La sencillez de la cotidianidad y la exquisitez de lo sublime se encuentra en un mismo plato: un par de huevos fritos; así en pareja, porque uno siempre sabe a poco, y se quiere más. A mí me gustan con la yema poco hecha y con la clara bien cuajadita y tostadita por los bordes, acompañados de patatas fritas y de una buena ración de pan [preferiblemente de leña], para mojar y rechupetear. No hay nada como un par de huevos fritos dice Luis Ignacio Parada y en este tema será difícil no darle la razón. Tanta mousse de aire y espumas con sabor a mar tenían a la mayoría de creadores gastronómicos alejados de la realidad y del mercado; el reciente Foro Gastronómico de Madrid, ha recuperado parte del sentido de la cocina del día a día, en una especie de homenaje al huevo frito.