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Ciencias y letras por Salvador Ruíz Fargueta

Ciencias y letras, trata de acercar las dos culturas , favorecer su mestizaje. En realidad, sólo es una cultura que nos puede acercar más a nosotros mismos, a las complejas relaciones humanas, al mundo y a sus interrogantes. El autor, ingeniero y físico, es editor de La bella teoría. Publica los días 1 de cada mes.

Galileo, el mensajero de las estrellas

“Sidereus Nuncius”, El mensajero de las estrellas, es un librito de apenas 63 páginas escrito, en 1610, por Galileo Galilei . Contiene una vívida descripción de unas pocas observaciones astronómicas hechas con un telescopio de 20 aumentos, pero la trascendencia de estas observaciones es tal que, en palabras de Galileo, “ son tantas y de tan grandes consecuencias que, entre lo que añaden y lo que cambian por necesidad en la ciencia de los movimientos celestes, puedo decir que en gran medida se ve renovada y liberada de las tinieblas, como finalmente han de confesar todos los conocedores del tema”. Galileo no sólo proporcionaba determinadas observaciones o descubrimientos, sino que renovaba radicalmente la base empírica de la astronomía, que no pararía de ampliarse y perfeccionarse. Significó una transformación radical de la astronomía.

Galileo no inventó el telescopio, ni se lo atribuyó nunca. En 1610, cuando escribió su librito, hacía unas dos décadas que circulaba por toda Europa y muchos proclamaban haberlo inventado, pero nadie se lo tomaba muy en serio. Ni tan sólo Kepler , el único que en su “Óptica” de 1604 había desarrollado los aspectos teóricos suficientes para explicar la combinación telescópica de lentes, prestó ninguna atención al telescopio hasta que Galileo lo presentó con sus observaciones astronómicas.

Galileo pulía, el mismo, las lentes y en un industrioso e inteligente proceso de prueba y error, construyó decenas de telescopios, cada vez mejores, que probó miles de veces con cualquier clase de objetos próximos y lejanos, grandes y pequeños, luminosos y oscuros. Apenas comprobada su fiabilidad lo presentó a las autoridades venecianas. Desde el campanario de San Marcos los hizo ver edificios de pueblos más o menos próximos, como Treviso y Conegliano, las personas que entraban o salían de la iglesia de San Giacomo de Murano, y naves acercándose a la costa, que a simple vista no fueron visibles hasta dos horas después. Se le concedió el nombramiento de catedrático vitalicio de la Universidad de Padua y un sustancioso aumento de sueldo.

La Luna, vista a través del telescopio era como otra Tierra. Su superficie era rugosa y llena de cavidades y prominencias como mostraba la línea divisoria entre la parte iluminada y la oscura. Se destruía un dogma fundamental de la ciencia clásica: la distinción radical entre el mundo celeste, constituido por éter ingenerable e incorruptible, ontológicamente superior a la materia sublunar. Por ello los cuerpos celestes eran perfectamente lisos y esféricos mientras que el mundo sublunar, constituido por los cuatro elementos, era el ámbito del cambio, de la generación y de la corrupción.

Con el descubrimiento de los satélites de Júpiter, el más importante que presentaba el “Sidereus Nuncius”, Galileo destruía otro dogma fundamental de la dinámica aristotélica que consideraba imposible que un cuerpo celeste tuviera dos movimientos a la vez. La observación empírica mostraba que los satélites orbitaban alrededor de Júpiter mientras este giraba alrededor del Sol. Galileo ya no dudaba de su copernicanismo que se vio reforzado al descubrir, a finales de 1610, que Venus presentaba fases como la Luna, un fenómeno que no era posible en el sistema geocéntrico tradicional. El geocentrismo clásico ya no era sostenible, y Galileo consideraba el sistema geoheliocéntrico de Tycho Brahe , que hacía girar los planetas alrededor del Sol, que a su vez giraba alrededor de la Tierra central, como una mera escapatoria sin ninguna base física.

La defensa pública del copernicanismo desató todas las furias. Los filósofos académicos, acérrimos defensores de la tradición, se unieron desde un principio al frente más peligroso, el teológico, que estaba por encima de cualquier otra consideración, especialmente, en aquellos momentos de radicalización de la Contrarreforma: la teoría copernicana era contraria a las Escrituras, es decir, herética. Los matemáticos jesuitas eran la única esperanza de Galileo. Hicieron sus propias observaciones y aceptaron y loaron los descubrimientos de Galileo. Pero los jesuitas antes que científicos, eran soldados disciplinados y obedientes. Optaron por hacer suya la cosmología de Tycho Brahe, que permitía asumir la mayor parte de los descubrimientos telescópicos y no entraba en contradicción con el texto bíblico y dejaron solo a Galileo ante la Santa Inquisición, en un proceso que, finalmente, le llevó a una condena a prisión perpetua, conmutada por arresto domiciliario de por vida.

Agradecimientos a la: Revista Mètode de la Universidad de Valencia, num. 64.“Galileu i el telescopi”, Antonio Beltrán Marí (2009).

Salvador Ruiz Fargueta | 01 de septiembre de 2011

Comentarios

  1. Ramonmo
    2011-09-02 03:10

    Pelín exagerado el texto. Vamos a ver, la teoría heliocéntrica no sólo iba en contra de las Escrituras; de hecho, éstas no son un tratado de astronomía y dudo de que haya en ellas más de dos o tres lugares donde se mencione algo que pueda sostener el geocentrismo. No creo que hubiera sido imposible para la jerarquía católica soslayar el “problemilla” del heliocentrismo al igual que se soslayaban muchas otras cosas de las que dice la Biblia.

    A mi entender, el problema del heliocentrismo es que iba en contra de algo mucho más importante: la cosmología y la metafísica aristotélico-cristiana. Los filósofos escolásticos (cristianos) habían hecho un gran esfuerzo por conciliar los dogmas de su religión con el mejor sistema de conocimiento no religioso por entonces conocido (y, creían muchos, por conocer) que era el de Aristóteles. Y, en mi opinión lograron un gran éxito. El sistema escolástico era “religiosamente correcto” y muy avanzado científicamente. Y además proporcionaba una imagen coherente del Universo, tanto física como religiosa como moralmente.

    Yo creo que el romperse una de las patas de ese sistema (que era lo que suponía el heliocentrismo) lo que debió de producir en la época fue más miedo que otra cosa. A aquellas gentes debió parecerles que el cielo se les caía sobre la cabeza; todo su sistema de creencias, religioso, filosófico y físico recibió un golpe terrible. Y muchos, no sólo curas, sino también profesores de Universidad e incluso poetas (recordemos a Dante) vivían, al menos en parte, de ello. Como el miedo se transforma fácilmente en ira tenemos como resultado la condena de Galileo.

    Es la misma reacción que tiene cualquiera al que se le cuestionan sus creencias más profundas; y no digamos ya si esas creencias le dan de comer. Algo parecido pasa en nuestra misma época, por ejemplo, con el feminismo. Quien lo cuestione ya sabe que se la juega.

    Saludos.

  2. Salvador
    2011-09-06 03:25

    Hola Ramonmo, muy buen comentario. Efectivamente el asunto iba en contra de la tradicional cosmología y la metafísica aristotélico-cristiana, tal como, también, indico en el texto, que defendían los filósofos académicos, acérrimos defensores de la tradición. La visión aristotélica que se consideraba la perfección debía coincidir con la realidad.

    Por otra parte en la Biblia, que desde luego no es un tratado astronómico, sí que se dice alegóricamente que el centro del universo es la Tierra. El problema fueron ciertos teólogos contemporáneos de Galileo que no supieron interpretar el significado profundo –no literal– de las Sagradas Escrituras cuando describen la estructura física del universo creado.

    En la columna que escribí hace algún tiempo sobre la geometría de Euclides:
    http://librodenotas.com/cienciasyletras/12347/elementos-de-euclides-la-geometria-de-dios

    se hace referencia, también, al problema que tuvieron los matemáticos para desarrollar geometrías diferentes a esta incluso ya en el siglo XVIII. Los cánones clásicos griegos, llegaron a considerarse, en ciertos casos y desde la ignorancia de ciertos teólogos influyentes, casi como la palabra de Dios.

    Saludos.

  3. Ramonmo
    2011-09-06 05:15

    De acuerdo entonces. Me parecía simplemente que el último párrafo atribuía un excesivo fanatismo a los oponentes de Galileo, por lo que me creí oportuno recordar que en esa polémica era mucho lo que estaba en juego. Por otro lado, Galileo era un tipo bastante popular en la sociedad de su tiempo y hubo mucha gente para la que su condena no fue plato de gusto, miembros de la jerarquía católica incluidos.

    Saludos.

  4. digodiego
    2012-05-11 01:43

    el Sidereus Nuncius editado por el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología:
    http://www.muncyt.es/stfls/MUNCYT/Publicaciones/sidereus_catalan.pdf
    http://www.muncyt.es/stfls/MUNCYT/Publicaciones/sidereus_gallego.pdf
    http://www.muncyt.es/stfls/MUNCYT/Publicaciones/sidereus_castellano.pdf
    http://www.muncyt.es/stfls/MUNCYT/Publicaciones/sidereus_vascuence.pdf

  5. Salvador
    2012-05-12 04:49

    Muchas gracias amigo por la información. Un abrazo.



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