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Butaca no numerada por Alberto Haj-Saleh

Sentado en una vieja Butaca no numerada de terciopelo rojo, el autor se lanza a una reflexión impúdica todos los miércoles sobre cualquier cosa que se atreva a moverse por las pantallas, sean éstas de cine o no. Alberto Haj-Saleh es editor de LdN y autor de la columna Teatro Abandonado.

El drama en el recuerdo

Me gustó mucho uno de los fenómenos del año en el cine español, la Carmina o revienta de Paco León que tantas alegrías le ha dado al director y actor sevillano. Me gustó su brevedad y su estructura de episodios en flashback, su sinceridad desprejuiciada y su tono de “podría ser un documental o podría no serlo” y me gustó mucho María León, pero eso ya lo sabéis.

Sin embargo creo que una de las mejores cosas de la película es su condición perfectamente dibujada de tragicomedia, o mejor dicho, de drama que encierra entre paréntesis (los paréntesis del principio y del final) la forma decididamente cómica con la que Carmina y su hija afrontan cada una de las pequeñas miserias con las que se van encontrando por el camino.

Pero Carmina es divertida mientras transcurre el día, cuando habla con su vecina la que es amiga de Mayra Gómez Kemp y de la Reina Sofía o cuando se bebe un medicamento que es para lavado vaginal, cuando echa a bolsazos a los ladrones de su coche o cuando se enfrenta al pijo sevillano que le ha dado de frente a la furgoneta en la que conducía su hija. Durante la noche Carmina está sola y teme reventar, y la cosa deja de ser divertida.

La película tiene una primera escena primorosa, antes de los créditos. Carmina, sentada en la cocina a las seis de la mañana esperando una llamada de teléfono que ha de llegar, se lamenta a solas de su situación siempre al límite, de su precariedad y de su soledad. Y rompe a llorar diciendo “cualquier día la Carmina revienta”, llora sin que haya más testigos que la cámara, que nunca está tan cerca del documental como entonces.

A partir de ahí: la comedia, el flashback que va construyendo poco a poco la situación que ha llevado a Carmina a esa cocina, una Carmina que no se permite quejarse delante de nadie, que no vuelve a lamentarse en ningún momento, sino que sobrelleva todo lo que le va cayendo con el mejor humor posible. Pero para cuando la historia llega a su final y el teléfono suena en esa cocina, nosotros, que hemos presenciado una comedia, tenemos que volver a recordar el drama de la primera escena y comprender a esa mujer que llora a solas, comprender que por muy cómico que sea lo que hemos visto, no deja de ser un paréntesis (total) dentro de una vida llena de durezas.

Alberto Haj-Saleh | 17 de octubre de 2012

Comentarios

  1. c.
    2012-10-19 00:44

    Qué bonito. Voy a ver si la encuentro.


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