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Butaca no numerada por Alberto Haj-Saleh

Sentado en una vieja Butaca no numerada de terciopelo rojo, el autor se lanza a una reflexión impúdica todos los miércoles sobre cualquier cosa que se atreva a moverse por las pantallas, sean éstas de cine o no. Alberto Haj-Saleh es editor de LdN y autor de la columna Teatro Abandonado.

Derrotados

Durante el último año y medio he estado repasando la filmografía en orden de John Huston como director, con la periodicidad fija de “una película de vez en cuando”. Aún me quedan bastantes, vamos por El hombre de MacKintosh (The MacKintosh man, 1973), pero a estas alturas queda claro que el director de Missouri amaba apasionadamente a los personajes completamente derrotados. Tengo que confesar que comparto ese amor: los ojos del hombre que ya ha perdido todo antes de que eche a andar la película, si son auténticos o al menos me lo parecen, me mantienen siempre hipnotizado ante la pantalla.

De todos ellos el que más me gusta es Sterling Hayden en La jungla de asfalto (The asphalt jungle, 1950), ese granjero de Kentucky de corazón atrapado en el cuerpo y en la vida de un delincuente de medio pelo. Hayden está rozando con la yema de los dedos su redención, es casi un buen chico, a la espera de ese último golpe que le permita abandonar el mal camino para siempre. Elige mal, paga. Más “injusto” es lo que le sucede a Tom Neal en Detour (id., Edward G. Ulmer, 1945), en una situación parecida, condenado a ser sometido por una araña negra con forma de mujer por una cuestión de puro azar maldito. Un fatum oscuro planea sobre ellos, una irreversibilidad absoluta en la dirección de los acontecimientos que se despeñan como rocas en un acantilado escarpado.

De los recientes me fascina el Toni Servillo de Le conseguenze dell’amore (Id., Paolo Sorrentino, 2004), quien se pone bajo la piel de Tita di Girolamo, ese contable heroinómano y “correo” económico de la camorra napolitana que asume su condición de condenado a través de una rutina diaria milimétrica. Aparece una mujer, claro, siempre aparece, pero sólo para recordarnos que esa caída es siempre dura, por mucho que aparezca bajo la forma de la anestesia y de la asunción indolora.

Esta semana vi The visitor (Id., Tom McCarthy, 2008), una película de intenciones sencilla y desarrollo tranquilo, donde Richard Jenkins compone la versión más tranquila del derrotado de antemano. No se detiene McCarthy en el pasado de Jenkins para hacernos comprender su presente, se limita a dejarnos un par de pinceladas (es viudo, no sabe tocar el piano como ella, que era concertista) para que rellenemos el cuadro si nos apetece, pero se centra en lo realmente importante: la vida del aburrido profesor de economía que protagoniza la película lleva años parada, el propietario de esa vida claudicó, y cuando se claudica así el tiempo, sencillamente, se frena. No habrá transformación radical y, tal vez por ello, increíble y que se cargue la distancia estética que el espectador mantiene con la película. Nada de eso; lo que hay son levedades, levedades que marcan la diferencia: vergüenza al ser sorprendido tocando unos bongos, recomposición del rostro tras un único chiste no comprendido, risa infantil y emocionada por haber acertado con un regalo. Lo demás, el resto del metraje, es derrota y aceptación de la misma.

Aunque aquí, al final, sí que hay esperanza. Algo es algo.

Alberto Haj-Saleh | 15 de abril de 2009

Comentarios

  1. cm.
    2009-04-17 00:07

    O sea que, tal vez no llegaste a Gabriel, el perdedor de Los muertos, que John Huston dirigió muy enfermo y a cuyo estreno ya no asistió…; ni has vuelto a recordar la bellísima canción «The Lass of Aughrim», a la que James Joyce otorga un papel clave en ese precioso cuento que es The Dead:

    http://www.youtube.com/watch?v=_NvD4TddmJo&eurl=http%3A%2F%2Fimusica%2Ees%2Fmusica%2Dde%2Dcine%2Fdublineses%2Dlos%2Dmuertos%2Djohn%2Dhouston&feature=player_embedded

    If you’ll be the lass of Aughrim
    As I am taking you mean to be
    Tell me the first token
    That passed between you and me
    O don’t you remember
    That night on yon lean hill
    When we both met together
    Which I am sorry now to tell
    The rain falls on my yellow locks
    And the dew it wets my skin;
    My babe lies cold within my arms;
    Lord Gregory, let me in

    También me gustó The Visitor. Y me han recomendado vivamente, de McCarthy, Vías cruzadas:

    http://www.labutaca.net/51sansebastian/thestationagent.htm

    Saludos.

  2. Alberto
    2009-04-17 00:17

    Bueno, vi Dublineses hace cuatro o cinco años, así que no he llegado… en este recorrido :-) Al que tengo que añadir con honores después de anoche es al Stacey Keach de Fat City. Vaya película.


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