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Butaca no numerada por Alberto Haj-Saleh

Sentado en una vieja Butaca no numerada de terciopelo rojo, el autor se lanza a una reflexión impúdica todos los miércoles sobre cualquier cosa que se atreva a moverse por las pantallas, sean éstas de cine o no. Alberto Haj-Saleh es editor de LdN y autor de la columna Teatro Abandonado.

Mientras haya música seguiremos bailando

Llevo un buen rato comenzando esta columna y borrando de nuevo lo que escribo, intentando en vano poner en palabras quién es Carlos Cristos y por qué la película documental Las alas de la vida, protagonizada por él y dirigida por Antoni P. Canet es una experiencia cinematográfica y vital que absolutamente nadie debería perderse. La verdad es que todo me parece demasiado frío, lógica respuesta a la lucha interior que mantengo con las ganas de ponerme sentimental.

Leer datos biográficos sobre Carlos me ayuda a perfilar mejor cosas que andaban borrosas en mi recuerdo de la película. Médico gallego afincado en Mallorca, él siempre quiso ser médico de pueblo y nada más. Y nada menos. Su vocación era la medicina accesible a todos, humanizar una profesión a ratos en manos de autómatas y explicar, sobre todo explicar de la manera más clara posible todo lo que le puede ocurrir a un paciente. Si algo me queda claro es que para él nada era más importante que lograr que la gente entendiera todo muy bien.

De ahí que cuando se le diagnosticó una atrofia sistémica múltiple, una rara enfermedad de la que no se llega al millar de casos documentados en todo el mundo, le propusiese a su amigo Antoni, director de cine, que filmara de qué manera alguien que sabe que va a morir pronto puede enfrentarse a ese trance y salir indemne. Parece una paradoja pero no lo es.

Las alas de la vida – Ampliar
Durante tres años Toni estuvo junto a su amigo con una cámara encendida, testigo silencioso y discreto, sorprendentemente pudoroso, de un proceso lento y doloroso pero también lleno de esperanzas y de muy buen humor. Carlos no desdramatiza, no quita hierro, no niega la mayor; pero tampoco se abandona a la muerte, renuncia a sonreír ni destruye lo que le ha costado cuarenta años construir: sus lazos familiares y afectivos, su amor por la medicina divulgativa, por la comunicación, por los inventos, por la música (suya es la canción Chegando a mil, tema principal de la película). Él mismo lo dice varias veces: “Mientras haya música seguiremos bailando. A ser posible con una sonrisa”.

Al otro lado de la cámara está Canet, el otro héroe común de esta historia, capaz de recoger los deseos de su amigo durante más de setenta horas de grabación y montar, desapareciendo del plano, un ejercicio de verdad filmada sobrecogedor e inmenso, sin dejar nada al azar, rodado con contención y serenidad, la que pide el tema, honesto, con un montaje impecable, suave, dejando que Carlos cuente su historia de forma pausada y clara. Ayudando a que todo quede bien explicado, sin elidir nada, sin olvidar las bromas afiladas hacia sí mismo (“Ser parkinsoniano hace que aliñe la ensalada mejor que nadie”), la manera de encajarlo por parte de sus allegados (la negación de sus padres, la incondicionalidad de su esposa) o su propia desesperación y tristeza. Cuando una amiga suya lee su testamento vital a la cámara, Carlos rompe a llorar. Toni le pregunta si quiere que paren un rato y él responde: “No. Esto es normal. Esto también me pasa”.

Juntos, Carlos y Toni, Toni y Carlos, crean una obra redonda y perfecta, ligada estrechamente a su contenido, un discurso hermoso e impecable de valor profundo e innegable, un extraño caso de verdad optimista que hace respirar más y mejor desde el momento en que terminas de verla.

Carlos Cristos murió el sábado 26 de abril en su casa de Mallorca, junto a su familia y sus amigos. Apostaría que bailando hasta el último minuto.

Alberto Haj-Saleh | 30 de abril de 2008

Comentarios

  1. Merche
    2008-04-30 18:43

    Tuve la suerte de ver “Las alas de la vida” hace unos meses y creo que hacía mucho tiempo que no me sentía así en una sala de cine.

    Carlos Cristos era un tipo impactante, en todos los aspectos. La virtud del documental está en que se centra en la vida, no en la muerte; destila sentido del humor y optimismo, no se recrea en el dolor, no es morboso, no es sensacionalista. Sencillamente hermosa, brutal, directa. Es la emoción pura y dura que surge de ver a un tipo metido en una lucha titánica contra lo imposible, siempre con una sonrisa en la cara.

    Como bien dices, “Las alas de la vida” es mucho más que cine. Hay que verla, y vivirla.

  2. Marcos
    2008-05-01 00:41

    La película me impactó. Compendia un rarísimo clima mezcla de optimismo y crudeza. Sin embargo, no creo que bailase en el último minuto.

    Saludos

  3. noc
    2008-05-01 02:27

    Gran pérdida.
    Qué valor.
    Si que habrá bailado, creo que sí

  4. jonathan
    2008-05-13 06:08

    Grande Carlos una persona de las que nunca olvidare

  5. CARMEN
    2008-07-12 00:13

    Durante meses su frase mientras haya música seguiremos bailando y siempre con una sonrisa formo parte de mi vida y espero que siempre la siga formando. Yo quiero ser como él, siempre con una sonrisa, aunque reconozco que ahora mismo enterarme de su muerte me entristece mucho. ¡Qué injusta es la vida!.
    Gracias por compartir tu vida en tu película con el resto del mundo, dificilmente podré olvidar esa aptitud tan maravillosa y tan envidiable, ¡eres un ejemplo a seguir!.
    Me gustarí poder descargar su canción la que esta en esta página, ¿Dónde y como puedo hacerlo? me gustaría compartirla con todo aquel que quiera escuchar su historia, me parece tremendamente hermosa, gracias.

  6. Alberto
    2008-07-12 01:57

    Hola Carmen. En la página web de la película www.lasalasdelavida.com puedes descargarte el tema de la película, Chegando a mil, compuesta por el propio Carlos Cristos. Simplemente pincha en la sección “Area de descargas” y allí lo tienes para bajar gratuitamente.

    Un saludo.

  7. Miguel
    2011-03-05 11:09

    Una historia que deja con el corazón frío. Una lucha sin alternativa que sólo tiene un camino y un fin, los cuales tan sólo tratan de suavizarse con el sentido del humor, el aprecio del tiempo vivido y presente. Sin duda, no deja indiferente.
    Sin haber conocido a Carlos, nos damos cuenta de que ha tenido un vida plena, hasta el momento de su enfermedad y que a pesar de ella todos envidiamos muchos de sus aspectos personales.
    Gracias Carlos estés allí donde estés. Y si tu testimonio no sirve para la ciencia, ojalá sirva para abrir los ojos a todos los que nos sentimos “jodidos pero contentos”.


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