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Causas justas por Camilo de Ory

Camilo de Ory necesita dinero. Cada lunes, en la sección Causas justas de Libro de Notas, lanza al aire una serie de pensamientos tan erráticos como su visión del mundo y tan breves como su jornada de trabajo. Animamos a los lectores a entrar al trapo y crear a pie de página un bullicioso foro de debate en el que cualquier conducta antisocial tendrá, que nadie lo dude, su justa recompensa.

Acreditado

Me paseo por el Festival de Cine Español de Málaga para ver actores. A los actores les gusta que los miren. Uno mira a los actores y se siente bien, como el que acaricia un gato o ayuda a cruzar la calle a un ciego. A veces los actores fingen que les molestan nuestras miradas, igual que los gatos se hacen los remolones. Los actores se meten a actores para llamar la atención de la gente de la misma manera que los niños rompen cosas para llamar la atención de sus padres.
En los alrededores del teatro que alberga la sección de películas a concurso todo el mundo lleva una tarjeta colgada del cuello. Creo que quieren hacerse pasar por artistas. En el argot del Festival, a disponer de una de estas tarjetas se le llama ‘estar acreditado’. El que está acreditado puede mirar por encima del hombro a los que no lo están. (Tropiezo con una joven actriz de moda. Está acreditada. La miro. Ella no mantiene la mirada. Renuncio a rascarle detrás de la oreja como si fuera un gato.)
En las galas del Festival es fácil encontrar políticos. Ser político es como ser actor. A los políticos les gusta que les miren. Cuando los políticos están en el poder suelen decir que el cine español goza de buena salud. Cuando están en la oposición dicen que hacen falta más subvenciones. (Decir que el cine español goza de buena salud es como decir que el flamenco chino goza de buena salud. Algo parecido pasa con el ‘pop’ en castellano. Hablar de ‘pop’ español es como hablar de flamenco japonés. Pero nos empeñamos en reivindicar nuestro ‘pop’. Los japoneses son menos chovinistas con su flamenco.) En España no estamos dotados para el cine, hacemos películas muy cutres. Sin embargo la tortilla de patatas nos sale bien. Tal vez deberíamos concentrarnos en el teatro clásico, que va más con el carácter latino, o dedicarnos a cocinar. Anoto la teoría en un trozo de papel higiénico y decido escribir un artículo corrosivo y no dejar títere con cabeza.
El cine es cosa de extranjeros. Robert de Niro rodó en su día en la ciudad en la que vivo una película ambientada en el Perú colonial. Los productores reclutaron entre la población nativa a varios cientos de figurantes con rasgos andinos porque era más barato que traerlos de los Andes. Los americanos convirtieron la plaza del Obispo en la Lima del XVII. Una noche encendieron una hoguera en la puerta de la catedral. Eso lo hago yo y me detienen. (El alcalde alcanzó la inmortalidad definitiva cuando se fotografió con Robert de Niro. Ambos posaron para la prensa en un banco del parque, y el alcalde parecía Forrest Gump. A veces es mejor no salir en la foto. El alcalde debería haber aprendido de su antigua jefa Teófila Mártínez, que era consciente de su cara y no dejaba que la sacaran en las películas de 007. Hace unos años rodaron una película de James Bond en Cádiz, localidad cuyo ayuntamiento ella dirigía. Cádiz era La Habana porque Cádiz se parece a La Habana. Teófila tiene rasgos andinos y podría haberse presentado al ‘casting’ de Robert de Niro, pero prefirió quedarse urdiendo maldades en la Bahía.)
Para el próximo Festival me acredito. Acreditarse da derecho a entrar en fiestas secretas en las que los actores se resarcen de la frustración de no ser extranjeros. En las fiestas secretas los invitados de a pie tratan de intimar con las estrellas. Los que lo logren podrán contarle a los amigos lo bien que se llevan con Eduardo Noriega —algunas vidas están demasiado vacías—. En las fiestas secretas hay más homosexuales que en la calle o en una fiesta corriente, no sé por qué. (A mí siempre me ha costado distinguir una candileja de una lentejuela: es posible que a ellos les ocurra lo mismo.) En las fiestas secretas uno tiene la oportunidad de alternar con gestores culturales, actrices que anhelan ser descubiertas, pelagatos que sueñan con un polvo de cine, actores fracasados que se emborrachan con chupitos de rencor, chicas escotadas que quieren darse un revolcón con la fama y advenedizos de todo tipo. Eso es glamour y eso es espectáculo.

Camilo de Ory | 27 de abril de 2009

Comentarios

  1. Lucía Santa
    2009-04-27 17:59

    ¿PERO DE QUÉ VAS AHORA, MAMARRACHO? ¿CREES QUE ALGUIEN SE VA A LEER ESO ENTERO?

  2. daidalos
    2009-04-28 06:09

    yo lo lei completo!! era eso o seguir trabjando, uno debe tener prioridades en esta vida

  3. Francisco
    2009-04-28 08:08

    Pues esto que escribe este mamarracho solo puede molestar a verdaderos mamarrachos. Camilo bordea la genialidad con la desfachatez de manera altamente cusiclonica, pardignica y juchiteca.

    Callen mediocres y mejor lean el libro de Aznar.

    Saludinticos cartincolicos.



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