Siempre pasa lo mismo. Dices que no a algo, y un montón de gente se echa las manos a la cabeza como si no hubiera alternativas, como si algunas de esas alternativas no fueran mucho mejores, como si el fin del mundo conocido estuviese a la vuelta de la esquina. Es lo que ha pasado con los dos últimos referéndums sobre el nuevo tratado europeo (llamado constitución por pura demagogia). Aparte de escribir una verdadera constitución, todavía queda mucho por hacer. Rafael Fernández: “La Unión Europea tiene sus luces y sus sombras. El exagerado ritmo impuesto a la ampliación y la posible integración de la ajena y conflictiva Turquía podrían desequilibrar fatalmente la estructura comunitaria. La falta de respuesta a problemas como la inmigración irrestricta o la delincuencia organizada y las dudas más que razonables sobre la viabilidad futura del llamado Estado de solidaridad han generado rechazo en franceses y holandeses. No son los únicos europeos que hoy piensan así.” Repensar Europa.