a la pregunta debemos pensar un momento en el contexto. Un contexto en el que el territorio del compromiso con lo real (esto es, la política) ha sido doblemente extirpada de los ciudadanos. Primero convertida la palabra en ese lugar dónde se opera el teatro de los políticos, que nada tiene que ver con la realidad. Y en un segundo lugar, desde ese lugar extrañado al terreno de lo mediático. Del campo de lo material, con su violencia, al campo de lo simbólico. Del campo de la construcción y la constitución de formas de vida, al campo de la incertidumbre simbólica y de ahí a la concepción actual del artista: El tipo de las respuestas.

Por primera vez en la historia el arte tiene la función de dar respuestas. El arte, que siempre ha necesitado de un cuerpo social y un territorio para desarrollarse y que, por tanto, siempre ha ido por detrás de las tensiones y los cambios sociales, expresando sus dudas, su potencia, etc. Hoy es el terreno de la respuesta.

Los artistas son quienes deben saber como vamos a solucionar el mundo en el que vivimos.

En ese contexto no es raro que Obama en una operación mediática de primer orden haya enviado al mayor guardián de la naturaleza del planeta a resolver el vertido de crudo que BP ha soltado en medio del golfo de México. Si, por supuesto, se trata de James Cameron, director de Avatar y, al parecer, experto en combustibles fósiles.

En ese sentido, el arte se ha convertido en un espacio terapéutico. Y la producción cultural en ese sitio dónde unos expertos dan diagnósticos y, sobre todo, soluciones. Atrás han quedado esos días imbéciles en los que se valoraba más lo que uno hacia que lo que uno decía, que era mejor expresar una complejidad, que dar una respuesta. Tiempos extraños en los que un escritor, un músico o un cineasta podían decir “Yo es que de esto no sé” o “Esto a mi me genera, sobre todo, preguntas”.

Y ahora, intenten hacer reír, en medio de este panorama… Pero de eso hablaremos el mes que viene.

Guillermo Zapata | 14 de junio de 2010

Comentarios

  1. Antonio López-Peláez
    2010-06-14 19:54

    Quizá el más ilustre precedente de esta curiosa figura del artista pretendidamente filantrópico sea el conde Tolstoi. Llegó un momento (a finales del siglo XIX) en que abominó de sus dotes de escritor (que eran, obviamente, inmensas) y se empecinó en ejercer un papel de santón político-espiritual verdaderamente sonrojante. Hay que hacer notar, eso sí, que si bien los resultados palpables de su labor reformadora fueron nulos, su fama y su prestigio se acrecentaron hasta niveles nunca vistos en la época, convirtiéndole en lo que hoy llamaríamos un icono global reverenciado en los cinco continentes hasta extremos poco menos que religiosos.
    Nihil novum sub sole, decían los antiguos romanos. Y, como casi siempre, llevaban razón.

    http://antoniolopezpelaez.com

  2. Dr Zito
    2010-06-14 23:32

    Excelente texto.

    Resulta que el experto, el tecnico (quien deberia acudir a resolver el problema del vertido, por ejemplo) ha quedado solo como Cassandra que anuncia desastres, porque como los políticos, se les ve incapaces de mejorar las cosas. Ahora los unicos que nos pueden llevar a un mundo mejor con los “artistas”, porque en ellos, por alguna razon, no vemos intenciones bastardas como en los políticos.

  3. Ecnil
    2010-06-15 07:20

    Muy buena tu columna.
    No relacionaba yo la proliferación del ArteTerapia con el compromiso de boquilla, pero tiene “su arte” el caso ;)

  4. Small Blue Thing
    2010-06-15 19:07

    Perdón, un detalle: lo que llevan las mujeres de la película es un Jilbab con niqab, un velo larguíisimo con una prenda que cubre la cara menos los ojos. El burka cubre los ojos: en Afganistán es de tela y cubre los ojos y todo lo demás, y en Emiratos Árabes es una joya de oro o monedas, que cubre los ojos pero deja nariz, pómulos y boca al descubierto.

  5. María José
    2010-06-16 07:19

    Un texto excelente.

  6. vertigo
    2010-07-10 04:20

    Sí, la lista de compromisos “asépticos”, y por lo tanto aceptables se limita a unos cuantos asuntos, a saber: la paz, como dice Guillermo, la lucha contra la pobreza en sentido general, el cáncer (y otras enfermendades), los accidentes de tráfico, la infancia, la diversidad (cultural, no biológica, que el segundo tipo empieza a ser un poco hippy y alguien podría decir “y los niños, no son más importantes?”)



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