Siempre me ha molestado esa gente que se impacienta porque se habla del tiempo, del clima. Hablar del tiempo sirve como puente para establecer la comunicación con otras personas. Puede que luego esa comunicación no exista, pero sí que se ha hecho el intento. Francisco Bejarano escribe una columna sobre el tiempo, y a mí me da la impresión de que se trata precisamente de una invitación a la conversación: ” No podemos dejar pasar junio sin disfrutarlo. Ningún momento del año tendrá su plenitud. Habrá otros meses, otros días, otros instantes quizá mejores a nuestro parecer, pero nunca serán tan espléndidos como junio, tan generoso en frutos y en verdores. Es más, el día del solsticio de verano es el mismo del comienzo de la decadencia de un imperio que dura un año. El 21 de junio se anuncia la invasión de los bárbaros. La plebe prepara el equipaje, calculan dónde abandonarán a sus perros y tienen previsto en qué lugar de la costa se acatetarán durante los dos meses siguientes, a qué país exótico van a viajar para volver igual de ignorantes que partieron. El verano de España, sobre todo el del sur, es tiempo de bárbaros, de aturdimiento y de ruidos, todo lo contrario de lo que debe ser el verano.” Junio.