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Butaca no numerada por Alberto Haj-Saleh

Sentado en una vieja Butaca no numerada de terciopelo rojo, el autor se lanza a una reflexión impúdica todos los miércoles sobre cualquier cosa que se atreva a moverse por las pantallas, sean éstas de cine o no. Alberto Haj-Saleh es editor de LdN y autor de la columna Teatro Abandonado.

Problemas de intimidad

Una de las candidatas al Oscar a la mejor película, The Reader (Stephen Daldry, 2008), es una película bastante interesante que pasa por tres fases muy diferenciadas: una primera parte en la que se narra una historia de amor basada en el sexo que tiene lugar entre un chico de quince años y una revisora del tranvía que le dobla la edad; una segunda en la que se aborda una cuestión moral sobre la Alemania post-nazi; y un epílogo un poco demasiado largo en el que se cierran ambas historias, ya definitivamente entrelazadas.

La segunda parte me atrapó en seguida, pero con la primera, esa historia de sexo y amor medianamente feliz y sencilla, me hizo revolverme incómodo en la butaca de la sala. Nada era incorrecto o excesivamente forzado en la interpretación de los actores, buenos, convincentes; la cámara no se excedía en su recreación de la relación y los diálogos eran hasta cierto punto contenidos. ¿Entonces? Entonces diría que tengo un problema a la hora de ver mostrada la intimidad de una pareja en la pantalla, un problema de verosimilitud o de falta de empatía: la realidad es que nunca termino de creerme que esas dos personas se amen o sientan esas palabras cargadas de retórica extraña que suelen decirse, a pesar de que soy consciente de que en los primeros momentos del amor uno pueda llegar a elaborar discursos que empalagarían a un oso pardo.

Tal vez por eso me resultó mucho más creíble la relación matrimonial de Leonardo Di Caprio y de Kate Winslet en Revolutionary Road (Sam Mendes), porque la frialdad del desamor y la ira en las voces quebradas durante las peleas de pareja se llevan mucho mejor con la pantalla que la felicidad que irradia una pareja de recién enamorados. Patrice Chéreau hizo un acercamiento espléndido a ese problema precisamente en Intimidad (Intimacy, 2001), donde la relación de los protagonistas se basaba en la ausencia de intimidad en el seno de una relación sexual que negaba de forma explícita cualquier atisbo de amor. El también francés Frédéric Fonteyne iba aún más allá y durante gran parte del metraje de Una relación privada (Une liaison pornographique, 1999) se niega a entrar en la habitación en la que Sergi López y Nathalie Baye consuman “eso” que no quieren contar ni siquiera a su entrevistador. De hecho, cuando la cámara termina por entrar con ellos en esa estancia del hotel que comparten una vez cada quince días, el espectador es plenamente consciente de que se está violando un pacto tácito con la película, acentuando la sensación de voyeurismo en un giro de dirección brillante.

Pocas películas logran transmitir de forma sencilla y sin artificios la intimidad que se crea entre dos personas que dan paso a un nuevo estado, donde el espacio de la amistad o la convención social de los conocidos dan paso a algo nuevo, sea amor o sea un grado de cercanía impensable tan sólo unas horas antes. Sofía Coppola tiene la asombrosa habilidad de captar a Scarlett Johansson tocando voluntariamente con un pie a Bill Murray en Lost in Traslation (2003) y colocando en un encuadre cenital perfecto el momento exacto en el que esas dos personas solitarias se convierten en algo más que amigos. Clint Eastwood hace una maravillosa transición desde la tensión amorosa subterránea en Los puentes de Madison (The Bridges of Madison County, 1995) hasta la consumación de su nuevo status de amante de Meryl Streep. ¿Cómo? Con un mero gesto: Streep hablando por teléfono con su amiga, que la ha llamado para asegurarse de que está bien. Mientras habla, Eastwood pasea lentamente por detrás de ella, justo cuando ella dice en voz alta la mentira que ambos estaban esperando: “No hace falta que vengas”, dice a su amiga. “Cenaré cualquier cosa, tomaré un baño y me meteré en la cama”. Eastwood escucha esa mentira que sirve de señal, de puerta abierta a la intimidad. Para rubricarlo, él apoya una mano en el hombro de ella, que sin parar de hablar se la acaricia. Es la primera vez que se tocan y es magnífico.

Tal vez por todo esto siempre prefiero no ver el amor en pantalla: prefiero que me lo cuenten, o que la relación no sea más que una consecuencia de lo que se supone que pasa siempre entre héroe y heroína, o que sea algo deliberadamente superficial, como en la comedia romántica, de manera que me quite a mí, espectador, de la responsabilidad de creer o no que esas dos personas que estoy observando están viviendo de verdad una relación íntima.

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Este domingo se celebrará la ceremonia de los Oscars, pero hasta el viernes que vaya a ver The Wrestler (Darren Arronofsky, 2008) no podré hacer completamente mi quiniela. A falta de ver esa película (y a tres de los candidatos de interpretación que ya no veré a tiempo, Richard Jenkins, Anne Hathaway y Melissa Leo), lanzo una “porra light”, por si los lectores quieren jugar conmigo. Esta vez pondré lo que me gustaría que saliese, y no lo que creo que va a salir. Que es diferente.

PELÍCULA: El desafío. Frost contra Nixon (de calle la película más entretenida y divertida que he visto este año. Y el pasado).
DIRECTOR: Stephen Daldry (le tengo tirria, lo confieso, pero me gusta mucho como construye y estructura The Reader).
ACTOR: Frank Langella por El desafío. Frost contra Nixon (Un Nixon espléndido y sin hacer una sola mueca histriónica).
ACTRIZ: Meryl Streep por La duda (No sé a quién le leí que no le gustaba por que hacía una interpretación de manual. Del manual de las actrices cojonudas, supongo. ¿Mejor que Kate Winslet? … sí, diría que sí).
ACTOR DE REPARTO: Robert Downey Jr. por Tropic Thunder (aunque, caray, que complicada es esta categoría. Si se lo dan a cualquiera de los otros no me enfadaré).
ACTRIZ DE REPARTO: Penélope Cruz por Vicky Cristina Barcelona (es lo mejor con diferencia de la película de Woody Allen y el resto de candidatas están sólo aceptables —a la espera de ver a Marisa Tomei en The Wrestler—).

Y para los guiones me quedo con la buena adaptación que ha hecho John Patrick Shanley de su obra de teatro en La duda y el brillantísimo guión original de Escondidos en Brujas, obra de su director Martin McDonagh.

Este año no me como ná.

Alberto Haj-Saleh | 18 de febrero de 2009

Comentarios

  1. Libros
    2009-02-19 02:43

    No me sumo a la quiniela del Oscar porque este año vi poquísimo (me aburrí bastante con El curioso caso de Benjamin Button, otro ejemplo que te podría servir para este post sobre lo poco creíbles de algunas escenas de amor).
    Va link en mi próximo Lo mejor de la quincena.

  2. Ana Lorenzo
    2009-02-19 03:29

    Lo de la intimidad de la pareja, si es felicidad, debe de ser que desde pequeños aprendemos que es el final («y fueron felices y comieron perdices»), no la historia en sí, y que es mucho mejor imaginarlo que narrarlo.
    De tu quiniela para los Oscars: me quedo con la peli de El desafío. Frost contra Nixon. El de mejor actor, sin embargo, se lo doy a Sean Penn por Mi nombre es Harvey Milk. Apoyo tu elección de Robert Downey Jr.; es que tengo debilidad por él. Aún no he visto La duda ni Vicki Cristina Barcelona, pero las veré.
    Lo que no entiendo es que propongan a Mickey Rourke como mejor actor. Cuando veas The Wrestler me dices qué tiene de buen actor, ¿vale?
    Un beso.

  3. Alberto
    2009-02-19 04:45

    Bueno Ana, ya hablé sobre las interpretaciones inesperadas en esta columna, y de un caso más sorprendente aún con la película de Van Damme, ¿recuerdas? Mickey Rourke rozó el premio de interpretación en Venecia este año y para el 90% de la crítica (incluido los más duros) él debía haberse llevado la copa Volpi. Mi hermano siempre me recuerda la frase mítica de Carlos Pumares que decía: “nadie recuerda que antes de El silencio de los corderos Anthony Hopkins era un actor malísimo”.

    @Libros, gracias por la recomendación futura :-)

  4. gatavagabunda
    2009-02-19 07:23

    Me gusta tu alusión a “Los puentes de Madison”, en mi modesta opinión lo mejor de lo mejor que se haya podido hacer para reflejar la verdadera intimidad del amor en pantalla.

    ¡Quiniela, quiniela! La mía sería prácticamente idéntica a la suya, en especial coincidimos en los guiones; qué lástima que “Escondidos en Brujas” no haya corrido mejor suerte. Diferencias: Director, Fincher; actor de reparto: Heath Ledger. En cuanto a la película de habla no inglesa, espero y deseo que se lo lleve “Entre les murs”.

  5. Marcos
    2009-02-21 09:55

    Si alguien se lo cree, advierto que esto es un aguafiestas: Posible filtración de los ganadores.

    Y aquí va mi quiniela:

    Mejor pelicula: – El curioso caso de Benjamin Button

    Mejor director: – David Fincher (El curioso caso de Benjamin Button)

    Mejor actor en un papel principal: – Mickey Rourke (El luchador)

    Mejor actriz en un papel principal: – Kate Winslet (El lector)

    Mejor actor en un papel secundario: – Heath Ledger (El caballero oscuro)

    Mejor actriz en un papel secundario: – Marisa Tomei (El luchador)

    Mejor guión original: – Mi nombre es Harvey Milk

    Mejor guión adaptado: – El desafío: Frost contra Nixon

    Mejor fotografía: – Slumdog Millionaire

    Mejor montaje: – El desafío: Frost contra Nixon

    Mejor dirección artística: – El curioso caso de Benjamin Button

    Mejor vestuario: – El curioso caso de Benjamin Button

    Mejor maquillaje: – El curioso caso de Benjamin Button

    Mejor banda sonora original: – A.R. Rahman (Slumdog Millionaire)

    Mejor canción: – Down to Earth (WALL-E)

    Mejor sonido: – El caballero oscuro

    Mejor montaje de sonido: – El caballero oscuro

    Mejores efectos visuales: – El caballero oscuro

    Mejor película de animación: – WALL-E

    Mejor película de lengua extranjera: – La clase

    Por cierto, no he visto ni una.

    Saludos

  6. Ana Lorenzo
    2009-02-21 21:29

    Pero, Marcos, no me digas que no has llevado a tus peques a ver Wall-E (o peque), ¿o son demasiado peques aún?
    Sigo sin entender lo de Mickey Rourke (vale, no he visto la película, lo confieso, pero es que lo veo en el tráiler y me da repelús). Y no es el mismo caso que el rescate de John Travolta o de Jean Claude Van Damme, Alberto, que estos dos actores, solo verlos en el tráiler te hacían abrir la boca de asombro.
    Un beso.

  7. Marcos
    2009-02-21 21:45

    Ups, perdón, sí, claro, vi Wall-E, pero como sólo disfruté media hora pues ya me había olvidado de ella.

    Y lo de Rourke, si es que hiciera aquí una buena actuación, no sería un rescate sino un descubrimiento, pues no hizo nunca ninguna más allá de la corrección de cientos de otros actores. Sería un rescate de su fama, eso sí.

    Saludos

  8. Alberto
    2009-02-21 21:48

    Joe, Ana, lo que yo no puedo entender es que me estés diciendo que ya sabes que lo de Mickey Rourke no es como lo de Travolta o ¡Van Damme! por lo que has visto… ¿en menos de un minuto de imágenes montadas de forma promocional para anunciar una peli? ¿Pero es que no hemos aprendido nada? ¿De verdad que no fue alucinante lo que hizo Kim Basinger en LA Confidential cuando TODOS pensaban que era de todo menos actriz? ¿De verdad que alguien creyó que el Landa de “Manolo la nuit” podía hacer de Paco el Bajo en “Los santos inocentes”? ¿De verdad alguien imaginaba a Jean Claude en JCVD?

    Bueno, ayer vi El Luchador, primera película que me hace llorar en años. Rourke está inmenso, hermoso, brutal, creíble, contenido, espléndido en resumen. ¿Entre Langella y Rourke? Pues a día de hoy no sé qué decirte.

    Y claro que da repelús, leches, que es un luchador de Wrestler hinchado por drogas y hormonas, eso es como decir que es que Brad Pitt da repelús al principio de Benjamin Button.

    Ah, y la chorrada del “Rescate” es lo que pone en la publicidad de la peli. Marcos tiene razón, Rourke nunca ha sido muy bueno. Pero tampoco muy malo, ¿eh? A ver si ahora se nos va a ir la perspectiva.

  9. Marcos
    2009-02-21 22:32

    Bueno, a mí me hace llorar hasta Hannah Montana cuando se pone bobalicona, eso no prueba nada.

    Y vuelvo a lo de otras veces: una buena actuación de un actor no significa que sea bueno, sino que probablemente fue bien dirigido. Piensen sino en nuestra Pe: maliña, maliña, salvo cuando la coge Almodovar y, por lo que decís, Woody Allen. Langella es un gran actor, Rourke hizo una gran actuación. Rourke, Basinger, Julia Roberts y tantas otras estrellas son actores solventes en papeles limitados y que esporádicamente, tienen grandes actuaciones con directores que saben dirigirlos. Por ejemplo, Gibson todavía no dio con ninguno, quizás porque nadie pueda sacar nada de él.

    (¿De veras lloraste? Nenita, nenita, nenita…)

  10. Ana Lorenzo
    2009-02-21 23:39

    Está bien, iré a ver al Rourke, pero que yo llore tampoco indica nada… En Siete almas no paré de llorar como una tonta y, la verdad, vaya película, tendrían que poner Categoría Estrenos TV.
    Un beso.

  11. Merche
    2009-02-22 01:29

    Marcos, con lo buenazo que tú eres y hay días que se te nota más ácido que un limón de los que tenía mi abuelo na horta… jejejeje

    Bueno, no quiero echar leña al fuego, pero es que el cine está plagado de casos como El Caso Rourke (¡casi!). “The Wrestler” es una muy interesante película y, además, Rourke está muy bien. Pero es que al minuto uno de película yo ya no relacionaba a ese hombre con el chico que trabajó con Coppola, qué quieren que le diga. Ha pasado tanto tiempo…


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