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Crónicas del Hype por Guillermo Zapata

El 14 de cada mes, una columna sobre fenómenos mediáticos, cultura convergente, sociedad de control y otros servicios inútiles servida a modo de notas orientativas y, a poder ser, con algo de humor. Aunque los enlaces y las citas serán el auténtico grumo de este potaje, el encargado del caldo es Guillermo Zapata. Un guionista de televisión que a veces hace cortos.

Entre “Ya mismo” y “Para siempre” hacia la muerte del goce

1.- Partamos de lo evidente. El día de los enamorados (hoy, 14 de Febrero) es un invento mercantil para vender cremas, colonias, camisas y flores. Pero hoy lo vamos a tomar como una excusa para medir el estado de una de nuestras pasiones… ¿Existe el amor en los tiempos del Hype? Sí, existe, y está rematadamente psicótico.

2.- El Hype funciona encajonando y categorizando, estableciendo patrones que después instala en la cultura, reduciendo la complejidad y planificando. Por ese motivo, los crecientes niveles de complejidad en las relaciones entre hombres y mujeres le han llevado a plantear un enorme cajón desastre llamado “el mercado de la diferencia”. Ya lo decía La Cabra Mecánica “Ahora los gays están mejor vistos, alguien se ha dado cuenta de su creciente poder adquisitivo, mis amigas hartas de tanto borracho impertinente van a ponerse cachondas a los bares de ambiente”.

3.- Dejando de lado la evidente segregación que supone definir algo como “diferente” (frente a una normalidad heterosexual, masculina, blanca de clase media), aunque sea para darle una supuesta valorización a esa diferencia, la clave es que esa diferencia viene acompañada de sus propios patrones culturales reduccionistas. Desde la sobredosis de presentadores, comentaristas, tertulianos, etc. que hacen gala de su homosexualidad como un “valor” y que, por otro lado, reproducen todos y cada uno de los patrones estéticos de la televisión (empezando por el de ser mayoritariamente varones) a la constante presión sobre los cuerpos de hombres y mujeres para entrar en los estándar.

4.- Si pensamos en la dinámica casi patológica que están desarrollando las redes sociales encontramos que la obsesión por la actualización constante, con estar al día, y renovado, tiene mucho que ver con el cuerpo y mucho que ver con el sexo. El sexo se mercantiliza y se convierte en algo escaso que se valora a partir de su cantidad. Eso es lo que el hype les ha reservado a los varones, homosexuales o no.

5.- El deseo masculino a principios del siglo XXI es un mezcla entre Megan Fox y Shasha Grey. Una de ellas es la mujer photoshop y la otra la falsa autenticidad del porno supuestamente Indie. Las dos caras de la misma moneda. Del deseo hecho producto aquí y ahora, ya. Son condensaciones del deseo de una masculinidad en crisis.

Masturbarse es siempre sanísimo, el problema es cuando la masturbación no devuelve un goce instantáneo, sino la constatación de una soledad creciente.

6.- ¿Y las mujeres? Sean lesbianas o heterosexuales, el tiempo para ellas se distribuye lejos de la actualización y el ahora. Se conjuga en un futuro ideal. Ellas no desean “ahora”, desean “para siempre”. De esa manera, se les veta el goce de su propia sexualidad que se sacraliza en la espera.

7.- La saga de libros “Crepúsculo” de un éxito internacional a la altura de Harry Potter, nos muestra al personaje de Bella. Una mujer joven que carece de descripción concreta en las novelas y que permite una identificación constante con cualquier mujer porque, literalmente, podría ser cualquiera. De Bella se enamora “Edward”, un vampiro inmortal. Más allá de la evidente tensión sexual entre sexo y muerte, lo importante de Edward es que en su condición de inmortal es absolutamente fiable. No solo no dejara de amarla jamás, sino que ni siquiera cuestionará su arbitrarias decisiones emocionales. Bella, en ese sentido, es la expresión perfecta de lo que el mainstream le reserva a las mujeres: una histérica llena de dudas incapaz de tomar decisiones.

8.- Robbie Williams lo decía mucho más claro en su videoclip “Rock Dj” en el que se va despojando de su ropa, su piel y sus músculos, mientras un grupo de jóvenes mujeres patinan a su alrededor sin hacerle caso: “locas, aquí me tenéis”. Todo un mito de la masculinidad del siglo XXI.

9.- Y ese es el panorama. El goce común entre hombres y mujeres (o mujeres y mujeres o hombres y hombres, etc.) está desterrado entre la obsesión por el cuerpo y la inmediatez de un deseo mercantilizado y el idealismo de un masculinidad infalible y protectora repitiendo los mitos más reaccionarios del machismo del siglo XX. ¿Histérica locatis o sociópata obsesivo? Tú eliges.

Feliz día de los enamorados.

Pd.- Pero no todo está perdido… El éxito de Crepúsculo ha venido acompañado de una explosión de fan-fics (relatos escritos por fans) que exploran, disparan, superan y saturan internet de nuevas formas de sexualidad y expresión del deseo. Las mujeres también han tenido su fenómeno mainstream de gran éxito con Lisbeth Salander, la protagonista de los libros de Larsson, que se define precisamente como rebelde (incluso arma vengativa) en el panorama del machismo mercantilizado. La pornografía en red está llena también de una explosión de porno amateur rodado con la única intención de hacer público un momento de goce y hacer gozar a otros a partir de él.

Esta columna recoge algunas ideas de Alberto Al Saleh y Noel Ceballos sobre Crepúsculo y de Angel Luis Lara sobre la representación de la histeria como una patología ligada a las mujeres.

Guillermo Zapata | 14 de febrero de 2010

Comentarios

  1. Ale
    2010-02-14 22:54

    Um… no me parece a mí que a las mujeres se nos vete el goce sexual en aras de esperar lo eterno. Creo que entre el “ahora ya” y el “para siempre” existe el “cuando me apetece, que no es siempre” donde nos estamos instalando.

  2. Guillermo Zapata Romero
    2010-02-14 23:22

    Hola Ale, yo no digo dónde están las mujeres, digo el lugar que el hype les otorga. No es lo mismo.



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