Joan de Sagarra: “No tardó en convertirse en la mayor autoridad gastronómica del país y en 1928 fundó la Académie des Gastronomes, a imagen y semejanza de la Acadèmie Française, compuesta por cuarenta miembros, que él presidía sentado en el sillón que llevaba el nombre de su ídolo, Jean-Anthelme Brillat-Savarin. Sólo hacía una comida al día. Se levantaba a las tres o las cuatro de la tarde, se desayunaba un huevo pasado por agua y un vaso de leche, recibía a sus visitas y luego aguardaba a sus acólitos para el ritual de la cena. Tenía mesa reservada en 80 restaurantes de París. En cada una de esas mesas había una placa en la que podía leerse: ‘Reservada a Maurice Edmond Saillant Curnonsky, príncipe electo de los gastrónomos, defensor de la cocina francesa e invitado de honor de este establecimiento’. ¿Qué cenaba? Pues empezaba con un fricandó, seguido de unas quenelles de brochet (lucio) mousseline, y un gigot d´agneau aux flagolets . ¿Para beber? Dos botellas de Sancerre frappé y una de Pommard, excelente.” ¡Ñam, ñam!.