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Cartas desde EU por V.V.A.A.

Cartas desde… es un intento por recuperar el espíritu de las corresponsalías epistolares de la prensa decimonónica, más subjetiva, más literaria, y que muestre una visión distinta y alternativa a la oficial de Agencias.

Post-scriptum Post-electoral #1

por Juli Highfill

Recibimos esta carta de Juli Highfill a mediados de diciembre, pero ya se sabe: con el cierre de las cuentas del año, las fiestas y los viajes familiares, nos había sido imposible traducirla. Hablé con Juli hace poco y me dijo que quizá la carta careciese de actualidad; le respondí que sigue pareciéndome interesante por dos razones. Una, como muestra arqueológica de una serie de sentimientos y reacciones a la victoria de Bush que aquí, en Europa, no llegamos muy bien a percibir. Y dos, como muestra de que en EEUU existen posibilidades de cambio, incluso posibilidades que los acercan a la manera europea de entender la sociedad. N. del Ed., Roger Colom

La izquierda norteamericana es grande, mucho más de lo que los europeos se imaginan. En los meses anteriores a las elecciones, no sólo el centrista partido Demócrata, sino muchas organizaciones que se sitúan más a la izquierda se unieron en una vasta coalición anti-Bush. A través de la internet, millones de personas se apuntaron a grupos como Moveon.org y America Coming Together (ACT). A su vez, esas organizaciones recaudaron millones de dólares, produjeron docenas de anuncios para televisión, montaron reuniones en miles de hogares, reclutaron a decenas de miles de voluntarios para que fueran de puerta en puerta, llamaran por teléfono y censaran a los votantes. La ira contra Bush era palpable, visceral entre los 55 millones que votaron contra él.

Pero, como llegamos a descubrir, la izquierda norteamericana no es lo suficientemente grande. La derecha llevaba décadas organizándose de manera parecida, utilizando las iglesias como lugares de reunión prefabricados, comunicándose con sus bases todas las semanas. Y ahora, en la izquierda, la ira se convierte en resentimiento, ya que cada vez son menos los canales abiertos para su expresión. Los medios (¡cobardes!) han cerrado el paso a cualquier crítica contra Bush. Los líderes del partido Demócrata (¡cobardes!) dicen ahora que tenemos que entrar en el terreno de la religión, que debemos imitar a la derecha y adoptar el vocabulario de la fe. Y mientras, por debajo del radar, la blogosfera izquierdista hace gala de su ira y su resentimiento. He aquí algunas muestras:

De la facción del desespérate-y-muere llega Stephen Backus (commondreams.org), que alega que “los tiempos del autoengaño se han acabado.” Para él la movilización pre-electoral resultó ser una enorme pérdida de tiempo:

“Los millones de palabras vertidos en los asuntos importantes, los cientos de miles de protestas en los barrios, en las iglesias, en los centros comunitarios y delante de los ayuntamientos de todo el país no sirvieron para nada. Las reuniones en sótanos y salones para averiguar cómo había que reaccionar para transformar el país, inútiles. El increíble volumen de actividad en foros y chats, los editoriales en la prensa, las horribles historias sobre soldados muertos e iraquíes muertos, las viñetas en los principales periódicos y en las páginas de la prensa underground, las pegatinas en los coches y las pancartas en las casas: quedan todos sin sentido.”

Por lo que Backus propone:

“Necesitamos un funeral nacional. Hace falta que nuestros líderes se reúnan en algún sitio solemne y demuestren su pesar, su luto por las muertes que Estados Unidos ha sufrido y ha causado. Necesitamos un rito nacional que reconozca la violencia catastrófica que hemos provocado en Oriente Medio y sobre todo en Irak. Sin ese ritual terapéutico no podemos seguir adelante con integridad y esperanza, sino sólo con una ira que nos divide y con nuestras armas de destrucción masiva bajo el brazo. ¿Y sabéis por qué? Porque todos somos responsables de la matanza.”
Otros dicen que ¡No, no TODOS somos responsables! Y no hay manera de que los norteamericanos monten un funeral nacional.” De ahí la popularidad de la diatriba de fuckthesouth.com, escrita por un norteño anónimo y azul contra los estados rojos (en EEUU, los estados demócratas son azules y los Republicanos rojos):

“Que el sur se vaya a la mierda. A la mierda. Tendríamos que haberlos dejado cuando se querían ir. Pero no, tuvimos que matar a medio millón de personas en la Guerra Civil para que siguieran formando parte de nuestra Unión tan especial. Luchaban por el derecho a tener esclavos—sí esa es la clase de país que queremos. […] El siguiente imbécil que diga “Es tu dinero, no el del Gobierno” se merece que le partan la cara. Nueve de los diez estados que más putos dólares federales reciben y menos pagan… ¿lo adivináis?… Así es, hijo de puta, son estados rojos. ¿Y ocho de los diez estados que menos reciben y más pagan? Fácil, imbécil, son azules. No es vuestro dinero, cabrones, es el nuestro… […] Y detengámonos un puto instante en esos valores de los que tanto hablan. Vosotros y vuestros valores sureños me la podéis chupar, porque los estados azules sí que saben lo que son los valores. ¿En qué estado creéis que se da el menor índice de divorcios, vosotros que tanto habláis del matrimonio?… ¡En Massachussetts! El puto centro del universo del matrimonio gay. De hecho, nueve de los diez ínidces de divorcio más bajos son de estados azules, y casi todos están en el Noreste, donde decís que no tenemos valores. ¿Y donde se encuentran los índices más altos? Diez de los diez índices más altos son de estados rojos, de tan morales que se creen. […] ¿O sea que dos tíos besándose os van a joder la institución del matrimonio? ¿De veras? A mí me parece que ya la estáis jodiendo vosotros solitos. Se ha acabado la buena voluntad. Podéis coger vuestro rollo anti izquierdas, todo eso que chupáis del presupuesto federal, vuestra bandera confederada, vuestro moralismo hipócrita y metéroslo por el culo.”

Junto con los que odian al sur, están esa gente de los estados azules que quieren separarse de la America Roja, como se puede ver en el muy visto mapa de “Jesúslandia”. Pero en contra de tan imaginativo mapa, los editores de un periódico alternativo de Seattle, The Stranger, proponen una estrategia basada en un mapa demográfico que muestra que las zonas urbanas estados tanto azules como rojos votaron por Kerry. Argumentan que la división no es entre norte y sur, sino entre ciudad y campo:

“Nosotros los ciudadanos del Archipiélago Urbano, las Ciudades Unidas de América… vivimos en una cadena de islas de cordura, liberalismo y compasión…. Y somos los verdaderos americanos. Ellos, votantes de las zonas rurales y los estados rojos, los moradores de los suburbios no son americanos verdaderos. Son paletos, tontos y propagadores del odio…. A los votantes de los estados rojos, de las zonas rurales, de los pueblos que se mueren y de las urbanizaciones sin alma, les decimos esto: Idos a la mierda. Vuestras preocupaciones ya no son las nuestras… Ya no nos preocuparemos de la crisis en la asistencia sanitario que afecta a las zonas rurales. Lo que haremos es trabajar para conseguir asistencia sanitaria universal en los estados azules, poco a poco y uno por uno… Lucharemos para que no haya armas en las calles de nuestras ciudades, pero cuantas más haya en las zonas rurales, mejor… Si un chaval de un estado rojo encuentra la pistola de su padre y se vuela la cabeza, nos sentiremos mal, claro, pero no hay mal que por bien no venga: por lo menos ese chaval no llegará a votar como su padre… Desde hoy en adelante, ya no nos importa que las granjas familiares se hundan. Menos granjas familiares significan menos votantes rurales…”

Evidentemente, este tipo de discurso no es más que ira que tiene que salir por alguna parte, la búsqueda de solaz en medio del pesimismo postelectoral. Pero para una izquierda liberal que siempre padeció de cierta ñoñez, esta actitud tan violenta no tiene precedentes. Sin embargo, dejando a un lado la retórica y el claro desdén por la gente de las zonas rurales, debemos admitir la clarividencia de los discursos de fuckthesouth y del archipiélago urbano. Lo más probable es que la izquierda americana se vuelque en la política local y regional. Utilizarán la autonomía constitucional de los estados para aprobar leyes sociales y progresistas. De esa manera, los estados azules se convertirán en democracias sociales al estilo europeo, mientras que los estados rojos, menos prósperos, se ahogarán en sus impuestos bajos, sus sistemas educativos de segunda, su capitalismo salvaje y sus enormes problemas sociales. (Y claro, todo esto está muy bien a nivel local, pero mientras, el gobierno federal anda suelto por ahí cometiendo sus crímenes a nivel global).

Hablando por mí misma, mis pensamientos, mis emociones después de las elecciones son absolutamente incoherentes y cambiantes. Me gusta la nueva actitud de “que se vayan a la mierda”. Pero al mismo tiempo, conforme voy comprendiendo las drásticas consecuencias de la hegemonía Republicana, no puedo evitar la desesperación. No puedo ni imaginar por qué 58 millones de personas (incluyendo a muchos de mis familiares) podían haberse engañado de tal manera que votaran a Bush. Quiero gritarles: “¿Cómo es que no os dais cuenta de lo que Bush está haciendo con este país? ¿Cómo es que no veis el monstruoso error que es la guerra en Irak? ¿Por qué habéis escogido ser ciegos?” Pero luego oigo voces que con más calma dicen, “No debemos ridiculizar a la gente rural, sureña, religiosa, suburbana, patriótica que votó a Bush. Eso sólo refuerza su resentimiento y alienta su anti intelectualismo. Debemos encontrar un nuevo mensaje…Tenemos que superar esta división entre rojos y azules.” Estoy de acuerdo. “Sí, sí, claro.” Pero luego pienso: “¡No, pero si son unos ignorantes! ¡Conozco a mis familiares de las zonas rurales perfectamente! ¡Se consideran gente muy moral, pero no saben nada de lo que ocurre en el mundo! ¡No leen, no cuestionan nada, carecen absolutamente de curiosidad! ¡Su fe es absolutamente ciega!” Y entonces me doy cuenta de que nadie a su alrededor les enseña otras maneras de pensar sobre el mundo cada vez más inseguro y confuso que habitan. Y no lo hace el partido Demócrata, ni Moveon.org, ni ACT, ni Rock-the-vote, ni Fuck-the-south, ni el Archipiélago Urbano. Y tampoco yo lo hago.

En estos momentos más que ideas, tengo sensaciones. Tengo la sensación de que necesitamos un nuevo movimiento de masas que se extienda más allá del Archipiélago Urbano, más allá de la división entre rojo y azul. Un movimiento cuyos organizadores no utilicen la internet como sustituto del diálogo cara a cara y de la organización de base, sino que la usen como el valioso suplemento que en realidad es. Un movimiento de trabajadores del campo que vivan entre la gente de las zonas rurales, urbanas y suburbanas y les hablen del capitalismo globalizado, y cómo afecta éste a sus vidas, y qué es lo que pueden hacer.

Pero ahí está lo difícil. Está completamente prohibido criticar el capitalismo en EEUU. y de todas maneras, nadie entiende muy bien qué es lo que está pasando con el capitalismo globalizado: los economistas burgueses están tan desconcertados como los neomarxistas. Sin ambargo, de alguna manera, creo que se llegará a entender, que surgirán nuevas estrategias, que la gente resistirá. Esto no es una fe, más bien es esperanza (a menos que la fe sea esperanza). Quizá haya llegado el momento de volver a los viejos izquierdistas de los años 30 (el último apogeo del laborismo norteamericano), y sin repetir sus errores, recuperar el conocimiento que tanto les costó adquirir. Recordemos que Woody Guthrie dijo una vez (o cantó), “Un ser humano no es más que una máquina de esperanza.”

Traducción de Roger Colom

Juli Highfill | 07 de enero de 2005


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