Sami Naïr: “Los referendos francés y holandés lo han puesto cruelmente en evidencia. Los pueblos no están de acuerdo. Mil razones explican este desacuerdo—desde una elevada idea europea, social y universalista hasta el nacionalismo y en ocasiones la xenofobia—, pero el hecho está ahí: bastaba con leer algunos de los artículos del tratado constitucional para saber que iba a provocar chispas en determinados países. Esta ruptura no se arreglará fácilmente. Se puede prever un periodo importante de repliegue, aunque los grupos dirigentes actuales van a hacer como si no hubiese pasado nada. Van a hablar de “renegociación”, de “nueva Constitución”, pero es un juego peligroso, que puede conducir a explosiones nacionales de consecuencias imprevisibles. En realidad, el único modo de salir de esta triple crisis es, en primer lugar, asumirla y tomarse tiempo para esbozar la idea del futuro europeo. Lo que hoy necesitan las poblaciones es un verdadero proyecto común europeo, centrado en la idea de que Europa no es un sacrificio, sino un bien; no una antinación, sino un lugar donde las diferencias nacionales alcanzan su expansión; no una máquina que destruye los vínculos sociales, sino un progreso social; una potencia independiente capaz de actuar en el mundo y no un enano político. Está claro que las élites dirigentes de la Europa de hoy son incapaces de ofrecer este proyecto. Las sociedades civiles europeas deben hacerlo suyo y, a través de un debate serio, abrir las vías para la formación de una verdadera opinión pública europea. Desde luego, no es suficiente, pero es el primer paso para reconciliar Europa con sus pueblos.” Las tres crisis de Europa.