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Cine a topicazos por Manuel Haj-Saleh

Manuel Haj-Saleh decidió un día poner sobre el papel esas eternas discusiones en las que se meten cinéfilos y cinéfalos cuando acaban de ver y disfrutar una mala película, plagarlas de lugares comunes e inundarlas de erudición vana para darles fuste. El resultado se llama Cine a Topicazos y podrán encontrarlo aquí exactamente cada diecisiete días.

La crítica

Reza el dicho que “un crítico es un cojo que enseña a los demás a correr”. En la crítica cinematográfica, esto es tan cierto como que algunos directores o guionistas de cine han empezado su carrera como críticos en prensa. En Estados Unidos el ejemplo más conocido es, quizá, Peter Bogdanovich, director de películas de culto como La Última Película ( The Last Picture Show, 1971), ¿Qué Me Pasa, Doctor? ( What’s up, Doc?, 1972) y Luna de Papel ( Paper Moon, 1973), quien en la actualidad sigue compaginando su labor de crítico y ensayista cinematográfico con sus trabajos como director y actor; estos últimos con relativamente magro éxito. En Francia encontramos al núcleo más importante de estos pluriempleados entre los representantes de la nouvelle vague: Jean-Luc Godard, François Truffaut, Eric Rohmer o Claude Chabrol, inventores de la teoría del “cine de autor” en la revista Cahiers du Cinéma, decidieron llevarla a la práctica por sí mismos y hoy son reconocidos directores, si bien sus películas suscitan gran controversia tanto por sus temas como por su forma de hacer cine, no siempre atractiva al espectador medio. En España no hay casos de demasiado renombre, ya que el oficio de crítico y el de director o guionista han ido habitualmente muy separados, casi antagónicos; no obstante, podemos encontrar algunos ejemplos como Ángel Fernández-Santos, Augusto Martínez Torres, José Luis Guarner, Carlos Pumares , que, en realidad, siguieron el recorrido inverso, escribiendo o dirigiendo algunas películas antes de pasarse a destriparlas. En la actualidad, es Daniel Monzón el más joven y conocido de estos críticos-directores y tiene una película todavía en cartel, La Caja Kovak (2006); Monzón fue en su día uno de los críticos estrella de la revista Fotogramas.

El oficio de crítico de cine es sencillo y se resume en pocas reglas:

  • Buscar un grupo de películas de temática variada, pero que tengan en común ser muy taquilleras o muy promocionadas; ponerlas a parir sin piedad. Apuntar todos los fallos de continuidad, los anacronismos, el porcentaje de improbabilidad de cada situación resuelta y las veces que el protagonista dice “culo”. Rematarlo diciendo que es “muy aburrida”.
  • Buscar un segundo grupo de películas que tengan en común al menos una de estas cuatro características: ser orientales, ser de Europa del Este, ser de un director desconocido de los Estados Unidos o tener un presupuesto ínfimo. Que no ocurra nada durante todo el metraje suma puntos. Justificar todos los fallos en razón de la bisoñez de su director o de la falta de medios. Rematarlo diciendo que es “excelente”, “magnífica” o “sólida” (no se admiten sinónimos). Respecto a su creador, calificarlo siempre de “incomprensiblemente ignorado”, excepto si es ya su tercera película, a partir de la cuál debe utilizarse la expresión “sobrevalorado”. La palabra “artesano” suele dar bastante juego también, pero no se debe abusar de ella. Por último, hacer siempre referencia a una película anterior del director que no se haya estrenado en España o que haya sido premiada por el público en cualquier festival situado en el mismo paralelo que Pyongyang (Corea del Norte). Eso apoyará los elogios que se le hagan sin que nadie se moleste en averiguar si son merecidos.
  • Buscar una película americana, taquillera, descerebrada (a ser posible de acción) y aparentemente insustancial, y ponerle cuatro o cinco estrellas. Justificarlo siempre con dos palabras: “sumamente entretenida”. Eso le hará ganarse las simpatías del lector y, a la vez, le desconcertará un tanto, pero el crítico ya se habrá ganado otros seis meses de contrato.
  • Ir a los festivales a quejarse. Si no se tienen medios para ir, inventarse los viajes sin omitir detalle. Es muy importante describir al mínimo la rugosidad del papel higiénico del hotel, la incomodidad de las salas de proyección, la manía de los organizadores de poner las películas buenas a las ocho de la mañana, lo antipático que es el presidente del jurado, sea quien sea, y lo mal que se ha hecho el lifting la estrella puretona del año. Ah, y se debe criticar el palmarés independientemente de si gusta o no. Buscar alguna relación de amistad, por peregrina que sea, entre uno de los premiados y algún familiar de alguno de los miembros del jurado.
  • Abusar del punto, del cero, del adjetivo “pésima” o de cualquiera que sea la calificación más baja permitida en el medio en el que se escribe. La calificación “obra maestra” está rigurosamente prohibida, salvo que la película esté entre las incluidas en la segunda regla y, además, sea en blanco y negro. Cualquier otra consideración es inaceptable.
  • Si todo lo anterior falla, no le dan crédito o no se hace (más) enemigos, grite. Es una táctica desesperada pero virtualmente infalible.

He aquí lo que se encuentran ustedes a diario en prensa, radio y televisión1. Ahora les hablaré de los críticos de verdad.

Un crítico cinematográfico es una persona que ama el cine más que a su propia vida, que adora el hecho de ir a la oscuridad de una sala y disfrutar con el sonido reverberante de los altavoces, las enormes imágenes de la lona y los destellos de las luces de salida de emergencia; que ha visto suficientes películas en su vida como para saber discriminar lo grande de la morralla, pero que también es consciente de que el cine, más allá de experimentos y consideraciones artísticas, tiene como primera función entretener. A un crítico raramente se le ama, antes bien se le odia, precisamente porque es imposible que sus gustos coincidan con los de su público ni siquiera al cincuenta por ciento; pero de un verdadero crítico, aunque se le odie a muerte, se aprende. Se aprenden qués, quiénes, cómos y porqués; se aprende a no ser exclusivista ni incondicional, incluso por oposición, pues no es raro que vayamos a ver una película (incluso predispuestos a que nos guste) sólo porque nuestro queridísimo enemigo la ha puntuado más bajo que al guión de la carta de ajuste.

El buen crítico, incluso sufriendo (y contagiando) una úlcera permanente mientras predica, permite hacernos discriminar de una forma o de otra. No “construye” nuestro gusto, aunque no falten ocasiones en que lo intente, pero procura “destruir” la paja para que al menos podamos decidir si el grano nos gusta. El crítico es, por definición, amargado: jamás reconocerá que le gustan películas de tipo Top Secret o Vampiros de John Carpenter, pero las tendrá escondidas tras la hilera de porno duro en el estante de su casa. Seguramente blasfemará en arameo cuando hable de la ceremonia de los “Óscar”, pero será el primero en perder el culo (y lo que sea menester) con tal de estar allí en vivo y en directo, buscando obsesivamente la mirada de Steven Spielberg, objetivo recurrente de sus balas de cañón. Y, sobre todo, verá doscientas mil veces “Ciudadano Kane” para convencerse de que es una obra maestra, aunque tras el primer visionado y una vez conocido el final pierde toda la gracia. De un mal crítico solamente obtendremos caras largas ante reseñas de películas que ni siquiera ha visto. De un buen crítico podemos hasta comprar su libro recopilatorio, con textos que en sí son pequeños y maravillosos ensayos sobre este monstruo de seis patas llamado cine. Al final, un buen crítico aspira a que lo fusilen en vida, pero sólo para que se conserven sus cenizas tras la muerte, como si fueran el más preciado tesoro. Por eso hay críticos y críticos: el que desaparecerá de nuestra vista y de nuestra memoria antes incluso de desaparecer del mundo (¿alguien se lee las minicríticas de la penúltima página de los diarios?) y el que vamos buscando con fruición por un doble motivo: insultarle con fuego cuando destroza a nuestro film preferido, o adorarle durante quince minutos si ha coincidido mínimamente con nuestro gusto por aquella película de Bruce Willis. Nombres como Pauline Kael, Gene Siskel (reemplazado a su muerte por Richard Roeper) & Roger Ebert (“two thumbs up!”), Leonard Maltin, Richard Schickel… son altamente respetados, casi instituciones en su país. Aquí no nos quedamos atrás con gente como el inefable Antonio Gasset Dubois, Augusto Martínez Torres, Román Gubern, Carlos Pumares (a pesar de “sus cosillas”), Carlos F. Heredero, los desaparecidos Fernández-Santos o Guarner, e incluso los componentes del equipo de Lo Que Yo Te Diga. Para mi gusto, el mejor crítico en español que jamás he leido fue uno de los últimos premios Cervantes, fallecido hace pocos años: Guillermo Cabrera Infante, que firmó sus críticas para las revistas cubanas “Carteles” y “Revolución” con el imposible seudónimo de G. Caín.

Lo que demuestra que la crítica es criticable y que los críticos son como los árbitros de fútbol: gente que no sólo se pone delante del cañón para que lo disparen sino que lo tapan incluso con el dedo, desafiantes. También demuestra que ser crítico y disfrutar de una película cualquiera es tarea harto difícil, y que sin ellos nos limitaríamos a verlas sin preocuparnos de más, lo que por otra parte no sé si es bueno o malo… pero de lo que estoy seguro es de que sin la visión de los críticos, de varios críticos y no sólo de uno, nos estamos perdiendo una parte nada despreciable de este arte que Caín llamó “Un Oficio del Siglo XX”. Destrocen, pues, al crítico, contradíganle, chíllenle, ódienle, ámenle, quémenlo por hereje, ... y luego no se olviden de registrar el cadáver.

1 Exceptuando a los críticos de la revista Fotogramas, para quienes todas las películas merecen, al menos, tres estrellas. Si a alguna le ponen menos, es que no se salva ni el logotipo de la productora.

Nota final: Con este artículo concluye la serie “Cine a Topicazos”. Ha sido un placer acompañarles durante estos meses y, sobre todo, discutir con ustedes aunque nunca hayan tenido la razón. Para eso estamos los críticos, incluso los que sólo pretendemos serlo cada diecisiete días. Hasta la próxima.

Manuel Haj-Saleh | 14 de enero de 2008

Comentarios

  1. boing
    2008-01-15 00:52

    ¿Ya está? Hombre, habrá otros topicazos, ¿no? Bueno, ciñéndome a este… ¿entiendo que concluyes que no hay posible objetividad en el crítico? Eso implicaría que no hay “normas” que conviertan una película en buena, sino que cada crítico la verían de un modo distinto. Digo yo que hay una serie de películas que TODOS coinciden en decir que son buenas (¿La Diligencia?), así que tendrán algo en común que las hace buenas. No sé, me lío.

  2. Manuel Haj-Saleh
    2008-01-15 01:07

    Pues no lo creo, Boing. No me parece que sea misión del crítico establecer unas medidas canónicas de lo que es una buena película, sino de que argumente con razones por qué tal o cual película le parece buena o mala (o magnífica, o pésima). Habrá criterios en los que muchos coincidan y, aún así, la unanimidad es casi imposible. Evidentemente, si la coincidencia en las razones es amplia, será porque, efectivamente, la película tiene la virtud de llegar a quien la ve. Sin embargo, no hay más que ver las listas que aparecen en las publicaciones especializadas (donde se refleja la opinión, comparada, de los múltiples críticos que las pueblan) para comprobar que esa unanimidad es poco menos que utópica. Es más, para la misma película llegan a verse las dos calificaciones opuestas (de Obra Maestra a Pésima), dependiendo del crítico. Claro que siempre hay a quien le gusta figurar y no hace más que poner “puntos negros”.
    Por ponerte un ejemplo (abro el paraguas): para la mayoría de la crítica, “Vertigo” es la mejor película de Hitchcock. A mí me parece de las más aburridas y peor realizadas (la sucesión de escenas “oníricas” es digna de un capítulo del “Batman” de los 60), y me decanto por “La Ventana Indiscreta” o “Con la Muerte en los Talones”, quizá menos logradas técnicamente que otras obras suyas posteriores, pero a mi juicio infinitamente más entretenidas y que me enganchan rápidamente cada vez que las veo. Sin embargo, raramente encontramos un “cinco estrellas” junto a estas películas cuando las reseñan los “profesionales”.
    (Cierro el paraguas).

  3. Paco
    2008-01-15 02:37

    Excelente artículo, Manuel. Además –cosa que saben bien nuestros vecinos los gaditanos– las verdades contadas con humor calan más hondo.

  4. Manuel Haj-Saleh
    2008-01-15 19:22

    Y con una mijita mala leche, Paco… ;-)

  5. Julia
    2008-01-15 20:15

    Lo que ha quedado claro es que a usted le gustan los buenos críticos y nos ha demostrado que éstos, hasta tienen “su corazoncito”. Yo me quedo con los comentarios, en tiempos, en El Pais de Augusto M. Torres sobre las películas que pasaban por los diferentes canales de televisión, había veces que en tres frases conseguía que me diera un ataque de risa de tres días.

  6. Ana Lorenzo
    2008-01-16 08:55

    De los críticos que mencionas que antes fueron directores, no tenía ni idea de que Ángel Fernández-Santos tuviese ninguna película: ¿puedes decirme cuál o cuáles? ¿Son malas o buenas?
    Estoy con Julia en lo de que con Augusto M. Torres uno se partía de risa; eso también es una buena labor de crítico: si no merece la pena ni pararse a hacer una crítica seria, por lo menos, alégrale la vida al lector-espectador :-)
    La nota final no me gusta, queremos más, D. Manuel, se deja usted montones de temas. Yo le propongo algunos, no se apure: a) Cómo distinguir un espagueti-western de una película del oeste; b) Las pelis de humor: desde los genios del cine mudo a las actuales parodias y cadenas de gags pasando por los guiones cómicos como los de las pelis de los hermanos Marx o de algunas de Woody Allen; c) Las nuevas películas románticas, ¿son tan románticas como las antiguas?; d) Si Michael Landon estuviese aún aquí, ¿habría un largometraje de La casa de la pradera?; e) Los mejores efectos especiales, ¿por qué los vemos luego en las películas chinas?, ¿copian ellos o copian los de Hollywood?; f) Se suicidan actrices, actores… se suicidan más poetas y novelistas, pero en fin. ¿La profesión de director de cine tiene una tasa muy baja de suicidio? ¿Por qué?; g) Los de casting, ¿cogerían a Michael Landon para protagonizar el largometraje La casa de la pradera?
    Creo que voy a dejarlo porque me da que me estoy haciendo un lío y me repito. Pero usted, D. Manuel, no tiene excusa: se le ha quedado mucho en el tintero. Irse ahora que empezábamos a acostumbrarnos a su forma de escribir, hombre, qué poca consideración.
    Un beso.

  7. Alberto
    2008-01-16 16:38

    Pues recuerdo que hizo una que se llamaba “Hazlo por mí”, Ana, y lo recuerdo porque aún guardo en la memoria la gracia que me hizo ver cómo en la crítica a su película se ponía un hermoso y enorme punto negro a sí mismo.

    Ayer leí en la Cahiers (sí, soy así de snob) que también hizo una en 2004 que no se llegó a distribuir ni a estrenar, suponiendo que sea el mismo Ángel Fernández Santos.

    Lo que sí hizo fue escribir los guiones de “El espíritu de la colmena” o “Madregilda”, por ejemplo.

  8. Ana Lorenzo
    2008-01-16 17:31

    Gracias, Alberto. No tenía ni idea: trataré de verlas de algún modo. Y veré las dos en que fue guionista (la primera no sé si la vi, pero no recuerdo ninguna). Es genial lo del punto negro a su propia película, qué tipo.
    «Ayer leí en la Cahiers (sí, soy así de snob)»: cada uno tiene sus esnobadas, y esa es de las mejores ;-)
    Un beso.

  9. Santi
    2008-01-27 06:30

    Hay muchos que presumen de críticos, pero no son capaces de reconocer su ignorancia del tema o de enfrentarse a tópicos ya instalados dentro del mundo del cine. ¿Qué crítico se atrevería a decir que hay películas de Bergman o Renoir que son aburridas, o que hay otras, como “Eyes wide shut” de las que el mejor recuerdo que se tiene de ellas es las ganas de vomitar después de verla, cuando se suponen que son directores consagrados, intocables, como las vacas sagradas de la India? No, siempre es preferible comentar “otra obra maestra del maestro tal o cual”.

    Falta sinceridad y valentía entre muchos críticos, y sobra pedantería.

  10. María José
    2008-01-27 08:34

    Santi, el problema es que estás dando por hecho que lo que te ocurre a ti es objetivo. Te aburres con películas de Bergman o Renoir y no soportastes “Eyes wides shut” y, por lo tanto, supones que deberían ponerlas a caldo los críticos. Como no lo hacen, mienten.

    Pero yo jamás me he aburrido con una película de Bergman y me encantó “Eyes wide shut”, así que me parece perfecto que las alaben.

    El día que murió Bergman, en una emisora de radio se produjo un espectáculo bochornoso. Como homenaje, los espectadores llamaban para reconocer públicamente que no soportaban sus películas y que las veían y decían que les gustaban para no quedar mal. Y los locutores les coreaban entusiasmados.

    A ti te parecerá un ejercicio de sinceridad, a mí donde está el nivel de espectador y del crítico en este caso.



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