El hecho de que la Unión Europea no tuviese un plan B por si se diese un caso como el de Francia da una buena idea de sobre qué estamos hablando; sobre todo cuando lo de Francia no es un hecho aislado ni mucho menos: un abrumador NO en Holanda, e imagínense ustedes cuál será el resultado de consultarse en Inglaterra. Ya escuché a algún alto representante de Europa decir que habría que esperar un tiempo y volver a llamar a referendum a los franceses: a ver si la máquina propagandística consiguió ya comerles el coco. Todo sumado nos habla claramente de que no hay, en estos momentos, un proyecto europeo serio y consistente. Ni siquiera tiene sentido que continúe el proceso de ratificación. La esperanza es que este franazo en seco provoque un radical cambio de estructuras, de modos y de estilos que encaminen a Europa a una auténtica Unión.