Libro de notas

Edición LdN
Cóctel del día por Concha Mayo

Ingredientes: 2 onzas de realidad, 1 onza de ficción, 4 gotas de ironía, 1 pizca de mala leche.
Preparación: Mezclar todos los ingredientes en el procesador de textos y servir adornado con signos de puntuación. Puede completarse con ginebra, vodka, tequila…
Tras la barra cada viernes Concha Mayo, nacida en Barcelona, escritora y fotógrafa ocasional.

Cachete con cachete

El avión desciende. Hace unos minutos que se percibe la maniobra. Lo noto en los oídos; se me taponan. Además el capitán acaba de confirmarlo con su voz sugerente y susurrante.

Todos tienen una voz similar. Parece que uno vaya siempre en el mismo avión, pilotado por el mismo hombre, cuya voz sexy imagino es una maniobra de distracción, como las nalgas de la Bruni o la gripe A. Te pierdes en esa voz, tamizada por la pereza de tus tímpanos y olvidas que el estómago se te quedó a la altura del esternón hace rato y que el suelo está todavía muy lejos, tanto, que la crisis vista desde aquí parece diminuta.

Afuera es casi de noche. La voz se desvanece y en el habitáculo, se hace el silencio y las luces se apagan. Por la ventanilla de la derecha se puede ver un sol rojo a punto de culminar su propio descenso por detrás de las montañas. Al otro lado, el mar en penumbra. Y la nave sobrevolando en silencio la ciudad. Es un momento de recogimiento en el que se oyen con mayor intensidad las variaciones de revolución de los motores y los sonidos del tren de aterrizaje desperezándose.

La tripulación echa un último vistazo a los pasajeros, sus cinturones de seguridad, la verticalidad de sus asientos. Pero uno de ellos se ha quedado dentro del lavabo.

La azafata golpea con los nudillos en la puerta.

Silencio.

Insiste. Y le recuerda con tono firme que debe salir de ahí cuanto antes, vamos a aterrizar y tiene que volver a su asiento.

El avión vuela en círculos esperando que todos estén en su sitio. Me inquieto. ¿Qué pasaría si le ha dado un colapso y no se puede abrir la puerta desde fuera? ¿Nos quedaremos eternamente haciendo círculos entre el Tibidabo y el Garraf?

Del sol queda tan solo un reflejo rojizo difuminado. No puedo abstraerme leyendo. No hay luz. Me concentro en el ruido dubitativo del tren de aterrizaje. ¿Sale? ¿No sale?

Quien finalmente sale del lavabo, casi ofendido por la urgencia, es un pasajero de origen incierto y mediana edad, protegido por una máscara blanca.

La azafata da entonces su visto bueno a “la voz que pilota” y mi estómago asciende otra vez hasta la tráquea.

Instantes después, tocamos tierra y oigo estornudar a mi compañero de asiento, quien por primera vez en todo el trayecto, despega los ojos de la foto de portada y me pregunta:

-¿Alguna novedad sobre la gripe en España?

Miro su diario. En letra grande, bajo la comparativa de cachetes Bruni-Ortiz puede leerse un titular: “Aumentan a 17 los casos de gripe porcina en España”.

Concha Mayo | 08 de mayo de 2009

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