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Colorado Post por Raúl Pérez Cobo

Raúl Pérez Cobo es poeta y articulista. Edita la bitácora inculatorias. Colorado post se dejó de actualizar en abril de 2006.

Un huevo

Una vez un niño me dijo que el huevo era el producto más sano y puro porque no podía manipularse: “está guardado en un cofre”. Ésta y otras cosas me hicieron creer que el huevo era sin duda un talismán de efecto mágico, un Grial misterioso, una Piedra filosofal, y es que el huevo esconde en su interior toda una filosofía: “¿Quién fue antes?”. Sobre esta pregunta se ha vertido todo el desconcierto humano ante su existencia. El huevo ha dejado de ser un simple huevo, y ya es El Universo, todo lo que no nos pertenece, la Duda, el ciclo de la vida inexorable, que acaba borrando el punto inicial. Preguntarse quién fue antes, es preguntarse quién es el Creador, y si existió antes de que lo inventáramos (esta es una pregunta que no conviene a muchos que viven del cuento místico). Si Jesús hubiese sido un huevo y la Virgen una gallina, la historia de un gallinero hubiese sido más simple que el mismo gallinero que se ha armado, o quizá la Biblia tendría menos páginas. Hoy la cuestión del huevo se respondería con la Fe (que siempre responde a las preguntas más difíciles), y se diría que el Huevo Santo eligió a la Gallina más P-U-R-A para tener un Huevo que sacrificar en la sartén.
Quién sí ha sabido sacar ventaja al potencial oculto del huevo, ha sido el marketing de la poderosa Kinder Co., y eso de que parecía “un cofre”, ellos lo han entendido de forma clarividente. Podría decirse que tienen la Gallina de los Huevos de Chocolate. O que tienen a los niños enganchados por los Huevos. Mas este huevo decorado en papel de aluminio no podrá nunca tener la autenticidad de su hermano cálcico, manchado por su mierda nihilista. Un huevo embadurnado de gallinaza sí puede preguntarse quién creó a quién, mientras llora por su frágil y fugaz existencia; un huevo Kinder, lo único que puede preguntarse es quién tuvo la idea de ponerle ese vestido afeminado y futurista, mientras sonríe un optimismo estúpido y medita sobre la coleccionable sorpresa que guarda.
Y hay que decir, que fue un huevo quien descubrió América. Es triste que el huevo llevase siglos gritando la solución de la redondez de la Tierra y que gordos papas y obispos rumiasen hipótesis sobre la planicie del mundo mientras comían huevos pasados por agua: tuvieron todo el rato la solución delante de sus barrocas narices, una solución que no era herética ni revolucionaria, sino un pobre y elíptico huevo que no supo nada sobre las teorías geocentristas pero que era, sin embargo, capaz de ofrecer una imagen perfecta de un mundo habitado por tontos.
El mayor éxito de Colón fue escuchar a un huevo. Y cuando Galileo dijo que la Tierra, que por aquel entonces ya era redonda, giraba en torno al Sol , seguro que había experimentado colocando huevos encima de la mesa y haciéndolos rodar. Y a Newton, en vez de caerle una manzana, le cayó un huevo, mas no le pareció un buen principio para su teoría, el trágico fin de un huevo cadáver. Y Morse inventó su lenguaje escuchando a las gallinas que alumbraban sus huevos inteligentes…
El huevo ha aportado mucho a la ciencia, y la ciencia cómo se lo agradece: con piensos venenosos, con la mala publicidad del colesterol, e ignorando su eterna pregunta de quién fue el primero, él o la gallina (su madre, su vástago).
El pinche tiene la mentalidad de un fascista: “si no lo entiendo, me lo como”, y yo digo que deberíamos respetar al huevo lo suficiente para que pueda formular sus quejas existencialistas, en forma de pollito (dentro de algún huevo habrá algún pollito científico o filósofo capaz de resolver todos estos milenios de incertidumbre, que se han alargado más que una telenovela venezolana). Este pollito dirá: “Podría deciros quién fue el primero, y os diría que primero fue una gallina que pensó: “me gustaría inventar algo interesante y rico en proteínas, algo que yo pudiese crear dentro, y que llevase algo dentro también, como un cofre. Ya lo sé: pondré un pollito. Es una idea tan genial – se decía – que los humanos acabarán copiándomela con un nombre estúpido, como Kinder…”.

Raúl Pérez Cobo | 28 de octubre de 2004

Comentarios

  1. Marcos
    2004-10-28 20:11 Siempre me he preguntado por qué a los niños les gustan tanto los huevos Kinder: los regalos del interior son espantosos y ellos mismos los olvidan a la hora de haberlos construido, y muchos ni siquiera comen el chocolate. Después de leer el texto de Raúl, quizás esté más clara la explicación: buscan el misterio, la ancestral metafafísica del huevo, es un viaje al ombligo que dura apenas unos segundos, desde que se le quita el envoltorio hasta que se arma el artilujio plástico.

    Brillante.
  2. pini
    2004-10-28 22:03 Raúl qué buen artículo!, y todo a partir de un huevo.

    Crespo, es un pequeño pueblo en la provincia de Entre Ríos, que la llamaban la capital del huevo. (ahora de la avicultura, porque quieren darle más nivel)

    allí, un modesto productor, consiguió que sus gallinas pusieran unos huevos imponentes.

    en el “congreso de hueveros” un periodista le pregunta a la mujer de aquél: cómo se siente la esposa del hombre de los huevos más grandes del mundo? y ella, sonrojada le contestó: no sabía que la cosa había tomado estado público.”

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