Libro de notas

Edición LdN
Butaca no numerada por Alberto Haj-Saleh

Sentado en una vieja Butaca no numerada de terciopelo rojo, el autor se lanza a una reflexión impúdica todos los miércoles sobre cualquier cosa que se atreva a moverse por las pantallas, sean éstas de cine o no. Alberto Haj-Saleh es editor de LdN y autor de la columna Teatro Abandonado.

Nanni Moretti (II) - La reflexión interior en Sogni d’oro (1981)

Nanni Moretti siempre ha rechazado frontalmente las comparaciones que se han hecho entre su cinematografía y la de Woody Allen o Federico Fellini. A pesar de ello es inevitable encontrar semejanzas, sobre todo a partir de su tercer film, Sogni d’oro, que en muchos sentidos funciona como una especie de estancia en el purgatorio para el director, una autocrítica voraz a sus películas precedentes y a su posición como renovador del cine italiano.

Esta vez Michele Apicella es un joven y exitoso cineasta italiano que ha tenido un gran arranque en su carrera como director. Desde ese punto de partida, Michele – que sigue siendo un sociópata agresivo, misántropo y amargado – se enfrenta a todo lo que rodea su faceta como director, todo un mundo que le asquea y deprime: desde los críticos maliciosos que le acusan de hablar de una juventud que no se corresponde con la realidad italiana (una y otra vez le recuerdan que sus películas no son interesantes para el gran público, que busca divertirse después de una larga jornada de trabajo: “¡Intenta hacer ver tus películas a un peón de Luca, a un pastor de Abruzzo, a una ama de casa de Treviso!”) hasta los admiradores incondicionales que le siguen a todas partes intentando llegar a ser como él (y por supuesto decepcionándose a las primeras de cambio).

Moretti aborda con mordacidad y sarcasmo el exceso de intelectualismo y al mismo tiempo la defensa de la ignorancia como un valor en sí mismo, la crisis del creador y la creación vacía que busca el aplauso fácil, la reclusión e introspección del artista y su concesión al espectáculo y al circo mediático. Todo ello bajo un discurso narrativo que raya el surrealismo, valga un ejemplo: en un momento dado Michele debe enfrentarse en un concurso televisivo a un director rival que está rodando una película musical sobre el mayo del 68 y la prueba final de dicho concurso es una carrera vestidos de pingüinos mientras el público tira cubos de agua. Moretti elabora un relato complejo de varias historias entrelazadas que dan forma a sus obsesiones, no sólo como cineasta – que es la historia predominante – sino también en otros ámbitos, como es el de la falta de relaciones familiares y el sueño de una vida normal: Michele tiene un sueño recurrente en el que se ve a sí mismo como profesor de secundaria enamorado de una estudiante con la que no consigue llegar a buen puerto. Todo esto se entrelaza en una red de emociones y de reacciones agresivas de Michele/Moretti no tanto hacia su entorno como hacia sí mismo, al considerarse víctima y culpable del bamboleo intelectual y personal al que se ve sometido.

Como demuestra la secuencia final, no importa que Michele crea haber filmado su mejor película (una grotesca biografía llamada La mamma di Freud); él se ve a sí mismo como un monstruo.

Alberto Haj-Saleh | 28 de enero de 2009

Textos anteriores

-
El final [20/12/13]
-
También en 2013... [11/12/13]
-
Así que el 2013... [04/12/13]
-
Resumiendo más [19/12/12]
-
Resumiendo [12/12/12]
-
Puro goce [05/12/12]
-
-
Las películas [07/11/12]
-
Granito de Arena [24/10/12]
-
Como desees [10/10/12]
-
Sí que entienden [26/09/12]

Ver todos


LdN en Twiter

Publicidad

Publicidad

Libro de Notas no se responsabiliza de las opiniones vertidas por sus colaboradores.
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons
Desarrollado con TextPattern | Suscripción XML: RSS - Atom | ISSN: 1699-8766
Diseño: Óscar Villán || Programación: Juanjo Navarro
Otros proyectos de LdN: Pequeño LdN || Artes poéticas || Retórica || Librería
Aviso legal