Libro de notas

Edición LdN
Buscando a Johnny Jones por Francisco José Palomares

A través de sprites polvorientos y bajo viejos y olvidados comandos de basic, Francisco José Palomares, arqueólogo de los 8 bits y soñador profesional, nos trae los días 9 de cada mes el fruto de sus investigaciones, centradas en la búsqueda del rastro del legendario héroe Johnny Jones. Su intención: reconstruir lo más fielmente posible la memoria sentimental de una generación fascinada por los gráficos simples, los casetes llenos de pitidos y la música en MIDI.

Los clásicos nunca mueren

Seis años y tres meses. Ese es el tiempo que ha pasado desde que Buscando a Johnny Jones se convirtió en una realidad que ha acudido de forma más o menos fiel a su cita mensual con vuestras pantallas. Bueno, quien dice “mensual” dice “tres de cada cuatro meses, más o menos”. Eh, minucias. El caso es que esto empezó como una forma de volver la vista atrás hacia todos aquellos videojuegos clásicos que, quitando a los cuatro abuelos Cebolleta de turno como el menda, muy poca gente recordaba y aún menos seguía jugando. Y supongo que en buena parte gracias a la tremenda influencia sobre los indicadores globales de opinión ejercida por esta superpopular columna (si habéis conseguido leer esta última frase sin partiros de risa, felicidades, prueba superada), de un tiempo a esta parte parece que las cosas están cambiando. En los últimos años se está dejando notar un cierto aire revival, sobre todo en los círculos más independientes del panorama videojueguil mundial, que está logrando que muchos jugadores que no tuvieron la oportunidad de vivir “aquellos maravillosos años” puedan disfrutar hoy en día de todos aquellos juegazos, o de cosas muy, muy parecidas. De repente, parece que lo clásico está de moda.

Buena parte de la culpa de esta tendencia “retro” la tienen las buenas gentes de Good Old Games (más conocida simplemente como GOG.com), una tienda online especializada en exactamente eso: juegos buenos y viejos, de esos que nos gustan tanto por estos lares. Lejos quedan aquellos oscuros años en los que la única manera de conseguir echar mano a cualquier juego de más de diez años de antigüedad era rebuscar por mil y una páginas de abandonware y, con suerte, descargarlos de una forma bastante discutible legalmente. Hoy en día, el catálogo de GOG.com cubre casi todos los grandes clásicos para PC de los ochenta y los noventa, además de un buen puñado de juegos más recientes. Evidentemente, la “pega” es que hay que pagar con ellos, pero los precios acostumbran a ser la mar de razonables teniendo en cuenta la calidad contrastada de la mayoría de títulos presentes, y eso sin tener en cuenta las muy frecuentes ofertas especiales con las que nos alegran la vista y tientan a nuestros pobres bolsillos. Sin ir más lejos, hace pocos días regalaron (sí, totalmente gratis) los tres primeros capítulos- de la saga Fallout. Un chollazo, vaya.

La existencia de GOG.com ha eliminado casi de un plumazo uno de los grandes problemas de los juegos clásicos: la falta de disponibilidad. Sin embargo, y por desgracia, la gran mayoría de los jóvenes jugadores modernos no están nada acostumbrados a “soportar” la comparativamente inferior calidad técnica de los títulos de antaño. Contra este obstáculo no basta con ponerles los juegos delante de las narices a precios de risa. Hace falta echarles una mano de pintura, quitarles la capa de polvo de encima con cariño y envolverlos en un papel de regalo brillante y llamativo. Y con esta filosofía de acercar los juegos de ayer a las exigencias del público de hoy surgieron los remakes. Esto no es algo nuevo, ni mucho menos. La diferencia está en que hasta hace poco, de ellos se encargaban equipos de desarrolladores aficionados en su tiempo libre, generalmente sin contar con la aprobación ni el apoyo de los creadores del título original, y eran distribuidos casi siempre de forma totalmente gratuita. Ahora, sin embargo, han surgido compañías dedicadas a actualizar nombres clásicos de la historia del software de entretenimiento de forma “oficial”, lo que evidentemente ha traído consigo una mayor calidad global de los productos finales. Hay que destacar en este aspecto a Beamdog y Overhaul Games, que de la mano de BioWare han lanzado versiones mejoradas y ampliadas de auténticos juegazos como Baldur’s Gate, su secuela y MDK 2.

Otras veces son las mismas compañías responsables de los juegos originales las que se encargan de relanzar sus propios títulos, como ha hecho Square/ENIX hace poco con _Final Fantasy VII y VIII para PC, o la versión HD del clásico de la estrategia en tiempo real Age of Empires II. Y a veces la cosa no sale del todo bien, o las mejoras no son tan notables como quizá deberían, como le ha pasado a dos de los grandes nombres en el catálogo de los Bitmap Brothers, SpeedBall 2 y The Chaos Engine. A la relativamente reciente explosión de remakes de juegos más o menos clásicos han contribuido y mucho las tiendas virtuales de las diferentes videoconsolas. Sony, Nintendo y Microsoft han tomado por costumbre relanzar en formato descargable buena parte de sus grandes éxitos de generaciones anteriores, además de conversiones y remakes de clásicos de otras “familias” consoleras, incluyendo joyas como la reciente versión para 3DS the Ocarina of Time, quizá el capítulo más aclamado globalmente de la interminable saga protagonizada por un chaval rubito de orejas puntiagudas al que le gusta bastante vestir de color verde. Si a todo esto le sumamos las resurrecciones de sagas clásicas como XCOM o el muy próximo regreso de Wasteland con su esperadísima secuela, tenemos un buen montón de nombres con solera pululando por la actualidad videojueguil.

Pero más allá de la simple reedición más o menos mejorada de juegos ya conocidos, lo que más destaca últimamente cuando uno se pasa por Steam o cualquier otro distribuidor online de videojuegos similar es la gran cantidad de juegos independientes de inspiración claramente clásica que aparecen cada semana. Sin ir más lejos esta misma semana ha aparecido Motor Rock, un homenaje con todas las letras al mítico juego de carreras violentas para Super Nintendo Rock ‘n’ Roll Racing. Mirando unos cuantos meses atrás tenemos Legend of Grimrock, una auténtica carta de amor y añoranza a aquello juegos de rol en primera persona con movimiento en cuadrícula como Dungeon Master, Eye of the Beholder o Lands of Lore, que tantas hojas de papel milimetrado nos hicieron gastar hasta que se inventó el automapa (que por suerte Grimrock incluye). Además tenemos Evoland y su viaje a través de la historia de los juegos de rol consoleros, Retro City Rampage recordándonos muy mucho a los primeros dos capítulos de la saga Grand Theft Auto, la versión comercial de La-Mulana, que gráficos aparte está diseñado para ser igualito, igualito que aquellos juegos de plataformas con toques aventureros que los usuarios de MSX pudimos disfrutar en nuestro día, y un buen puñado más.

casa

No se trata sólo de homenajes directos, sin embargo. Muchos juegos indie han optado por imitar directamente la estética pixelada que caracteriza a los juegos para sistemas de 8 bits de los ochenta. Títulos como Hotline Miami, Hammerwatch, Anodyne o Escape Goat, por nombrar sólo a unos pocos, han hecho suyo ese look anticuado cada uno en su estilo, y en todos los casos el resultado final es sorprendentemente agradable a la vista, estés acostumbrado a esos enormes (para los estándares de hoy en día) bloques cuadrados de color o no. Hammerwatch es probablemente mi favorito hasta ahora, combinando elementos de aleatoriedad en mapas sacados directamente de los roguelikes y mezclándolos con una acción desenfrenada al más puro estilo Gauntlet. Muy, muy entretenido.

Hablando de roguelikes, éstos han sido precisamente otros de los grandes beneficiados por este boom retro que parecemos estar pasando últimamente. De ser un subgénero totalmente minoritario y confinado a complejos juegos freeware sin gráficos y de dificultad infernal (con la salvedad de Diablo, Torchlight y otros “casi roguelikes” comerciales) han pasado a estar a la orden del día. Trasteando por el catálogo de cualquier tienda online que distribuya juegos independientes, nos podemos encontrar multitud de roguelikes en su formato más puro, con la versión comercial de Tales of Maj’Eyal y el divertidísimo Dungeons of Dredmor, evoluciones más modernas de la misma idea, como el sorprendentemente famoso FTL: Faster Than Light y, más a menudo, combinados con otros géneros a los que hasta hace poco a nadie se le habría ocurrido mezclar con el mundo de las arrobas, como por ejemplo los juegos de plataformas. Ya os hablé hace casi cuatro años de Spelunky, que también ha sido relanzado comercialmente con un look renovado hace relativamente poco con gran éxito, y tras su estela también ha triunfado Rogue Legacy, que combina la aleatoriedad de los roguelikes con una aventura plataformera de lo más entretenida, un aspecto retro la mar de logrado, y unos protagonistas con habilidades de lo más variopinto y simpático, desde la flatulencia hasta la visión en blanco y negro pasando por enanismo, dislexia o simple locura.

Vamos, que entre resurrecciones más o menos afortunadas, tributos, homenajes y looks aparentemente anticuados pero que al final acaban molando mazo, hay una cosa que está clara: los clásicos siempre, siempre vuelven. Y lo hacen porque eran y son de lo mejorcito que ha dado el mundo de los videojuegos a lo largo de su cada vez más dilatada historia. Porque por muchos años que pasen, siempre será igual de divertido volver a comer cocos, reventar burbujas, matar marcianos, batir récords mundiales, explorar la última frontera o, simplemente, morir una y otra vez. Porque la calidad no tiene edad, aunque a veces haya que entornar un poco los ojos para verla detrás de esos sprites de ocho por ocho que ocupan casi media pantalla. Porque a los buenos de verdad nunca se los olvida. Igualito igualito, fijaros qué casualidad, que Libro de Notas.

Hoy es el último día tanto de LdN como de esta columna, pero estoy seguro de que al menos a la primera se la va a recordar durante mucho, mucho tiempo. Y por si a alguno se nos olvida, siempre nos queda la opción de volver la vista atrás y empezar a escarbar en los archivos, en busca de aquel artículo perdido sobre vete tú a saber qué chorrada que nos hizo pensar, o reír, o simplemente nos entretuvo durante los diez minutos que tardamos en leerlo, y que ahora nos apetece volver a recordar. LdN es un clásico con todas las letras, y como tal permanecerá para siempre en nuestro corazón, tanto de los que pusimos nuestro granito de arena en su enorme catálogo de historias, como a los que disfrutasteis (espero) con los resultados de nuestro esfuerzo. Y quién sabe, a lo mejor dentro de un tiempo a Alberto y a Marcos les entra la morriña y les da por hacer un remake con gráficos pixelados y música de 8 bits. Si es así, que sepan que pueden contar conmigo para poner la nota nostálgico-videojueguil a su futura criatura. O para lo que sea, qué narices.

Mil gracias a ambos por haber hecho posible esta retro-aventura, y muchas gracias a todos por haber buscado a Johnny Jones con nosotros durante todos estos años. Espero y deseo que al menos alguien lo haya encontrado.

Hasta la próxima.

Francisco José Palomares | 20 de diciembre de 2013

Comentarios

  1. Ramon Ramos
    2014-01-12 23:00

    Vaya!!!
    Una pena que esto se acabe. Se les extrañará.
    Un abrazo y espero volver a leerte pronto en alguna otra parte ;-)



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