Hace mil años, en México, poníamos las botellas de refrescos a contraluz para ver si había algo en ellas aparte del refresco, un dedo por ejemplo. Siempre se oían historias de que alguien había encontrado algo en una botella cuando ya se había bebido la mitad. Y no son sólo historias, es la realidad. La comida prefabricada debe pasar por máquinas por las que también, de vez en cuando, pasa alguna extremidad de un operario. Enildo Iglesias: “La tradicional fábrica peruana de galletitas y golosinas Arturo Field es actualmente propiedad de la transnacional Kraft Foods, un eslabón dentro del conglomerado Philip Morris. Hace unos meses la fábrica de Kraft en Lima aumentó considerablemente la velocidad de sus máquinas y las compañeras que trabajan en el empaquetado comenzaron a experimentar la sensación de que sus dedos y sus manos se les “duermen”. Se trata de la primera manifestación de las LER. Para Kraft del Perú los negocios marchan muy bien, en el primer trimestre del año exportó galletas a Ecuador, Colombia, Haití, República Dominicana, Chile, Panamá, Guatemala y Venezuela por 1 millón 487 mil dólares. Junto a esas galletas, los consumidores de los referidos países—sin percibirlo—están comiendo trocitos de los dedos y brazos de las trabajadoras. Completando el cuadro, este año Kraft le comunicó a sus trabajadores que debido a sus dificultades (¿?) no podrá dar cumplimiento al reparto de utilidades.” Todos somos caníbales.