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Cartas desde el exilio guineano por José Eburi Palé

Cartas desde… es un intento por recuperar el espíritu de las corresponsalías epistolares de la prensa decimonónica, más subjetiva, más literaria, y que muestre una visión distinta y alternativa a la oficial de Agencias.

Navidad de 1968: la explosiva soledad de Macías

José Eburi Palé

Tensa calma
Durante el otoño de 1968, la atmósfera en Guinea está enrarecida. Hay una calma aparente superpuesta a una gran tensión soterrada. La gran mayoría de los ciudadanos españoles continúan desarrollando su actividad y la vida empresarial prosigue con una rara inercia, a la espera de una concreción de los acuerdos entre España y Guinea. Hay quien decide trasladarse a la “península” para pasar unos días de vacaciones de navidad y regresar a principios de enero con nuevas energías.

España, potencia bélica – Ampliar
Todos intuían las dificultades entre el gobierno de Macías y el de Franco con más o menos detalle, pero lo que nadie sospechaba era la voluntad, decidida de antemano por Madrid, de abandonar Guinea. En los círculos cercanos a Macías &mdash,incluyendo un cierto número de españoles blancos— sí se conocían algunos detalles preocupantes, como la espiral de tensión en la que este estaba sumido. Macías hablaba con unos y otros en privado, eludiendo al embajador español —Juan Durán Lóriga&mdash, al que definitivamente había decidido ignorar y despreciar, catalogándole como inoperante; la excitante vida política que él imaginaba se reducía sin embargo al trato esporádico con él, y en los círculos sociales de Santa Isabel, el susodicho embajador comenzó a ser denominado “Florindo Mbá”. Macías se resistía a digerir el estado real de las cosas, sus delirios de grandeza se desmoronaban estrepitosamente y la independencia que había imaginado, no se parecía en nada a la realidad. Franco no parecía dispuesto a invitarle oficialmente a Madrid como él anhelaba y solo obtenía la callada por respuesta. Tampoco había noticias de Carrero Blanco ni de Castiella, respecto al apoyo económico para el futuro de Guinea.

Santa Isabel era una ciudad pequeña y antes o después todo el mundo conocía cualquier rumor; uno de ellos fue acerca del supuesto envenenamiento de Bonifacio Ondó Edú a manos de brujos adeptos a Macías, rumor no aclarado a día de hoy; lo que sí es cierto, es que Macías comienza a detener a todos los partidarios posibles de Ondó en las recientes elecciones.

El conflicto está servido
En el centro del huracán se encuentra obviamente, la cuestión económica.

Macías ha ganado unas elecciones y sus ministros y allegados de “clan” esperan una recompensa, económica claro; de ahí su desesperada baza a la hora de involucrarse —por ejemplo en el asunto del Banco de Guinea— con Paesa, Trevijano y otros del mismo corte.

Sello guineano
La situación es explosiva y la deflagración es sólo cuestión de tiempo. De una parte, un Macías incapacitado culturalmente para resolver una situación complicada, ávido de dinero para él y para sus “jefes de tribu” como merecido botín. De otra, una dictadura española hastiada del asunto de Guinea, que hace tiempo ha tomado la decisión de abandonar a los guineanos y que sólo se plantea colaborar económicamente por una cuestión de imagen exterior y en el mejor de los casos de una forma cicatera. Macías necesita justificar su triunfo ante su clan repartiendo prebendas y haciendo ostentación de su poder; en ese sentido el compás de espera y la falta de fondos le resulta insufrible. Desde ese momento comienza a pergeñar una nueva arma arrojadiza: el desalojo de bienes inmuebles, empresas y fincas, de sus legítimos propietarios, para entregárselos sin más a sus adeptos. El conflicto está servido y España sigue sumida en el autismo político.

Macías toma algunas decisiones en pleno estado de ansiedad, y por ende, insólitas la mayoría de ellas.

Decide iniciar una gira por la zona continental, de la que es oriundo y a la que no había vuelto desde octubre; sabe que sus correligionarios exigen su presencia en el territorio y accede a pesar de que se siente más seguro en la conquistada Santa Isabel.

Expulsa al fiscal español —asesor legal aportado por España— por interesarse acerca de las detenciones de los partidarios de Ondó.

Prohíbe los vuelos de la Cruz Roja Internacional desde el aeropuerto de Santa Isabel, que opera en misiones de ayuda en la guerra de la vecina Biafra, aún cuando la masa de braceros biafreños en Guinea —única masa trabajadora en las fincas por tradición— está intacta de momento y ronda las cuarenta mil personas.

Relega a funcionarios nativos de hacienda —formados en España— y los sustituye por personajes de su clan nombrados a dedo, que no tienen la menor idea de cómo se confecciona un Presupuesto del Estado para 1969, cuestión que le es “reclamada” por España para entrar en acuerdos económicos.

Sólo unos pocos apoyos

Billete guineano – Ampliar
Macías estaba virtualmente solo, había nombrado a sus ministros por una cuestión de afinidad étnica y solo bajo cierta presión había considerado incluir una minoría bubi, pero en la realidad sus ministros no pintaban nada para él y más bien los considera aspirantes potenciales a su cargo. La capacidad de gestión de todos ellos no era algo que Macías valorase, confiaba paradójicamente más, a la hora de la verdad, en la sensatez de algunos viejos conocidos blancos, en los que apreciaba opiniones sensatas.

L P era un español guineano y blanco, que había trabajado en Guinea veinte años y que —por razones profesionales— había tenido un contacto habitual con Macías desde los tiempos en que era un joven abriéndose camino en su mismo servicio. Algunas conversaciones privadas de Macías y L P, describen perfectamente la tensa calma reinante en Guinea en los albores de la navidad de 1968.

Merece la pena transcribir algunos retazos de una conversación entre Macías y LP (diálogo que escuché en varias ocasiones de boca del propio LP), durante un recorrido informal por la isla de Fernando Poo, con motivo de establecer un plan de obras civiles. Macías y LP viajan solos en un Land Rover, seguidos a distancia por un vehículo de escolta. Trascripción parcial durante una parada de descanso:

De pronto, Macías comenzó a hablar en voz alta, iniciando en fang frases sueltas que terminaba en español sin más.

Había vuelto su crispación y a LP le parecía estar contemplando el ensayo de un discurso.

Aquel hombre estaba en otro mundo, habló durante un periodo de tiempo mirando al frente como si estuviera solo, lapso difícilmente cuantificable y que a LP le pareció interminable.

Por fin pareció volver a la realidad y miró a la cara de LP como descubriéndole de nuevo tras su enigmática ausencia.

Sr. LP, no se cual es la intención real de España con Guinea.

(Casi vociferaba).

¿A que se refiere Sr. Presidente?

Hace dos meses, por boca del Sr. Castiella, se me prometieron una serie de cosas que no se han cumplido.

Entre otras, se me transmitió un mensaje del General Franco, a mí y a mi gobierno, para visitar España y firmar una serie de acuerdos económicos de cooperación.

(Macías muestra a LP una carta firmada por Franco, en la que efectivamente le anuncia dicha invitación).

Se me prometieron subvenciones para las empresas españolas que han funcionado en Guinea toda la vida y que conocen el país. Se me prometió la creación de un Banco Hispano-Guineano y asesoramiento de todo tipo.

También se me prometió que dispondríamos de todos los funcionarios españoles que creyésemos oportuno, como es su caso y muchas cosas más. Yo creí eso y las únicas noticias que tengo son el silencio, ni siquiera propuestas de aplazamiento.

¡Es una traición Sr. LP!

Tengo noticias de maniobras de Carrero Blanco y su familia, para explotar privadamente la madera del continente, parece que eso es lo único que le interesa de Guinea. Le he llamado personalmente varias veces y solo obtengo evasivas, ni se ha puesto al teléfono, temo hasta un golpe de estado, no me gusta ese hombre.

Sr. Presidente, no creo que el gobierno español piense en esa posibilidad.

Yo no lo se Sr. LP, solo se que alguien no está dispuesto a que mi gobierno viaje a Madrid.

¿Ha hablado con el embajador?

Sr. LP, el embajador no sirve para nada. (Textual)

LP empezaba a igualar el tono de voz de Macías.

Primero: porque no le sorprendía absolutamente nada lo que estaba escuchando, es más, coincidía con sus íntimas convicciones de la situación, y segundo: porque a él mismo le producía indignación lo que estaba escuchando y además lo creía por las informaciones que provenían de la península y por sus propias conjeturas, todo aquello encajaba, pero, ¡Cómo se lo contaba a aquel hombre!

Decidió tratar de calmarle y aconsejarle con la máxima honestidad de que fuera capaz, siempre que la cólera de Macías se mantuviera en unos límites razonables.

Prosiguió sin bajar el nivel de vehemencia de sus palabras porque así lo sentía y porque siempre había sido esa su actitud con Macías, no podía permitirse el lujo de que este percibiera dudas o perturbación, eso era algo que sabía hacía tiempo y en parte era la base de la relación mutua de respeto.

Sr. Presidente, usted es un jefe de estado y dada la situación, convoque una rueda de prensa con el mayor número de medios posible; anuncie su próxima visita a España como un hecho consumado.

Posiblemente Franco no esté al tanto de ningún detalle y seria una forma de forzar una respuesta de Carrero y de todos los demás que tiene a su alrededor, que se verían obligados a concretar acciones políticas para Guinea inmediatamente.

Pero Sr. LP, en Guinea apenas hay prensa.

Sr. Presidente, que alguien se ocupe de enviar un telex con la noticia a las principales agencias de España y de todo el mundo, llevará tal vez unos días, pero no más.

Mientras tanto organice el viaje a fecha fija, para la segunda quincena de enero, lo mas tardar.

No se Sr. LP, tengo la impresión de que van a por mi.

Eso no lo creo Sr. Presidente.

Si usted fuerza una visita a España, no tendrán más remedio que atenderle.

Le alojarán como a un jefe de estado y es seguro que Franco le recibirá. En cualquier caso provocará una convulsión que posiblemente obligue a Franco a pedir explicaciones a más de uno; está mayor, pero no tanto como para no infundir respeto y miedo a su alrededor. Cundiría el pánico entre los aduladores que le rodean y saldría a la luz la situación de Guinea.

Tenga en cuenta que Carrero puede controlar la prensa española, pero no la del resto del mundo. Un asunto así no le interesa al gobierno español en este momento, no creo que España se arriesgue a dar esa imagen en los foros internacionales.

Por unas razones o por otras, la posibilidad de que haya frutos positivos para Guinea, es alta.

Macías escuchaba con evidente atención, daba tiempo a LP para acabar los razonamientos y en principio parecía entender la lógica de todo lo que oía.

Sr. Presidente, Guinea tiene que hacerse oír, usted conoce mi apego a esta tierra y por otra parte no soy experto en la política interior de España, mi afecto está con Guinea y eso no está reñido con ser español. Pero en el gobierno de España hay asuntos internos importantes y delicados de cara al futuro, de forma que no espere respuestas rápidas si Guinea no da un primer paso. Creo en cambio que si lo hace, habrá respuesta inmediata y positiva. Tiene usted que ir a España.

Sr. LP, en breve tengo que ir a Bata, trataré de organizarlo antes de su partida.

Sr. Presidente, es importante que no demore este asunto si finalmente decide ponerlo en práctica, el tiempo está en su contra.

Era evidente, Macías estaba desencajado, los problemas eran mayores que su capacidad de resolverlos. Era un hombre receloso y su desconfianza empezaba a ser extensiva a todo el que le rodeaba, fuera blanco o negro. LP empezó a conformar en aquellos momentos una imagen que fue tomando forma antes de que la conversación acabara; la imagen de un hombre desesperado y peligroso, también acorralado y por ende, más peligroso aún. La asimilación de todo lo tratado en aquella conversación le daba vueltas en la cabeza y desde luego sabía que le tendría ocupada la mente en los días venideros. Solo esperaba que fuera para bien, por los guineanos y por todos los españoles que estaban allí.

Con la misma actitud ausente de hacia un rato, Macías de improviso subió al Land Rover y sin decir palabra, aguardó sentado e inmóvil a que LP arrancara.

Reanudaron la marcha, en dirección a Basakato

José Eburi Palé | 13 de abril de 2007

Comentarios

  1. pessoa6
    2007-04-17 23:51

    Sr. Eburi. No ha cambiado nada. he estado hace poco y volveré en nada y las cosas se siguen haciendo igual. De mal. No se ha perdido la cultura pero la gente que va por motivos de negocios tiene un nivel bajísimo y ninguno de los gobiernos de los últimos 25 años ha intentado influir lo más mínimo para conseguir que se abran parcelas de libertad.

  2. Elisa
    2007-04-18 01:34

    Por supuesto Sr. Pessoa6, que nadie hace nada.
    Ese es el triste destino de África en general y de la que fue nuestra Guinea en particular.
    Europa administró unos territorios durante dos décadas y cuando el “gran jefe”, le ordenó dejar el campo libre, Europa lo hizo, sin más.
    Esa simplona ley, es a lo más que se ha llegado en esta humanidad (a nivel de colectivo organizado), después de millones de años de evolución. La ley del más fuerte. Ley que compartimos con el león, las hormigas, el oso pardo y la avutarda.
    Lo más triste es que España en particular, no lo hizo del todo mal en Guinea, y al cabo del tiempo y de la traición al pueblo llano guineano, nos erigimos ahora en paladines de la caridad y el humanitarismo universal, a la hora de hacernos cargo de un barco a la deriva repleto de emigrantes subsaharianos, pongo por caso, mientras el resto de Europa sonríe de soslayo.
    Tenemos en Guinea una fructífera labor que hacer, como deuda con un pueblo hermano que comparte idioma y cultura, pero ahí nos detenemos enigmáticamente y no hay caridad ni humanitarismo que valga.

  3. pessoa6
    2007-04-18 01:59

    Si no es difícil, Elisa. No es un asunto de caridad ni humanitarismo. Es tomarse en serio una minoría africana con tu cultura que no se puede abandonar. Ni siquiera sería muy caro.
    Becas, intercambios, recuperación de lo poco decente de la epoca colonial y una atención constante. Y punto



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