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Asombros y paralajes por Alfredo Herrera Patiño

Alfredo Herrera Patiño dirige la editorial mexicana Verdehalago y escribe con asiduidad la bitácora Erratas eminentes. Asombros y paralajes intentará dar salida a los muchos asombros en los que vive desde las diversas perspectivas y lugares donde le suceden. Se publica los miércoles.

La paradoja de la terapia

Si la infancia es destino, tamaño problema para casi toda terapia. No paramos mientes muy seguido en si aquellos avatares y sin razones y sinsabores y felicidades y alegrías de la infancia crean tales caminos neuronales que, pasados los años, es punto menos que imposible desandar y destruir las rutas por do nuestras emociones transitan y divagan. Da igual si queremos remendarlos por medios farmacológicos o verbales. Habida cuenta que el cambio de personalidad, digamos, sólo se logra mediante golpes bastante contusos o trepanación certera, ¿a dónde la terapia mental? Pues, si la infancia dejó huella imborrable, creó caminos neuronales fijos, nada los cambia y, si nos los dejó, no hace falta terapia.

02 de mayo de 2007

Comentarios

  1. Candi
    2007-05-02 09:51

    ¡Bien retornado! Alegrándome. Se le echaba de menos.

    El cerebro animal cumple una función ‘utilitaria’. El cerebro humano, con sus argucias, sutilidades, fabulaciones, ceremonias, pasiones, fantasmas, dispersos en interminables laberintos, pasillos secretos de la conciencia, que a veces se anudan de un modo imposible y nos obligan a acudir en busca del gran Alejandro y su espada, la terapia.

    Saludos.

  2. Alfredo Herrera Patiño
    2007-05-09 06:22

    Pues harturas de alegría hay en mí también. Visto así, tres cerebros tenemos, el reptil, que es puro instinto, el cerebro perro, digamos, que es institnto con sentimientos básicos (que los perros sienten culpa y alegría, nadie lo duda) y el cerebro simbólico, el humano, que nos mete en cada berenjenal… Claro, es ese cerebro metafórico el que debe curarse, o enmendarse o tratarse por medio de la terapia, o partir de él para llegar a los otros dos, que en ello hay tantas variantes. Lo que sí, de Sócrates, o al menos del Sócrates platónico, a Wittgenstein, el problema es confundir las metáforas. Digamos, suponer que por la forma en que hablamos de algo ese algo es como nuestras metáforas…

    Saludos y parabienes

  3. mercedes-vigo-galicia-españa
    2007-05-12 11:44

    el problema empezo, efectivamente, con socrates…de socrates a wittgenstein… la historia de un error: los tejedores de telarañas conceptuales no se dieron cuenta de que sus conceptos que tomaban por verdades eran simples metaforas para conjurar el miedo, la inteligencia… el instinto de supervivencia del mas desvalido animal sobre la tierra. No poseia ni la fuerza, ni la velocidad… ni el tamaño, estaba desnudo y solo y por eso hizo uso de su inteligencia y de esa extraña excrecencia de la misma: la ciencia. Fin de la historia del pobre animal enfermo
    BICOS

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